La gran paradoja en la actualidad es que, para poder llevar adelante la transición energética hacia fuentes de energías renovables se requiere de la extracción de minerales como el grafito, el litio y el cobalto para desplegar proyectos con energía eólica, solar o geotérmica, e incluso para el desarrollo y avance de la construcción de carros eléctricos; hecho, que termina siendo debatible, ya que la misma situación genera un impacto negativo al medioambiente. Por esta razón, y teniendo en cuenta los objetivos trazados en el Acuerdo de París es que cada vez más actores del sector público y privado hablan sobre la importancia de una minería sostenible, inclusiva e integrada como una nueva solución a esta actividad extractiva.
En principio, cabe señalar que la minería es una actividad de alto consumo energético y que dependiendo de la mina esta fuente puede suponer aproximadamente entre el 10% y el 40% de los gastos operacionales. A su vez, y de acuerdo con un informe de Weir Group, que recoge más de 40 estudios sectoriales, el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero debido al uso masivo de energía fósil en este sector, puede llegar a alcanzar el 3,5% de la energía global.
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