Kenia presenta una geografía diversa con zonas áridas y semiáridas en el norte y noreste, tierras altas centrales de clima templado y una costa tropical. Las estaciones de lluvias largas (marzo-mayo) y cortas (octubre-diciembre) condicionan la disponibilidad hídrica y la operación del sistema eléctrico. El sector energético ha progresado de forma notable: el acceso a electricidad pasó de cerca del 30 % en 2010 a más del 75 % desde 2023, impulsado por el Last Mile Connectivity Project, y el acceso a cocción limpia subió del 11 % en 2014 al 34 % en 2024. En 2024, el 91 % de la electricidad se generó a partir de fuentes renovables, con un 43 % geotérmico, un 28 % hidroeléctrico y aportes crecientes de eólica y solar. El país es el sexto productor geotérmico del mundo y opera uno de los mayores parques eólicos de África.
Los riesgos climáticos para el sistema energético son múltiples. Las inundaciones por precipitaciones intensas dañan redes eléctricas y sumergen vías usadas para el transporte de combustibles, provocando cortes. Bajo un escenario de calentamiento superior a 3 °C, casi la totalidad de la red existente enfrentaría un aumento de hasta 20 % en lluvia intensa hacia mediados de siglo; en un escenario por debajo de 2 °C ese incremento sustancial se pospone. La hidroelectricidad, con alta variabilidad estacional, vería una reducción proyectada del 10 % en potencial operativo respecto al promedio de décadas recientes. El calentamiento acelerado (0,27 °C por década entre 2000 y 2024) eleva el riesgo de olas de calor y la demanda de aire acondicionado, a la vez que puede degradar la capacidad de la red y la eficiencia de tecnologías como la solar. El ascenso del nivel del mar (alrededor de 3,44 cm por década) expone de forma particular a Mombasa, principal puerto y segunda ciudad del país; la Kenya Ports Authority adoptó una Green Port Policy (2024-2028) para integrar medidas de resiliencia. La producción de carbón vegetal ocasionalmente desencadena incendios forestales; la transición a cocción limpia contribuye a mitigar ese riesgo.
El gobierno reconoce los riesgos climáticos del sector energético y exige estudios de riesgo climático en las evaluaciones de impacto ambiental de nuevos proyectos. Desde 2016 ha consolidado una base institucional y regulatoria con planes nacionales de acción climática actualizados de forma periódica y el National Framework for Climate Services, que fortalece el monitoreo y cierra brechas de datos públicos. El siguiente paso prioritario es integrar de manera sistemática el análisis de riesgos climáticos futuros en las evaluaciones de impacto ambiental y establecer un marco sólido de seguimiento del progreso hacia los objetivos de resiliencia. La evaluación de la AIE sitúa estos hallazgos en el contexto de la infraestructura energética existente y planificada, y ofrece una base analítica para orientar inversiones y políticas que fortalezcan la resiliencia del sistema energético keniano ante un clima cambiante.
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