El cambio climático, la digitalización y la transformación del sistema energético se han vuelto ejes inseparables de la agenda europea, y la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible los conecta. La energía sostiene la actividad económica y social, y aun así cerca de mil millones de personas siguen sin acceso a electricidad, mientras que la Agencia Internacional de Energía proyecta un aumento de alrededor de 40% de la demanda mundial hacia 2040, concentrado en economías emergentes. Frente a ello, la digitalización aparece como habilitador: los medidores inteligentes centralizan datos de producción y consumo en tiempo real, el Internet de las cosas conecta dispositivos que se adaptan sin intervención del usuario y la inteligencia artificial permite pronosticar generación y demanda, balancear excedentes y déficits de fuentes renovables y diseñar procesos industriales más eficientes. Además, tecnologías como las cadenas de bloques, las plantas virtuales de energía, las redes inteligentes y el almacenamiento en baterías abren nuevos modelos de negocio, incluso en sistemas aislados.
El enfoque es exploratorio y predominantemente cualitativo, complementado con una comparación cuantitativa de los 27 Estados miembros. En transición energética se emplea el índice del Foro Económico Mundial, que combina 40 indicadores para medir el desempeño del sistema y la preparación para la transición. Suecia lidera con 78,6 puntos, seguida de Dinamarca con 76,5 y Austria con 75,2, mientras que Polonia (57,7) y Bulgaria (58,6) cierran la tabla. Rumania alcanza 64,3: ocupa el puesto 38 entre 115 países, el 14 de la Unión Europea en desempeño del sistema y el 21 en preparación, lo que indica que apenas inicia el camino. Entre los factores figura el precio residencial de la electricidad, de 38,38 centavos de dólar por kilovatio hora frente a un promedio de 27,22. El índice de pequeñas y medianas empresas verdes, digitales y competitivas la ubica en los puestos 25 y 27 de sus pilares verde y digital, y la reducción de emisiones es la única dimensión en zona de buen desempeño.
En digitalización, el índice de economía y sociedad digitales evalúa capital humano, conectividad, integración de tecnologías digitales y servicios públicos digitales. Rumania es último en capital humano, con el menor uso de internet de la Unión, y también en integración tecnológica de empresas y en servicios públicos digitales, además de ocupar el puesto 27 en usuarios de gobierno electrónico. En conectividad se ubica en el 15, con el primer lugar en precio de banda ancha, el sexto en cobertura fija y el 21 en banda ancha móvil por la brecha entre ciudades y zonas rurales. En tecnologías empresariales, ocupa el último puesto en intercambio electrónico de información, redes sociales, análisis de grandes volúmenes de datos e inteligencia artificial. Incluso los líderes, Finlandia, Dinamarca, Países Bajos y Suecia, enfrentan rezagos en la difusión de inteligencia artificial y escasez de competencias.
Las conclusiones apuntan a que el sector energético sigue rezagado en digitalización frente a otros ámbitos, pese al potencial de la inteligencia artificial, los sistemas inteligentes y las soluciones basadas en datos. Se propone usarla para acelerar el abandono del carbón, integrar renovables con transporte, calor, gas e industria y alcanzar cero emisiones netas a mediados de siglo, sin ignorar sus riesgos y verificando que el ahorro energético supere el consumo adicional de las propias tecnologías digitales. La flexibilidad de la demanda y la transformación de consumidores en productores aparecen como palancas pendientes. Para los profesionales del sector energético colombiano, el estudio ofrece indicadores y criterios para valorar la preparación digital de sus sistemas y orientar la inversión en infraestructura, capacidades e institucionalidad.
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