RMI advierte que la carrera por abastecer la revolución de la inteligencia artificial ya chocó con un límite físico y regulatorio: la interconexión. A medida que los centros de datos y otras grandes cargas buscan conexión rápida a la red, el sistema estadounidense enfrenta un desajuste entre la velocidad con que aparece la nueva demanda y la lentitud con que logra incorporarse la nueva oferta. El artículo distingue dos procesos que suelen confundirse: la interconexión de carga, que conecta instalaciones consumidoras como centros de datos, y la interconexión de generación, que habilita nuevas plantas y almacenamiento. Aunque el Departamento de Energía pidió a la FERC una regla para acelerar la conexión de grandes cargas, RMI sostiene que ese paso, por sí solo, no resuelve el problema central si la generación continúa atrapada en trámites largos, inciertos y costosos.
Las cifras muestran la magnitud del atasco. Más de 2,2 teravatios de proyectos de generación y almacenamiento esperan en las colas de interconexión, casi el doble de la capacidad ya instalada en la red y suficiente para cubrir el crecimiento previsto de la demanda. Sin embargo, solo una fracción logra entrar en operación. En 2024, el tiempo promedio entre la solicitud inicial y la operación comercial rozó cinco años, frente a menos de dos años en 2008. Además, apenas 19 % de los proyectos que pidieron interconexión entre 2000 y 2019 había llegado a operación comercial al cierre de 2024. Los costos de interconexión también crecieron y pueden expulsar proyectos cuando las mejoras de red superan cerca de 10 % del gasto de capital total.
RMI propone una agenda de reforma más ambiciosa. Destaca software avanzado para automatizar estudios, tecnologías que aumentan la capacidad de la red existente, mayor transparencia en cronogramas y costos de obras, y esquemas más integrados para planear carga, generación y transmisión.
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