Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Modelo de referencia para políticas de IA en el sector público de América Latina y el Caribe

    Modelo de referencia para políticas de IA en el sector público de América Latina y el Caribe

    La inteligencia artificial se consolida como una herramienta estratégica para transformar la gestión pública en América Latina y el Caribe, debido a que permite mejorar la eficiencia operativa, optimizar procesos y fortalecer la toma de decisiones basada en datos. En este sentido, su incorporación en el sector público requiere la definición de políticas que orienten su desarrollo, implementación y uso de manera estructurada. Asimismo, el diseño de políticas en torno a esta tecnología implica la definición de marcos de gobernanza que regulen el uso de datos, la transparencia en los algoritmos y la rendición de cuentas. De igual manera, la gestión adecuada de la información se posiciona como un elemento central, en la medida en que es necesario garantizar la calidad, seguridad y accesibilidad de los datos utilizados en los sistemas de inteligencia artificial.

     

     

    Por otra parte, el fortalecimiento de capacidades institucionales constituye un componente determinante dentro de este proceso. En efecto, la adopción de estas tecnologías requiere personal capacitado, estructuras organizacionales adaptadas y procesos que faciliten la integración de soluciones basadas en datos. En consecuencia, la formación y el desarrollo de habilidades técnicas permiten aprovechar de manera más eficiente el potencial de la inteligencia artificial en diferentes áreas de la gestión pública. Al mismo tiempo, la implementación de estas herramientas plantea desafíos relacionados con la ética y la confianza, debido a que el uso de algoritmos en la toma de decisiones públicas exige mecanismos que aseguren la equidad, eviten sesgos y permitan una supervisión adecuada de los resultados. Por ende, la transparencia en los procesos se convierte en un factor determinante para garantizar la aceptación de estas tecnologías.

     

     

    En la misma línea, el desarrollo de políticas efectivas implica la articulación entre distintos actores, incluyendo entidades gubernamentales, sector privado, academia y organismos internacionales. De esta forma, dicha coordinación permite aprovechar conocimientos, recursos y experiencias que facilitan la implementación de soluciones adaptadas a las necesidades de la región. Adicionalmente, la inteligencia artificial puede aplicarse en múltiples áreas del sector público, como la planificación de políticas, la gestión de servicios, la optimización de recursos y la mejora en la atención a la ciudadanía, lo que a su vez contribuye a incrementar la eficiencia y elevar la calidad de los servicios ofrecidos. En este contexto, la regulación adquiere un rol determinante, puesto que establece límites y condiciones para su uso, mientras que la creación de marcos normativos claros permite reducir la incertidumbre y promover la innovación de manera responsable.

     

     

    Finalmente, la infraestructura tecnológica constituye otro elemento relevante, considerando que la disponibilidad de sistemas adecuados, la capacidad de procesamiento y el acceso a datos son condiciones necesarias para el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial. En consecuencia, la inversión en estos aspectos facilita la adopción de estas herramientas. De manera complementaria, el monitoreo y la evaluación de las iniciativas permiten medir su impacto y ajustar las estrategias en función de los resultados obtenidos, mientras que la utilización de indicadores adecuados facilita la identificación de avances y áreas de mejora.

    Para leer más ingrese a:

    https://publications.iadb.org/es/modelo-de-referencia-para-politicas-de-ia-en-el-sector-publico-de-america-latina-y-el-caribe

    https://publications.iadb.org/es/publications/spanish/viewer/Modelo-de-referencia-para-politicas-de-IA-en-el-sector-publico-de-America-Latina-y-el-Caribe.pdf

  • Implementing the OECD Framework for Industry’s Net‑Zero Transition in Egypt

    Implementing the OECD Framework for Industry’s Net‑Zero Transition in Egypt

    Egipto está avanzando hacia una transformación energética e industrial orientada a la descarbonización, impulsada tanto por compromisos climáticos internacionales como por la necesidad de fortalecer su competitividad económica en mercados globales cada vez más exigentes en materia ambiental. Aunque el país representa una pequeña proporción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, ha establecido metas ambiciosas relacionadas con expansión de energías renovables, modernización industrial y reducción de emisiones dentro de su estrategia climática de largo plazo. Bajo esta visión, el hidrógeno bajo en carbono emerge como un componente estratégico para diversificar la economía, atraer inversión extranjera y reducir la dependencia de procesos industriales intensivos en combustibles fósiles. A partir de esta perspectiva, el país busca posicionarse como un centro regional de exportación de hidrógeno verde y sus derivados, aprovechando su ubicación geográfica, sus recursos solares y eólicos y la creciente demanda internacional de combustibles y productos industriales con bajas emisiones. Sin embargo, las aspiraciones de liderazgo energético conviven con importantes limitaciones estructurales relacionadas con inflación elevada, volatilidad macroeconómica, presión sobre las finanzas públicas y altos costos de financiamiento. Además, persisten riesgos asociados a fluctuaciones cambiarias, dependencia de importaciones energéticas y dificultades para movilizar inversiones de gran escala necesarias para desarrollar infraestructura de producción, transmisión y exportación vinculada al hidrógeno verde.

    Dentro de este escenario, la transición energética egipcia requiere reformas financieras e institucionales capaces de mejorar las condiciones de inversión y aumentar la viabilidad económica de proyectos de hidrógeno bajo en carbono. Aunque Egipto ha implementado incentivos regulatorios, programas de financiamiento sostenible y mecanismos de atracción de capital internacional, los costos de producción continúan siendo significativamente superiores frente a alternativas basadas en combustibles fósiles. Debido a ello, se plantea la necesidad de combinar instrumentos financieros, subsidios de capital, préstamos concesionales y mecanismos de mitigación de riesgos que permitan cerrar las brechas de competitividad y reducir incertidumbres para inversionistas. Asimismo, la creación de contratos de diferencia y garantías de compra adquiere relevancia para asegurar demanda estable y disminuir exposición a volatilidad de mercado. Paralelamente, el fortalecimiento de infraestructura compartida, redes eléctricas, sistemas de transmisión y mercados de energía renovable se convierte en un requisito indispensable para ampliar la escala de producción y reducir costos operativos. Estas transformaciones también implican revisar marcos regulatorios relacionados con acceso a redes, tarifas de transmisión y coordinación entre instituciones públicas encargadas del desarrollo energético e industrial. Mientras el país intenta consolidar un ecosistema favorable para tecnologías limpias, también necesita construir capacidades locales en manufactura, formación técnica y cadenas de suministro que permitan reducir dependencia de importaciones tecnológicas y aumentar el valor agregado nacional asociado a la nueva economía del hidrógeno.

