El artículo compila tendencias de digitalización con efectos directos en la operación eléctrica: uso de inteligencia artificial para pronóstico y optimización, analítica avanzada para mantenimiento predictivo, automatización de redes (ADMS/EMS) y gestión de la demanda orientada a flexibilidad. En un entorno de precios volátiles y penetración renovable ascendente, la digitalización aparece como habilitador para reducir intermitencia efectiva mediante almacenamiento (BESS), control de flujos y orquestación de activos distribuidos, elevando estabilidad y ahorro operativo.
Se ubica a los centros de datos como nueva frontera de consumo intensivo que obliga a sincronizar compras de energía renovable, eficiencia en TI y planeación de capacidad; en paralelo, plantea reforzar ciberseguridad y gobierno de datos para sostener confianza y continuidad. La IA también se proyecta como catalizador de “experiencias” y eficiencia, pero con efectos energéticos que demandan coordinación de infraestructura, contratos y medidas de gestión activa del lado del usuario.
En la perspectiva de 2026, las organizaciones energéticas que combinen automatización, datos y diseño de programas con métricas de desempeño (ahorros persistentes, reducción de picos, calidad de servicio) podrán integrar mejor DER y cargas críticas, y avanzar hacia portafolios basados en resultados. La pieza de t2ó aporta un marco narrativo, alineado con otras fuentes del ecosistema, sobre cómo IA, robótica e IoT evolucionan desde “pilotos” a capacidades transversales para confiabilidad operativa y gestión de costos.
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