La Unión Europea avanza hacia la neutralidad climática con objetivos vinculantes de reducción de emisiones. La transición está reconfigurando la base industrial y los mercados laborales. El marco de política industrial evoluciona hacia un enfoque más estratégico y apoyado por el Estado, en un contexto de competencia global, cadenas de suministro cambiantes y presiones geopolíticas. Las tecnologías limpias se consolidan como pilar de la descarbonización, la competitividad y la creación de empleo de calidad.
En 2023 el sector empleó cerca de un millón de personas y generó 138.000 millones de euros de valor añadido bruto. La eólica concentró 273.500 empleos directos, con cerca del 77 % en operaciones. La solar fotovoltaica empleó 227.300 personas, con fuerte peso de la construcción (36 %) y las operaciones (48 %). Las bombas de calor ocuparon 80.100 trabajadores, mayoritariamente en construcción (65 %), y muestran alto potencial de crecimiento. Las baterías, con unos 33.000 empleos, registraron el crecimiento más rápido, concentrado en manufactura, aunque el segmento de I+D resulta estratégico para las próximas generaciones de tecnología.
Alemania concentra los mayores volúmenes absolutos de empleo en eólica, solar y baterías. Portugal, España e Italia lideran en bombas de calor. Hungría y Polonia muestran el crecimiento más dinámico en baterías. Las disparidades territoriales subrayan la necesidad de acompañar a las regiones dependientes de industrias intensivas en carbono. Las mujeres representan entre el 14 % y el 26 % de la fuerza laboral según tecnología, y los jóvenes de 15-24 años solo el 6-7 %. Sin acciones específicas, estos desequilibrios limitarán la disponibilidad de trabajadores y debilitarán la base social de la transición.
Las proyecciones apuntan a un fuerte aumento del empleo hacia 2030, especialmente en eólica y solar. Sin embargo, las escaseces de mano de obra en oficios técnicos (electricistas, fontaneros, mecánicos eléctricos, técnicos e ingenieros) constituyen un cuello de botella crítico. La calidad del empleo es heterogénea: los salarios más bajos y la mayor precariedad se concentran en la construcción, con mayores riesgos físicos. Una transición limpia competitiva y justa requiere situar las consideraciones sociales, laborales y territoriales en el centro de la estrategia industrial, impulsando empleos de calidad, formación a escala y apoyo a trabajadores y territorios en reestructuración.
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