    Al mismo tiempo, la estructura energética egipcia continúa fuertemente dominada por gas natural y petróleo, situación que refleja tanto la disponibilidad histórica de recursos fósiles como el rápido crecimiento de la demanda energética derivado de expansión poblacional e industrial. Aunque el país ha incrementado progresivamente su capacidad renovable mediante proyectos solares, eólicos e hidroeléctricos, el crecimiento de estas fuentes todavía resulta insuficiente para desplazar de manera significativa el uso de combustibles fósiles dentro de la generación eléctrica y de sectores industriales intensivos en energía. La industria egipcia, especialmente las actividades relacionadas con fertilizantes, petroquímica, acero y cemento, mantiene elevados niveles de consumo energético y emisiones de carbono, consolidándose como uno de los sectores prioritarios para procesos de descarbonización. Además, gran parte de la producción actual de hidrógeno proviene de gas natural mediante procesos altamente emisores, lo que incrementa la presión para sustituir progresivamente el hidrógeno gris por alternativas verdes alimentadas con energías renovables. Esta necesidad adquiere mayor importancia frente al surgimiento de mecanismos internacionales como el ajuste de carbono en frontera de la Unión Europea, los cuales podrían afectar la competitividad de exportaciones industriales intensivas en emisiones. Bajo estas condiciones, avanzar hacia procesos industriales más limpios deja de ser únicamente una meta ambiental y se transforma también en una estrategia económica vinculada con acceso a mercados internacionales y mantenimiento de ventajas comerciales.

    Frente a estas dinámicas, Egipto está promoviendo una agenda más amplia de cooperación internacional, financiamiento climático y modernización institucional orientada a sostener su transición energética de largo plazo. La articulación entre organismos nacionales, bancos multilaterales, inversionistas internacionales y empresas privadas ha permitido movilizar recursos significativos para proyectos renovables, infraestructura energética y producción de hidrógeno verde. Además, programas integrados relacionados con agua, energía, transporte y alimentos buscan coordinar inversiones climáticas bajo enfoques más amplios de sostenibilidad económica y resiliencia. Sin embargo, la magnitud de la transformación requerida todavía enfrenta obstáculos asociados a deuda pública, limitaciones del sistema financiero local y elevada percepción de riesgo país. A medida que aumentan las necesidades de infraestructura y financiamiento, también se vuelve necesario fortalecer capacidades institucionales capaces de coordinar proyectos complejos, garantizar estabilidad regulatoria y generar confianza para inversiones de largo plazo. Del mismo modo, la transición energética plantea desafíos sociales y laborales vinculados con reconversión productiva, generación de empleo y distribución de beneficios derivados de nuevas industrias verdes. Bajo esta perspectiva, el desarrollo del hidrógeno bajo en carbono aparece no solo como una oportunidad tecnológica y ambiental, sino también como una estrategia orientada a redefinir la estructura industrial y energética egipcia dentro de un contexto internacional marcado por descarbonización, competencia geoeconómica y transformación de los mercados energéticos globales.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/implementing-the-oecd-framework-for-industry-s-net-zero-transition-in-egypt_bd49ae2e-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/01/implementing-the-oecd-framework-for-industry-s-net-zero-transition-in-egypt_a1444948/bd49ae2e-en.pdf

  • Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2026

    Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2026

    La evolución de los ingresos tributarios en América Latina y el Caribe refleja las tensiones económicas, sociales y fiscales que atraviesa la región en un contexto marcado por bajo crecimiento económico, alta vulnerabilidad externa y persistentes desigualdades estructurales. Aunque varios países lograron aumentar sus ingresos fiscales durante 2024, el comportamiento regional mostró importantes diferencias asociadas tanto a reformas tributarias como a fluctuaciones en los precios internacionales de materias primas, niveles de inflación y desempeño económico interno. El promedio regional de ingresos tributarios alcanzó 21.7% del PIB, cifra todavía considerablemente inferior al promedio de los países de la OCDE, evidenciando limitaciones históricas en la capacidad recaudatoria de los Estados latinoamericanos y caribeños. Además, las variaciones entre países continúan siendo amplias: mientras economías como Brasil, Barbados y Jamaica registran niveles relativamente altos de presión tributaria, otras como Guyana, Panamá y Guatemala mantienen proporciones mucho menores. Estas diferencias no dependen únicamente del tamaño de las economías, sino también de factores institucionales, estructura productiva, informalidad laboral, capacidad administrativa y decisiones políticas relacionadas con el papel del Estado dentro de la economía. A medida que aumentan las demandas sociales vinculadas con pobreza, infraestructura, salud y protección social, los gobiernos enfrentan crecientes dificultades para ampliar el espacio fiscal disponible y sostener programas públicos de largo plazo.

