En 2022, la región centroamericana y la República Dominicana esperaban continuar la senda de recuperación económica iniciada en 2021. Sin embargo, nuevos choques externos interrumpieron estas perspectivas. En particular, las interrupciones en las cadenas de suministro como resultado del COVID-19, los aumentos en los precios internacionales de los alimentos y la energía como consecuencia de la guerra en Ucrania, y los efectos rezagados de las medidas extraordinarias de liquidez durante la pandemia, aceleraron la inflación y desaceleraron el crecimiento económico. Además, las diferencias en materia de pobreza, acceso a los servicios y empleo han aumentado tras la pandemia, poniendo en peligro los logros sociales conseguidos en los últimos años. La mayor frecuencia e impacto de las crisis recientes presenta una oportunidad para replantear las estrategias de crecimiento con un crecimiento multidimensional, resiliente y centrado en las personas. Desde esta perspectiva, el BID ha desplegado su apoyo a la región en los últimos años, con intervenciones en diferentes sectores, pero con el objetivo común de mejorar el bienestar de las personas. El Grupo del BID aprobó más de US$4.100 millones en 2022 para continuar su apoyo a la provisión de servicios básicos, especialmente para las poblaciones vulnerables; la productividad, con énfasis en las MIPYME y los sectores agrícola y turístico; la transparencia de los gobiernos; y la sostenibilidad ambiental y la respuesta a los desastres naturales. Para 2023, se espera que el crecimiento económico mundial continúe en una fase de desaceleración. En cuanto a la inflación, se espera que a medida que las presiones externas en los precios de los alimentos y los energéticos se moderen, la inflación en la región se desacelere, no obstante, se espera que esto sea paulatino, y en varios países de la región se sitúe en la parte alta del objetivo de inflación del banco central, lo que implica que las tasas de interés más altas se mantendrían por un periodo prolongado. La mayor inflación y tasas de interés en un entorno de crecimiento más moderado representa una limitante para continuar con la tendencia a la baja en la pobreza e inseguridad alimentaria en 2023. Con niveles de deuda pública superiores al 60% del PIB en cinco de los ocho países, se hace aún más necesario priorizar políticas sociales enfocadas en los más necesitados y realizar inversiones que contribuyan a aumentar los ingresos de los hogares en los países de la región.
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