El hidrógeno verde se posiciona como un elemento transformador dentro de la transición energética global, al ofrecer un camino hacia la descarbonización de sectores industriales de difícil electrificación y al mismo tiempo contribuir a la seguridad energética. A través de la electrólisis alimentada por energías renovables, este recurso permite establecer un vínculo entre la electricidad limpia y procesos industriales que requieren insumos con bajas emisiones, como la producción de acero y productos químicos. Además, la utilización de hidrógeno verde facilita la diversificación de las fuentes energéticas, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y contribuyendo a fortalecer las economías locales mediante nuevas oportunidades de comercio internacional.
Por otra parte, el comercio de hidrógeno verde y sus derivados como amoníaco, metanol y hierro de reducción directa ofrece una alternativa más rentable para su transporte a largas distancias, debido a la complejidad técnica y los costos asociados con el traslado del hidrógeno en estado gaseoso. De este modo, la creación de cadenas de suministro que incluyan estos derivados permite a los países con recursos renovables abundantes convertirse en proveedores relevantes en los mercados globales de energía, generando nuevas rutas de exportación y ampliando la resiliencia energética de las naciones importadoras. Asimismo, resulta necesario impulsar inversiones en infraestructura que abarquen desde la generación de electricidad renovable hasta el almacenamiento y transporte de estos productos. Se estima que para satisfacer la demanda de hidrógeno y sus derivados hacia 2050 se requerirá una inversión significativa que incluya capacidad renovable, sistemas de electrólisis y almacenamiento, lo cual abre espacios para alianzas estratégicas y cooperación internacional. Este despliegue de infraestructura también puede facilitar el acceso a la electricidad en regiones que aún enfrentan limitaciones, siempre que las estrategias garanticen la priorización de servicios esenciales.
La evolución del comercio de hidrógeno verde depende de los costos de financiamiento y de la calidad de los recursos renovables disponibles en cada región. En escenarios donde las condiciones de financiamiento son similares entre países, regiones como América Latina, el Medio Oriente, África del Norte y el África Subsahariana muestran una ventaja en términos de competitividad para exportar hidrógeno y derivados, mientras que Europa, Japón y Corea del Sur se perfilan como importadores. Sin embargo, cuando se consideran tasas de financiamiento diferenciadas según el riesgo país, se observa que economías como Australia, China y Estados Unidos pueden liderar las exportaciones debido a su capacidad de atraer capital a costos más bajos, lo que les permite producir a precios competitivos. Adicionalmente, se proyecta que el comercio en forma de derivados representará la mayor parte de las transacciones internacionales, favoreciendo la eficiencia y reduciendo costos de transporte en comparación con el hidrógeno puro. Para facilitar este comercio, resulta indispensable avanzar en mecanismos de certificación que garanticen las características de sostenibilidad de estos productos, de modo que se generen mercados confiables y transparentes.
El desarrollo del hidrógeno verde y sus derivados contribuye a diversificar la matriz exportadora de países en desarrollo con potencial renovable, brindándoles oportunidades para fortalecer sus economías y participar activamente en mercados energéticos globales. Al mismo tiempo, las regiones importadoras pueden beneficiarse de precios competitivos que apoyen sus industrias, permitiendo avanzar en la descarbonización mientras se refuerza la seguridad energética. De esta manera, el hidrógeno verde se configura como un motor que, con una planificación adecuada, favorece la sostenibilidad, la inclusión y el crecimiento económico en el marco de la transición energética mundial.
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