    Dentro de este escenario, la estructura tributaria regional continúa dependiendo principalmente de impuestos al consumo, especialmente del impuesto al valor agregado y otros gravámenes sobre bienes y servicios. Esta característica distingue a América Latina y el Caribe frente a economías desarrolladas donde los impuestos sobre ingresos personales y contribuciones sociales poseen una participación mucho mayor. Aunque los impuestos al consumo han permitido fortalecer la recaudación durante las últimas décadas, también generan debates relacionados con progresividad, distribución del ingreso y capacidad redistributiva de los sistemas fiscales. Al mismo tiempo, los ingresos provenientes de impuestos corporativos muestran alta sensibilidad frente a cambios en precios internacionales de petróleo, gas y minerales, situación especialmente visible en economías dependientes de recursos naturales. Durante 2024, varios países experimentaron caídas en ingresos corporativos debido a menores precios energéticos y reducciones en la actividad extractiva, particularmente en Trinidad y Tobago y Colombia. Entretanto, otros países lograron incrementos importantes mediante reformas fiscales orientadas a ampliar bases gravables, modificar tasas impositivas o fortalecer mecanismos de control tributario. Brasil, por ejemplo, avanzó en reformas orientadas a simplificar impuestos al consumo y aumentar la eficiencia del sistema, mientras Barbados adaptó su tributación corporativa a estándares internacionales vinculados con acuerdos fiscales globales. Estas transformaciones muestran cómo las políticas tributarias regionales están siendo influenciadas tanto por necesidades internas de financiamiento como por nuevas dinámicas económicas internacionales.

    Asimismo, la evolución histórica de los ingresos tributarios evidencia un proceso gradual de fortalecimiento fiscal desde la década de 1990, periodo en el que numerosos países impulsaron reformas orientadas a estabilizar economías afectadas previamente por inflación elevada, desequilibrios fiscales y crisis macroeconómicas. La expansión del IVA representó una de las transformaciones más significativas de las últimas décadas, acompañada por mejoras administrativas, digitalización de sistemas tributarios y modernización institucional. Sin embargo, pese a estos avances, persisten obstáculos estructurales que limitan la capacidad recaudatoria regional. La informalidad laboral continúa reduciendo significativamente la base tributaria, mientras la evasión y elusión fiscal generan pérdidas equivalentes a varios puntos del PIB regional. Además, numerosos países mantienen amplios esquemas de exenciones e incentivos tributarios cuya efectividad económica resulta discutida y que, en muchos casos, erosionan el potencial recaudatorio sin producir beneficios proporcionales en inversión o productividad. A esto se suman debilidades institucionales relacionadas con corrupción, baja confianza ciudadana y limitada cultura tributaria, factores que afectan la disposición social al cumplimiento fiscal. Aunque algunos países han conseguido avances importantes en cobertura de seguridad social y fortalecimiento de administraciones tributarias, las diferencias regionales continúan siendo profundas tanto en eficiencia recaudatoria como en capacidad redistributiva.

    Bajo estas condiciones, los sistemas fiscales latinoamericanos enfrentan el desafío de adaptarse a nuevas exigencias económicas, sociales y ambientales sin profundizar desequilibrios existentes. La necesidad de financiar transición energética, protección social, infraestructura y políticas de reducción de pobreza exige estructuras tributarias más sólidas, progresivas y sostenibles. Además, el aumento de la deuda pública y de los costos asociados al servicio de la deuda limita considerablemente el margen de maniobra de muchos gobiernos. Debido a ello, las reformas fiscales adquieren una dimensión estratégica vinculada no solo con aumento de ingresos, sino también con legitimidad institucional y cohesión social. A medida que las economías de la región buscan fortalecer productividad y crecimiento inclusivo, también requieren pactos fiscales más amplios capaces de sostener apoyo político y confianza ciudadana alrededor de los procesos de reforma. Del mismo modo, la creciente presión internacional relacionada con sostenibilidad ambiental y transición verde está impulsando discusiones sobre impuestos ambientales, incentivos para descarbonización y mecanismos fiscales asociados al cambio climático. Bajo esta perspectiva, la política tributaria deja de ser exclusivamente un instrumento de financiamiento estatal y pasa a convertirse en una herramienta orientada a promover desarrollo económico, reducción de desigualdades y transformación estructural de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/revenue-statistics-in-latin-america-and-the-caribbean-2026_2f21f131-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/05/revenue-statistics-in-latin-america-and-the-caribbean-2026_436209c8/2f21f131-en.pdf

  • Disability, Work and Inclusion in Croatia: Coherent Assessments and Stronger Pathways to Work

    Disability, Work and Inclusion in Croatia: Coherent Assessments and Stronger Pathways to Work

    La inclusión social y laboral de las personas con discapacidad en Croacia refleja profundas desigualdades estructurales que afectan el acceso al empleo, la educación y las condiciones de vida. Aunque el país ha impulsado reformas institucionales y programas orientados a fortalecer los derechos de esta población, persisten amplias brechas frente al resto de la sociedad y frente a otros países europeos. La pobreza entre personas con discapacidad continúa aumentando, impulsada principalmente por niveles extremadamente bajos de participación laboral. Mientras el empleo de la población sin discapacidad ha mostrado mejoras sostenidas durante los últimos años, las tasas de ocupación de las personas con discapacidad permanecen estancadas e incluso han retrocedido recientemente. Esta situación produce efectos acumulativos sobre ingresos, autonomía y participación social, generando escenarios donde amplios sectores de la población dependen de transferencias y apoyos estatales sin lograr integrarse plenamente al mercado de trabajo. Además, la exclusión laboral no puede entenderse de forma aislada, debido a que también está vinculada con barreras educativas persistentes, dificultades de acceso a formación continua y procesos de discriminación que limitan las oportunidades de desarrollo personal y profesional desde etapas tempranas de la vida.

