ICF plantea que la congestión en los sistemas de transporte debe gestionarse con enfoques basados en desempeño y datos actualizados, no únicamente mediante ampliación de infraestructura. En áreas metropolitanas de Estados Unidos con más de 200.000 habitantes, la normativa federal exige procesos de gestión de congestión dentro de la planificación de transporte. Estos procesos definen objetivos, indicadores, necesidades, estrategias y evaluación de resultados.
El artículo explica que eliminar por completo la congestión no es realista ni necesariamente deseable, porque también puede reflejar actividad económica. El propósito consiste en mantenerla dentro de niveles aceptables para movilidad de personas y mercancías. Después de la pandemia surgieron patrones diferentes, como congestión al mediodía, periodos pico más largos, más comercio electrónico y cambios en hábitos de viaje. Por ello, ICF recomienda incorporar fuentes emergentes de datos, como información basada en ubicación, para medir accesibilidad laboral, tiempos de viaje, actividad peatonal, uso de bicicletas y comportamiento del transporte público.
Para directivos de tecnología del sector energético, aunque el artículo pertenece al ámbito transporte, existe una relación directa con electrificación, carga de vehículos eléctricos y planeación de infraestructura. La congestión vial afecta perfiles de carga, ubicación de cargadores, operación de flotas eléctricas y demanda energética urbana. Las empresas de energía pueden usar analítica de movilidad para anticipar puntos de recarga, diseñar tarifas, coordinar carga gestionada y alinear inversiones en red con patrones reales de desplazamiento. La convergencia transporte-energía dependerá cada vez más de datos oportunos y modelos predictivos. Estos datos pueden orientar inversión en cargadores, redes y operación de flotas.
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