En la parte francesa del golfo de Vizcaya, uno de los caladeros más ricos de Europa, miles de delfines mueren cada año al quedar atrapados accidentalmente en redes de pesca.
De media, unos mil delfines aparecen varados en las playas cada invierno. No obstante, según los análisis del observatorio PELAGIS, reportados por Bastien Mérigot, coordinador del proyecto DolphinFree, se calcula que la mortalidad total es mucho mayor: entre 4.500 y 8.500 delfines quedan atrapados cada año en las redes de pesca. Muchos delfines que se asfixian en las redes nunca llegan a la orilla: se hunden sin ser vistos, lo que deja a los investigadores con datos incompletos sobre la magnitud real del problema.
Estas pérdidas no sólo perjudican a los ecosistemas marinos, sino que también perturban los medios de subsistencia de los pescadores que dependen de esas aguas. Por segundo invierno consecutivo, las autoridades han impuesto una veda de pesca de un mes de duración con el fin de reducir los riesgos para los delfines. Mientras tanto, diversos proyectos de investigación europeos buscan soluciones tecnológicas innovadoras que puedan proteger la vida marina sin detener la pesca por completo.
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