    A su vez, el sistema de evaluación de discapacidad y capacidad laboral presenta problemas de fragmentación institucional, demoras administrativas y metodologías excesivamente centradas en criterios médicos. Las evaluaciones continúan dependiendo principalmente de diagnósticos clínicos y porcentajes de deterioro físico, dejando en segundo plano el análisis real de las capacidades funcionales, el entorno social y las posibilidades efectivas de participación laboral. Esta lógica genera inconsistencias entre instituciones, procedimientos repetitivos y decisiones poco homogéneas respecto al acceso a beneficios, rehabilitación y apoyos sociales. Además, las largas listas de espera dificultan intervenciones tempranas y reducen las probabilidades de reincorporación laboral, especialmente cuando las personas atraviesan periodos prolongados de inactividad. Las limitaciones del sistema resultan todavía más evidentes frente al aumento de condiciones asociadas a salud mental, cuyos impactos funcionales suelen ser subestimados por mecanismos de evaluación tradicionales. Mientras las solicitudes de valoración continúan creciendo, particularmente tras reformas recientes que ampliaron beneficios sociales, las instituciones encargadas enfrentan escasez de personal especializado y una sobrecarga administrativa cada vez mayor. Debido a ello, muchas personas deben esperar largos periodos para acceder a apoyos económicos, programas de rehabilitación o decisiones sobre su situación laboral.

    Asimismo, las dificultades de inclusión también se relacionan con la persistencia de barreras culturales y sociales que condicionan la percepción de la discapacidad dentro del entorno educativo y laboral. Aunque Croacia ratificó la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad e introdujo reformas destinadas a fortalecer la rehabilitación profesional y promover incentivos de contratación, los resultados todavía muestran avances limitados. Las personas con discapacidad continúan registrando bajos niveles de educación secundaria y superior, situación que restringe considerablemente sus oportunidades laborales posteriores. Mientras otros países europeos han reducido progresivamente las diferencias educativas, en Croacia las brechas permanecen amplias y estables a lo largo del tiempo. Esta realidad contribuye al mantenimiento de altos niveles de desempleo y dependencia económica, especialmente entre quienes enfrentan limitaciones funcionales más severas o trayectorias educativas interrumpidas. Además, muchos empleadores todavía mantienen percepciones negativas frente a la contratación de personas con discapacidad, lo que reduce las posibilidades de inserción laboral incluso cuando existen incentivos estatales o esquemas de apoyo institucional. Bajo estas condiciones, la inclusión efectiva requiere transformaciones más profundas que superen la simple asignación de beneficios y promuevan entornos educativos y laborales realmente accesibles.

    Frente a este panorama, se vuelve necesario avanzar hacia un enfoque integral basado en prevención, intervención temprana y evaluación funcional centrada en las capacidades reales de las personas. La incorporación de metodologías internacionales orientadas a medir desempeño cotidiano, autonomía y participación social permitiría construir procesos de valoración más objetivos y menos dependientes de criterios exclusivamente médicos. Del mismo modo, fortalecer la coordinación entre instituciones encargadas de salud, empleo, protección social y rehabilitación contribuiría a reducir duplicidades administrativas y facilitar trayectorias de apoyo más continuas. También resulta necesario ampliar la capacidad de los programas de rehabilitación profesional y mejorar los mecanismos de transición entre educación, formación y empleo. A medida que aumentan las demandas sociales y laborales relacionadas con inclusión y diversidad, las políticas públicas requieren enfoques más preventivos capaces de identificar tempranamente riesgos de exclusión y promover respuestas adaptadas a distintas condiciones de discapacidad. Bajo esta perspectiva, la construcción de sistemas más inclusivos no depende únicamente de reformas administrativas, sino también de cambios sociales orientados a reducir estigmas, ampliar oportunidades educativas y garantizar condiciones laborales más equitativas para toda la población.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/disability-work-and-inclusion-in-croatia_bb395574-en.html

  • Responsible Business Conduct for a Just Transition: Protecting Workers, Communities and Consumers in the Low‑Carbon Transition

    Responsible Business Conduct for a Just Transition: Protecting Workers, Communities and Consumers in the Low‑Carbon Transition

    La transición hacia una economía baja en carbono está transformando de manera acelerada la organización productiva, los mercados laborales y las dinámicas de inversión a escala global. Aunque este proceso abre oportunidades relacionadas con innovación tecnológica, creación de nuevos empleos y fortalecimiento de sistemas energéticos más sostenibles, también expone profundas tensiones sociales cuando las transformaciones se implementan sin considerar sus efectos sobre trabajadores, comunidades y consumidores. Las actividades asociadas a la descarbonización pueden provocar pérdida de empleos en industrias intensivas en carbono, desplazamiento de actividades económicas locales, aumento en costos de bienes esenciales y presiones sobre poblaciones que dependen de sectores tradicionales para subsistir. A esto se suma el impacto territorial derivado de nuevas infraestructuras energéticas, extracción de minerales estratégicos y expansión de proyectos renovables en regiones con alta vulnerabilidad económica o social. De esta manera, la transición energética deja de ser únicamente un asunto ambiental y pasa a involucrar dimensiones económicas, laborales, culturales y políticas que requieren estrategias integradas y sostenidas en el tiempo. Bajo este panorama, las empresas adquieren responsabilidades más amplias, vinculadas no solo con la reducción de emisiones, sino también con la prevención de daños sociales asociados a sus decisiones corporativas, inversiones y procesos de transformación productiva.

    Frente a estas exigencias, surge la necesidad de incorporar enfoques de conducta empresarial responsable capaces de conectar los objetivos climáticos con medidas de protección social y desarrollo territorial. Sin embargo, muchas organizaciones todavía gestionan sus planes de transición desde perspectivas fragmentadas, donde los asuntos ambientales y financieros reciben prioridad mientras las implicaciones sociales quedan relegadas a etapas posteriores. Esta desconexión se manifiesta en estructuras internas poco coordinadas, ausencia de indicadores sociales claros, diferencias conceptuales entre áreas corporativas y limitaciones para integrar riesgos humanos dentro de la planificación estratégica. Además, la mayoría de compañías aún presenta bajos niveles de implementación efectiva de políticas de transición justa, incluso cuando el discurso empresarial incorpora cada vez más referencias a sostenibilidad y responsabilidad social. Debido a ello, se plantea la importancia de desarrollar estrategias corporativas integradas que articulen decisiones ambientales, económicas y sociales desde el inicio de la transición. Esto implica fortalecer mecanismos de coordinación entre áreas técnicas, financieras, jurídicas y de sostenibilidad, además de establecer liderazgos directivos comprometidos con metas de transformación más amplias. A la vez, se vuelve necesario construir sistemas de seguimiento capaces de evaluar efectos sobre empleo, acceso a servicios esenciales, bienestar comunitario y condiciones laborales. Conforme las empresas avanzan hacia modelos productivos descarbonizados, también deben revisar sus políticas de contratación, capacitación y reconversión laboral, promoviendo oportunidades de adaptación para trabajadores afectados por el cierre o transformación de actividades tradicionales.

