Las empresas enfrentan en 2026 un entorno de divulgación de riesgo climático más amplio y a la vez más fragmentado. Después de avances hacia cierta convergencia, decisiones regulatorias en Estados Unidos y la Unión Europea durante 2025 alejaron la posibilidad de un consenso global, generando un mosaico de obligaciones por jurisdicción. Aun con menor comunicación pública sobre sostenibilidad, los reportes formales continúan, impulsados por inversionistas, clientes y marcos regulatorios emergentes.
El texto describe que nuevas leyes de divulgación entran en vigor en distintas geografías, lo que obliga a las compañías a contar con procesos de gobernanza, controles internos y datos consistentes para reportar riesgos físicos y de transición, y para respaldar métricas de emisiones. La dificultad crece en alcance y trazabilidad: recopilar y asegurar datos de alcance 3, mapear riesgos en la cadena de suministro y conectar escenarios climáticos con materialidad financiera.
La fragmentación impone costos operativos: diferentes definiciones, formatos, plazos y niveles de aseguramiento. Esto incentiva a organizaciones multinacionales a construir un “núcleo” de datos y controles que permita cumplir múltiples marcos con ajustes marginales, evitando reprocesos. Se vuelve determinante la madurez de sistemas de datos, la capacidad de auditoría y la integración con gestión de riesgos corporativos.
Para empresas de energía, la divulgación climática se cruza con operación: eventos extremos, resiliencia de red, disponibilidad hídrica, y cambios regulatorios que afectan ingresos, inversión y tarifas. Por eso, la digitalización de inventarios de activos, modelos de riesgo físico, y contabilidad de emisiones con trazabilidad por proyecto se vuelve crítica.
En Colombia, las áreas de tecnología pueden tomar liderazgo diseñando arquitecturas de datos ESG con gobierno claro (propietarios de dato, calidad, linaje), automatización de reportes, y verificación interna. Esto incluye integrar datos de operación (fallas, continuidad, pérdidas), de cadena de suministro (proveedores críticos) y de mercados (precios, demanda) en tableros de riesgo. Un enfoque robusto reduce exposición regulatoria y mejora capacidad de acceso a financiamiento, al demostrar consistencia y transparencia en métricas climáticas.
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