Frente a la urgencia climática, se han creado asambleas ciudadanas que buscan fortalecer la acción climática a través de la participación directa de la sociedad en la definición de medidas y propuestas. Estas asambleas reúnen personas de diversos perfiles seleccionadas de forma aleatoria, creando espacios de aprendizaje y deliberación que permiten analizar datos técnicos, comprender los impactos sociales de las medidas y diseñar recomendaciones con un enfoque participativo. A lo largo de distintas experiencias, se ha observado que las asambleas contribuyen a fortalecer políticas públicas y generar recomendaciones innovadoras, en ocasiones superando la ambición de las medidas propuestas por los gobiernos. Para ello, se organizan debates con expertos y se fomenta el intercambio de visiones diversas, logrando que los participantes comprendan las implicaciones de las medidas y puedan proponer alternativas viables, considerando tanto la reducción de emisiones como la justicia social.
Por otra parte, las asambleas fomentan la toma de conciencia en quienes participan, incrementando su conocimiento sobre cambio climático y motivándolos a asumir responsabilidades individuales y colectivas. Este efecto educativo se refleja en cambios de actitud y en el compromiso con estilos de vida más sostenibles, extendiéndose también a sus entornos cercanos. Además, las asambleas permiten identificar medidas que tengan impactos visibles, como la mejora de sistemas de transporte o la eficiencia energética en edificaciones, y a la vez discuten opciones que pueden generar controversias, como impuestos al carbono o la eliminación de subsidios a combustibles fósiles. Sin embargo, para que estas asambleas generen resultados consistentes, se requiere un diseño que garantice claridad en los objetivos, disponibilidad de recursos, tiempos adecuados para el proceso deliberativo y mecanismos de seguimiento que permitan evaluar la implementación de las recomendaciones. En algunos casos, la falta de seguimiento y claridad en la respuesta gubernamental ha generado frustración entre los participantes, quienes perciben que sus propuestas no siempre se traducen en acciones concretas.
Además, se reconoce la importancia de incluir la perspectiva de equidad en las deliberaciones, para evitar que las medidas climáticas afecten de forma desproporcionada a los grupos más vulnerables. La inclusión de estos enfoques fortalece la legitimidad de las decisiones y permite construir políticas que consideren los diferentes niveles de vulnerabilidad, generando medidas que no solo mitiguen el cambio climático, sino que mejoren las condiciones de vida de las comunidades. Asimismo, la experiencia internacional demuestra que las asambleas logran mejores resultados cuando están vinculadas de manera clara con los procesos de toma de decisiones, evitando la desconexión con las políticas públicas. Esta vinculación se facilita mediante la definición de mandatos específicos, plazos de respuesta y la integración de las recomendaciones en planes y legislaciones existentes.
La realización de estas asambleas ha demostrado que la sociedad cuenta con la capacidad de deliberar de manera informada sobre temas complejos, generando propuestas que equilibran la necesidad de reducir emisiones con la justicia social. Al involucrar a la ciudadanía, se construyen espacios de confianza entre gobiernos y sociedad, se amplía la comprensión sobre la urgencia climática y se fomentan acciones que contribuyen a la transición hacia una sociedad más sostenible. Así, las asambleas ciudadanas se consolidan como herramientas que fortalecen la acción climática, fomentan la inclusión y promueven el cambio cultural necesario para enfrentar la emergencia climática de forma equitativa y efectiva.
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