    Asimismo, la transición energética presenta impactos profundamente diferenciados según el contexto territorial y las características económicas de cada región. Las zonas altamente dependientes de industrias extractivas o actividades intensivas en carbono enfrentan mayores riesgos de desempleo, pérdida de ingresos y debilitamiento de economías locales. De manera similar, comunidades con baja diversificación productiva, escasa protección social o instituciones débiles poseen menos capacidad para absorber cambios abruptos. Bajo estas circunstancias, las evaluaciones convencionales centradas únicamente en proyectos individuales resultan insuficientes para comprender los efectos acumulativos que pueden surgir cuando múltiples empresas transforman simultáneamente sus operaciones. Por ello, se plantea la necesidad de adoptar enfoques territoriales que incorporen análisis de impactos acumulativos, mapeo de capacidades laborales, condiciones sociales preexistentes y relaciones culturales con el territorio. Esta perspectiva adquiere especial relevancia en comunidades indígenas y poblaciones rurales donde los proyectos vinculados a energías renovables, minería estratégica o nuevas infraestructuras pueden afectar tierras, medios de subsistencia y patrimonio cultural. Del mismo modo, la transición puede ampliar desigualdades cuando el acceso a tecnologías limpias y servicios energéticos permanece condicionado por ingresos o ubicación geográfica. Bajo estas condiciones, la participación activa de actores locales se convierte en un componente indispensable para comprender necesidades específicas y prevenir conflictos derivados de decisiones corporativas tomadas sin suficiente diálogo social.

    A partir de estas dinámicas, la participación significativa de trabajadores, sindicatos, consumidores y comunidades adquiere una dimensión determinante dentro de las estrategias de transición. Los procesos de consulta permiten identificar riesgos, construir confianza y diseñar respuestas más ajustadas a las realidades sociales de cada territorio. Sin embargo, los intereses de los distintos grupos afectados suelen entrar en tensión, debido a que algunos priorizan estabilidad laboral, mientras otros exigen reducción acelerada de emisiones o protección ambiental más estricta. Ante este escenario, las empresas necesitan mecanismos transparentes para gestionar prioridades y justificar decisiones cuando no es posible satisfacer simultáneamente todas las demandas sociales. Además, la magnitud de la transformación energética exige acciones colectivas entre gobiernos, empresas, organizaciones sociales e instituciones financieras. La reconversión laboral, la diversificación económica regional y la protección del acceso a bienes esenciales superan ampliamente la capacidad de actuación individual de las compañías. Por esta razón, se promueve el desarrollo de alianzas multisectoriales, esquemas de financiamiento compartido y modelos de distribución de beneficios que permitan reducir desigualdades y ampliar la aceptación social de los proyectos de transición. Igualmente, cobra relevancia la manera en que las empresas abandonan determinadas actividades económicas, considerando que cierres abruptos o desinversiones desordenadas pueden generar daños persistentes sobre comunidades enteras. Bajo esta lógica, la transición hacia economías bajas en carbono requiere procesos graduales, participativos y socialmente responsables que articulen sostenibilidad ambiental con justicia social y estabilidad económica.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/responsible-business-conduct-for-a-just-transition_ea041d32-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/05/responsible-business-conduct-for-a-just-transition_28d9fe9e/ea041d32-en.pdf

     

  • Climate Finance Provided and Mobilised by Developed Countries in 2013-2024

    Climate Finance Provided and Mobilised by Developed Countries in 2013-2024

    La financiación climática internacional se ha consolidado como un componente central dentro de la transición hacia economías más resilientes y bajas en carbono, aunque su distribución continúa mostrando fuertes desigualdades regionales y estructurales. Entre 2016 y 2024, Asia concentró la mayor proporción de recursos movilizados, aunque África incrementó progresivamente su participación debido a la creciente exposición climática y a las necesidades de adaptación en economías vulnerables. Los Países Menos Adelantados y los Pequeños Estados Insulares recibieron mayores volúmenes de financiamiento respecto a años anteriores, especialmente en proyectos de adaptación, donde la infraestructura resiliente, la gestión del agua y la protección frente a eventos extremos adquirieron mayor relevancia. Sin embargo, la estructura financiera evidencia una dependencia significativa de recursos públicos y subvenciones, debido a las dificultades que enfrentan estos países para atraer capital privado. Mientras las economías desarrolladas buscan ampliar la movilización financiera hacia metas climáticas globales, persisten diferencias relacionadas con capacidad institucional, percepción de riesgo y profundidad de los mercados financieros locales. Además, el aumento de fenómenos climáticos extremos y las presiones sobre sostenibilidad económica incrementan la necesidad de mecanismos financieros más flexibles y accesibles para países con menores capacidades de adaptación.

    A medida que crecen los compromisos internacionales sobre mitigación y adaptación, también se ha expandido la complejidad metodológica utilizada para contabilizar la financiación climática. El sistema incorpora financiamiento bilateral, aportes multilaterales, créditos oficiales a la exportación y capital privado movilizado mediante intervenciones públicas. Esta arquitectura busca medir con mayor precisión los flujos dirigidos hacia proyectos climáticos en países en desarrollo, diferenciando el origen de los recursos y los instrumentos utilizados. Asimismo, organismos multilaterales como bancos de desarrollo y fondos climáticos desempeñan una función cada vez más amplia en la canalización de recursos, aunque parte de su financiamiento proviene tanto de países desarrollados como de economías emergentes. Esto obliga a aplicar metodologías de atribución para calcular qué proporción de los recursos puede considerarse efectivamente aportada por países desarrollados dentro de las metas internacionales. Paralelamente, el fortalecimiento del marco de transparencia asociado al Acuerdo de París ha incrementado los requerimientos de reporte y trazabilidad, generando mayores tiempos de procesamiento y validación de datos. La evolución de estas metodologías refleja no solo una necesidad técnica de precisión estadística, sino también tensiones políticas relacionadas con responsabilidad financiera, equidad internacional y cumplimiento de compromisos climáticos globales.

