WRI plantea tres historias que pueden moldear la trayectoria global en 2026: cómo la acción climática se relaciona con el crecimiento económico, cómo interactúa con la crisis de costo de vida y vivienda, y cómo la nueva economía abre o limita oportunidades laborales. El texto parte de un diagnóstico social: en varios países la preocupación por inflación, vivienda y empleo ha eclipsado la agenda climática, alimentando narrativas políticas que presentan la transición como un costo. Aun así, se destaca que un grupo creciente de países está usando la acción climática como instrumento para mejorar la vida hoy, no solo en horizontes lejanos.
Se mencionan ejemplos donde la energía limpia reduce costos y dinamiza economías: la expansión de solar asequible en mercados con tarifas elevadas, la restauración de tierras como generadora de empleo, y el incremento del empleo global en energía limpia, que supera al empleo fósil. El punto central es que la transición ya está en curso y la disputa se concentra en la distribución de costos y beneficios: qué sectores reciben apoyo, qué hogares se protegen y cómo se gestiona la competitividad industrial.
La historia de crecimiento sugiere que la acción climática puede impulsar prosperidad si se diseña con política industrial, inversión y cadenas de valor. En paralelo, la historia de asequibilidad plantea que la transición debe reducir costos de energía y bienes básicos, evitando cargas regresivas. Finalmente, la historia de empleo pone el foco en formación, reconversión y calidad del trabajo, para que los beneficios de la nueva economía no se concentren en pocos territorios o segmentos.
Para directivos del sector energético en Colombia, estas historias sirven como marco de decisión. La electrificación y la expansión renovable deben comunicarse y gobernarse como política de desarrollo: reducción de costos para hogares y pymes, generación de empleo local y mejora de competitividad. En tecnología, esto implica medir impactos con indicadores que conecten inversión con beneficios: reducción de pérdidas, resiliencia ante eventos extremos, y acceso a energía asequible. También implica diseñar programas de transición justa que incluyan formación de talento digital y operativo, alineando agendas de innovación con bienestar social y estabilidad regulatoria.
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