Se plantea un análisis sobre la ruta práctica para elevar la participación en programas de respuesta de la demanda combinando segmentación de usuarios, propuesta de valor clara y ejecución multicanal sincronizada con la estacionalidad de picos. Se describe que la automatización de enrolamiento (p. ej., BYOT/BYOD) capta a los primeros adoptantes, pero rápidamente entra en meseta si no se complementa con estrategias de marketing que identifiquen clientes con mayor probabilidad de aportar kW efectivos en horas críticas y en ubicaciones de alto valor de red. El énfasis pasa de “tener dispositivos” a “generar flexibilidad útil”, alineando incentivos, mensajes y acuerdos operativos con las necesidades del sistema.
El documento recomienda pruebas A/B para ajustar creatividades, llamados a la acción y momentos de contacto, y resalta que reducir fricciones en el alta (claridad de beneficios, flujos simples y compromiso previo a eventos) incrementa activación y retención. Se proponen métricas que van más allá de “número de inscritos”, como costo por kW asegurado, kW entregados en evento, persistencia y vida útil del recurso, de cara a justificar costo-efectividad frente a alternativas desde la demanda. La integración con plataformas DERMS y el cumplimiento de protección al usuario son condiciones necesarias para escalar y sostener resultados.
Como contexto sectorial, ICF sugiere anclar estos programas en la gestión del crecimiento de carga y en la resiliencia, con guías operativas para diseñar portafolios con valor de sistema: priorización geográfica, coordinación TI/TO y contratos que aseguren verificación de desempeño. Complementariamente, otra pieza de ICF posiciona los programas de gestión de carga en ocho pasos desde la planificación hasta la implementación, reforzando que la flexibilidad del lado de la demanda es cada vez más crítica ante el aumento de centros de datos, la electrificación y las restricciones de redes.
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