    Además, la movilización de capital privado se ha convertido en una prioridad creciente frente a la magnitud de recursos requeridos para cerrar las brechas de financiamiento climático. Los mecanismos utilizados incluyen préstamos sindicados, garantías, líneas de crédito, fondos de inversión y esquemas de cofinanciación orientados a mejorar las condiciones de riesgo-retorno para inversionistas privados. No obstante, medir adecuadamente el impacto de estas intervenciones continúa siendo complejo, especialmente cuando múltiples entidades públicas participan simultáneamente en un mismo proyecto. Para evitar dobles contabilizaciones, las metodologías internacionales asignan proporciones específicas según el rol financiero de cada institución y el tipo de instrumento utilizado. Entretanto, comenzó a consolidarse una discusión más amplia sobre el concepto de financiamiento catalizado, entendido como aquellas intervenciones públicas que generan condiciones favorables para inversiones privadas futuras, incluso cuando no existe una movilización inmediata y directa de capital. Este enfoque reconoce que muchas acciones relacionadas con asistencia técnica, fortalecimiento institucional o reformas regulatorias pueden producir efectos indirectos sobre las decisiones de inversión en horizontes de mediano plazo. De esta manera, la discusión sobre financiamiento climático ya no se limita únicamente a transferencias financieras visibles, sino también a la capacidad de transformar ecosistemas económicos y regulatorios para acelerar inversiones sostenibles.

    Al mismo tiempo, la expansión de los mecanismos financieros climáticos refleja una reconfiguración más amplia de la arquitectura internacional del desarrollo. Las instituciones multilaterales incrementaron su participación mediante esquemas híbridos capaces de combinar capital público, financiamiento concesional y recursos provenientes de mercados financieros. Este proceso amplió la capacidad de movilización, aunque también introdujo debates sobre transparencia, atribución de responsabilidades y efectividad real de los recursos comprometidos. Mientras algunos países continúan demandando mayores volúmenes de financiamiento concesional y subvenciones, los actores multilaterales promueven modelos orientados a catalizar inversión privada y fortalecer mercados sostenibles. Asimismo, la incorporación de métricas más sofisticadas para evaluar adaptación, mitigación y movilización financiera evidencia que la acción climática depende cada vez más de capacidades técnicas, coordinación institucional y marcos regulatorios complejos. Así, el financiamiento climático internacional se configura como un espacio donde convergen sostenibilidad, geopolítica, gobernanza financiera y transformación económica, en un escenario marcado por crecientes presiones ambientales y demandas de transición energética global.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/climate-finance-provided-and-mobilised-by-developed-countries-in-2013-2024_ab5eb9ad-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/05/climate-finance-provided-and-mobilised-by-developed-countries-in-2013-2024_532c847f/ab5eb9ad-en.pdf

     

  • Promoting Better Career Mobility for Longer Working Lives in Belgium

    Promoting Better Career Mobility for Longer Working Lives in Belgium

    El envejecimiento demográfico en Bélgica está transformando de manera profunda el mercado laboral y aumentando la presión sobre los sistemas de protección social, la productividad y la sostenibilidad económica. A medida que crece la proporción de personas mayores y disminuye el peso relativo de la población activa, se hace más evidente la necesidad de prolongar la vida laboral en condiciones dignas y sostenibles. Esta situación se intensifica debido a la transición digital, el avance de la inteligencia artificial y la expansión de sectores verdes que exigen nuevas competencias y una adaptación constante de los trabajadores. Al mismo tiempo, persisten vacantes difíciles de cubrir y escasez de mano de obra en áreas estratégicas, especialmente en tecnologías de la información y empleos vinculados a la transición ecológica. Frente a este panorama, la participación laboral de las personas mayores adquiere mayor relevancia, no solo para aliviar las tensiones económicas derivadas del envejecimiento poblacional, sino también para aprovechar la experiencia acumulada de trabajadores con trayectorias extensas. Aunque Bélgica ha incrementado las tasas de empleo de personas entre 55 y 64 años, todavía mantiene niveles inferiores al promedio de varios países de la OCDE, especialmente después de los 60 años, etapa en la que el retiro temprano continúa siendo frecuente.

     

    Dentro de este contexto, la movilidad laboral durante la mitad y el final de la carrera profesional aparece como una estrategia capaz de mejorar tanto la calidad del empleo como la permanencia en el mercado de trabajo. Cambiar de empleo, de ocupación o incluso de funciones dentro de una empresa puede permitir transiciones hacia actividades menos exigentes físicamente, con mejores condiciones laborales o compatibles con nuevas necesidades familiares y de salud. Asimismo, la movilidad voluntaria facilita el acceso a mayores salarios, mejores perspectivas de desarrollo profesional y mayores niveles de satisfacción laboral. Sin embargo, estos beneficios dependen de que las transiciones se produzcan de manera planificada y sin periodos prolongados de desempleo. Cuando los cambios son involuntarios o están asociados a despidos y pérdida de estabilidad, aumentan las probabilidades de deterioro salarial, inseguridad laboral y exclusión del mercado de trabajo. Además, las estadísticas muestran que la movilidad disminuye drásticamente con la edad. Mientras los trabajadores jóvenes cambian de empleo con relativa frecuencia, las personas entre 50 y 59 años presentan niveles muy reducidos de transición laboral. A esto se suman barreras culturales e institucionales que desalientan los cambios de carrera, entre ellas la discriminación por edad, los esquemas salariales basados en antigüedad y la percepción negativa que algunos empleadores tienen frente a trabajadores con trayectorias no lineales.

     

    De igual forma, el análisis evidencia que las condiciones laborales durante la mediana edad determinan en gran medida la situación ocupacional en etapas posteriores de la vida. Las personas que permanecen empleadas entre los 45 y 54 años tienen altas probabilidades de continuar trabajando una década después, mientras que quienes experimentan desempleo o incapacidad laboral presentan enormes dificultades para reincorporarse. La incapacidad laboral de larga duración constituye un problema especialmente delicado, debido al aumento sostenido de trabajadores fuera del mercado por razones de salud. En muchos casos, la ausencia prolongada termina derivando en retiro definitivo o inactividad persistente. Por ello, las políticas orientadas a la prevención de riesgos, adaptación de los puestos de trabajo y retorno oportuno al empleo adquieren gran importancia. También resulta necesario fortalecer ambientes laborales saludables y esquemas de flexibilidad que permitan conciliar responsabilidades familiares, limitaciones físicas y continuidad laboral. No obstante, ciertas modalidades flexibles pueden generar efectos contraproducentes cuando promueven empleos de baja calidad o trayectorias laborales fragmentadas.

     

    A partir de estas dinámicas, surge la necesidad de construir políticas integrales que incentiven la permanencia laboral y favorezcan trayectorias más sostenibles en edades avanzadas. Las reformas deben orientarse hacia sistemas de formación continua accesibles para trabajadores mayores, mecanismos de orientación profesional durante toda la vida laboral y estrategias que reduzcan las desigualdades en el acceso a capacitación. Aunque Bélgica realiza inversiones significativas en formación, la participación de personas mayores continúa siendo limitada, especialmente entre quienes más necesitarían actualizar competencias digitales y tecnológicas. Además, la complejidad institucional y la fragmentación de programas dificultan el acceso efectivo a estos instrumentos. Por esta razón, se plantea la necesidad de fortalecer la coordinación entre regiones, empresas y actores sociales, además de simplificar los servicios de orientación y apoyo laboral. Del mismo modo, la transformación demográfica y tecnológica exige revisar incentivos asociados a jubilación, contratación y movilidad, con el fin de evitar que las trayectorias laborales de mayor edad queden marcadas por rigideces estructurales o salidas prematuras del mercado de trabajo. Bajo esta perspectiva, promover carreras laborales más flexibles, saludables y adaptables no solo responde a una necesidad económica, sino también a la construcción de entornos laborales capaces de sostener el bienestar y la inclusión en sociedades cada vez más envejecidas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/promoting-better-career-mobility-for-longer-working-lives-in-belgium_1fb0ed74-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/05/promoting-better-career-mobility-for-longer-working-lives-in-belgium_da6feb44/1fb0ed74-en.pdf

  • Testing the Limits of Fraud-on-the-Market Class Certification Orders in 2025

    Testing the Limits of Fraud-on-the-Market Class Certification Orders in 2025

    El concepto de “fraud on the market” se fundamenta en la premisa de que los precios de los activos financieros reflejan toda la información pública disponible, lo que implica que cualquier distorsión informativa puede afectar directamente el valor de mercado de un instrumento. Bajo este enfoque, la evaluación de la eficiencia del mercado se convierte en un elemento central para determinar si existe una relación directa entre la divulgación de información y la formación de precios. Este análisis profundiza en los límites de dicha teoría, particularmente en escenarios donde la dinámica de los mercados presenta comportamientos heterogéneos y no necesariamente alineados con los supuestos tradicionales de eficiencia.

     

     

    La incorporación de información en los precios depende de múltiples factores, incluyendo la liquidez del activo, la cobertura por parte de analistas y la participación de inversionistas institucionales. En mercados altamente líquidos y con amplia cobertura, la información tiende a reflejarse rápidamente en los precios. Sin embargo, en entornos con menor profundidad o donde la información es dispersa, el proceso de ajuste puede ser más lento o incompleto. Esto introduce incertidumbre en la aplicación de metodologías estándar para evaluar la eficiencia del mercado y la existencia de impactos significativos derivados de eventos informativos. El análisis econométrico juega un papel fundamental en la validación de estos supuestos. Se utilizan técnicas de estudios de eventos para identificar cambios en los precios de los activos en torno a la divulgación de información relevante, evaluando la magnitud y la velocidad de respuesta del mercado. Estas metodologías permiten determinar si los precios reaccionan de manera consistente con la hipótesis de eficiencia, o si existen anomalías que sugieran una incorporación parcial o diferida de la información.

     

     

    En el contexto actual, la digitalización de los mercados financieros introduce nuevos desafíos en la evaluación de la eficiencia. La velocidad de difusión de la información ha aumentado significativamente, al igual que la diversidad de fuentes disponibles, incluyendo plataformas digitales y redes sociales. Esto puede generar entornos donde la información relevante compite con ruido informativo, dificultando la identificación de señales claras para los inversionistas. Además, la automatización de decisiones de inversión mediante algoritmos puede amplificar ciertos movimientos de mercado, generando volatilidad adicional. La complejidad creciente de los instrumentos financieros también influye en la capacidad del mercado para procesar información de manera eficiente. Activos con estructuras complejas o vinculados a múltiples variables pueden requerir análisis más sofisticados, lo que puede retrasar la incorporación completa de la información en los precios. Esto es particularmente relevante en mercados donde la transparencia es limitada o donde existen asimetrías de información significativas entre los participantes.

     

     

    La evaluación de la eficiencia del mercado no puede abordarse de manera uniforme, sino que debe considerar las características específicas de cada activo y del entorno en el que se negocia. Factores como el volumen de negociación, la frecuencia de transacciones y la disponibilidad de información influyen directamente en la rapidez y precisión con la que los precios reflejan la información disponible. En este sentido, la aplicación de la teoría de “fraud on the market” requiere un análisis contextualizado, que tenga en cuenta las condiciones particulares del mercado bajo estudio. La evolución de los mercados financieros hacia entornos más digitales y automatizados redefine los supuestos tradicionales de eficiencia, introduciendo nuevas variables que deben ser consideradas en los análisis econométricos. La interacción entre tecnología, comportamiento de los inversionistas y disponibilidad de información genera dinámicas complejas que pueden desafiar las premisas clásicas sobre la formación de precios. Este escenario plantea la necesidad de ajustar las metodologías de evaluación para capturar de manera más precisa las condiciones actuales del mercado y sus implicaciones en la determinación de posibles distorsiones informativas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.brattle.com/insights-events/publications/testing-the-limits-of-fraud-on-the-market-class-certification-orders-in-2025/

    https://www.brattle.com/wp-content/uploads/2026/04/Testing-The-Limits-of-Fraud-On-The-Market-2.pdf

  • Vehículos eléctricos empiezan a respaldar hogares y red en Washington

    Vehículos eléctricos empiezan a respaldar hogares y red en Washington

    Puget Sound Energy inició en Washington una demostración de carga bidireccional vehículo-hogar que permite usar baterías de automóviles eléctricos como respaldo residencial y como recurso para confiabilidad del sistema. Utility Dive precisa que el piloto, desarrollado con Ford, Kia, Wallbox y ChargeScape, incluye inicialmente tres camionetas Ford F-150 Lightning y dos vehículos Kia EV9, y se extenderá hasta el primer trimestre de 2027. La empresa lo presenta como el primer ejercicio de este tipo en el estado. El enfoque combina dos objetivos que pocas veces se integran en un solo programa: entregar energía al hogar durante interrupciones del servicio y, al mismo tiempo, descargar parte de la batería en horas de mayor estrés de la red.

     

     

    La utilidad evaluará dos casos de uso. El primero es la optimización horaria: cargar en periodos de menor precio y descargar en periodos caros para reducir la factura del usuario. El segundo es la respuesta de la demanda, mediante la cual el operador puede solicitar apoyo de esos vehículos durante puntas de consumo para estabilizar el sistema. El artículo recuerda que estudios recientes muestran que la gestión activa de la carga de vehículos puede reducir de forma importante la demanda máxima asociada a estos equipos y disminuir costos sistémicos. Con ello, el automóvil deja de ser solamente una nueva carga para la red y pasa a convertirse en almacenamiento distribuido con utilidad operativa.

     

     

    La convergencia sectorial es clara. Movilidad eléctrica, resiliencia del hogar, flexibilidad de la demanda y descarbonización empiezan a integrarse en un solo activo gestionable. Para empresas latinoamericanas, la señal es importante porque anticipa un cambio en el valor regulatorio del vehículo eléctrico: no solo consumirá energía, también podrá prestarla. Eso abre preguntas sobre tarifas horarias, remuneración por servicios, interoperabilidad tecnológica, ciberseguridad y estándares de conexión. También muestra que la electrificación del transporte puede reforzar la seguridad del usuario si se diseña con capacidad de respaldo ante fallas y eventos climáticos. Más allá del tamaño reducido del piloto, el aprendizaje institucional es significativo: la transición energética gana profundidad cuando los recursos del cliente pueden coordinarse con objetivos del sistema y aportar resiliencia local.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.utilitydive.com/news/puget-sound-energy-ev-electric-vehicle-to-home-pilot/815540/

  • Naturaleza gana peso como defensa climática en ciudades africanas

    Naturaleza gana peso como defensa climática en ciudades africanas

    World Resources Institute muestra cómo varias ciudades africanas están ampliando el concepto de infraestructura para incluir humedales, bosques urbanos, parques y jardines de lluvia como barreras frente al cambio climático. El texto parte del caso de Kinshasa, donde lluvias torrenciales en abril de 2025 inundaron más de la mitad de la ciudad, destruyeron más de mil viviendas y desplazaron a miles de personas. El episodio sintetiza una vulnerabilidad extendida: el crecimiento urbano reemplaza suelos naturales por concreto y asfalto, reduce amortiguadores ecológicos y aumenta exposición a inundaciones, islas de calor y contaminación. WRI sostiene que la infraestructura gris por sí sola resulta costosa e insuficiente ante eventos cada vez más extremos.

     

     

    La publicación destaca que entre 2012 y 2022 los proyectos de infraestructura basada en naturaleza en África crecieron alrededor de 15% anual. En ese marco, ciudades como Addis Abeba y Dire Dawa están incorporando corredores verdes, restauración de cuencas y protección de humedales para enfriar barrios, mejorar la calidad del aire y reducir escorrentías. El artículo recuerda que hacia 2100 hasta 950 millones de africanos urbanos podrían estar expuestos a olas de calor extremas agravadas por el efecto de isla térmica. Por eso, árboles, parques y suelos permeables dejan de ser elementos paisajísticos y pasan a verse como activos funcionales de adaptación, con beneficios adicionales en biodiversidad, salud pública y cohesión social.

     

     

    Para la agenda de convergencia entre planeación urbana, sostenibilidad y servicios públicos, el mensaje es relevante. Las ciudades no solo deben expandir drenajes y reforzar obras civiles; también necesitan proteger y restaurar sistemas naturales que prestan servicios equivalentes o complementarios. Eso exige nuevas capacidades institucionales, financiamiento mixto y métricas que permitan valorar beneficios evitados en daños, salud y movilidad. La experiencia africana ayuda a desmontar la idea de que la infraestructura natural es secundaria o experimental. Más bien, aparece como una respuesta escalable para ciudades que crecen rápido y tienen limitaciones presupuestales. Integrar naturaleza en la red de infraestructura urbana puede ofrecer adaptación más distribuida, menor costo de largo plazo y mayor resiliencia social, especialmente en zonas periféricas donde se concentra la población más expuesta.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.wri.org/insights/african-cities-use-nature-fight-floods-and-climate-change

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Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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