Decarbonization Progress in the Apparel, Footwear & Textiles Industry

La industria mundial de confecciones, calzado y textiles atraviesa una situación compleja frente a los objetivos climáticos internacionales, debido a que el crecimiento de la producción continúa superando los avances obtenidos mediante mejoras tecnológicas y operativas. Aunque numerosas empresas han incorporado iniciativas orientadas a reducir emisiones, los resultados muestran que la intensidad de carbono asociada al consumo energético disminuye a un ritmo considerablemente menor al requerido para alinearse con las trayectorias compatibles con el límite de 1,5 °C. Esta realidad se encuentra estrechamente vinculada a la estructura energética predominante en la cadena de suministro, donde los procesos manufactureros dependen ampliamente de combustibles fósiles y de fuentes térmicas intensivas en carbono. A ello se suma que buena parte de las emisiones se concentra en instalaciones de gran tamaño, particularmente en aquellas dedicadas a la producción de materiales, tintorerías y fábricas textiles, donde el uso de calor industrial constituye una necesidad operativa permanente. Bajo estas condiciones, las reducciones obtenidas mediante incrementos graduales de eficiencia no logran compensar el aumento de los volúmenes productivos, situación que evidencia la necesidad de transformaciones más profundas en la forma en que se genera y consume energía dentro del sector. Asimismo, las diferencias observadas entre países productores revelan que la transición energética avanza de manera heterogénea, influenciada por factores como la disponibilidad de tecnologías, la composición de las redes eléctricas nacionales y la dependencia histórica de determinados combustibles.

A partir de este panorama, la descarbonización del consumo energético emerge como el principal eje de transformación para reducir las emisiones directas e indirectas de las actividades manufactureras. Sin embargo, el análisis de la intensidad efectiva de carbono asociada a la energía muestra que los avances han sido limitados y que la mejora registrada durante los últimos años continúa siendo insuficiente frente a la magnitud del reto climático. Mientras algunas instalaciones presentan desempeños relativamente favorables, una proporción importante mantiene elevados niveles de dependencia de combustibles con altas emisiones. Además, las variaciones geográficas permiten observar comportamientos diferenciados. En ciertos países, la electrificación de los procesos productivos ha contribuido a disminuir la intensidad de carbono, mientras que en otros la persistencia de matrices eléctricas con emisiones elevadas reduce los beneficios potenciales de sustituir combustibles térmicos por electricidad. De igual forma, la comparación entre las etapas finales de manufactura y las actividades de producción de materiales evidencia que estas últimas concentran una mayor demanda térmica y, por tanto, mayores obstáculos para avanzar hacia una economía baja en carbono. Esta situación adquiere especial relevancia debido a que las operaciones más intensivas en energía suelen encontrarse en niveles de la cadena de suministro con menor visibilidad para las marcas y los compradores internacionales, dificultando la implementación coordinada de estrategias de reducción de emisiones. Por ello, la capacidad de identificar instalaciones con altos niveles de intensidad energética adquiere una importancia significativa para orientar inversiones, programas de asistencia técnica y mecanismos de colaboración entre fabricantes y empresas contratantes.

 

Mientras tanto, la electrificación aparece como una de las rutas más prometedoras para acelerar la transición energética, aunque sus efectos dependen estrechamente de la calidad ambiental de la electricidad utilizada. Los datos muestran que existe un número considerable de instalaciones con niveles elevados de electrificación; sin embargo, muchas de ellas corresponden a operaciones relativamente pequeñas, mientras que las plantas de mayor consumo energético continúan dependiendo de procesos térmicos alimentados por combustibles fósiles. Esta diferencia explica por qué los promedios sectoriales presentan avances modestos incluso cuando una gran cantidad de establecimientos ha incrementado su utilización de electricidad. Además, la expansión de las energías renovables todavía se encuentra lejos de generar una transformación estructural. Aunque aumenta el número de instalaciones que reportan generación o compra de energía renovable, la participación de estas fuentes dentro del consumo energético total permanece reducida y prácticamente estancada. Como resultado, la sustitución de combustibles fósiles avanza lentamente, especialmente en instalaciones que requieren calor industrial de manera intensiva. La persistencia del carbón constituye un obstáculo particularmente relevante, debido a que continúa representando una fracción significativa del consumo energético global y mantiene una presencia predominante en las instalaciones dedicadas a la producción de materiales. A su vez, algunos países han recurrido ampliamente al uso de biomasa, lo que introduce incertidumbres adicionales relacionadas con la sostenibilidad de las fuentes utilizadas y con las emisiones reales asociadas a todo su ciclo de vida. Por esta razón, la simple sustitución de combustibles no garantiza necesariamente reducciones consistentes si no existe una evaluación integral de los impactos generados a lo largo de la cadena de suministro.

 

Frente a estas circunstancias, el avance hacia una producción compatible con los objetivos climáticos requiere intervenciones más focalizadas y sostenidas en el tiempo. La evidencia disponible indica que las reducciones más significativas podrían alcanzarse mediante la aceleración de la electrificación en instalaciones de gran tamaño, la disminución progresiva del uso de carbón y la expansión sustancial de fuentes renovables tanto para consumo directo como para abastecimiento eléctrico. No obstante, estas transformaciones demandan una coordinación estrecha entre fabricantes, marcas, compradores y demás actores de la cadena de valor, debido a que los cambios tecnológicos implican inversiones considerables y horizontes de recuperación prolongados. Asimismo, las diferencias observadas entre países muestran que no existen soluciones universales y que las estrategias deben adaptarse a las condiciones energéticas, regulatorias y productivas de cada contexto. De manera complementaria, el fortalecimiento de sistemas de medición, seguimiento y transparencia resulta indispensable para identificar focos de emisión, evaluar avances y priorizar recursos hacia las áreas con mayor potencial de reducción. Bajo esta perspectiva, la descarbonización no depende exclusivamente de innovaciones tecnológicas aisladas, sino de la capacidad colectiva para transformar los patrones de consumo energético que sustentan la producción mundial de prendas, calzado y textiles. Solamente mediante cambios de escala considerable será posible reducir la brecha existente entre las metas climáticas internacionales y la trayectoria actual de emisiones del sector.

Para leer más ingrese a:

https://cascale.org/resources/publications/state-of-the-industry-report-2026-decarbonization-progress-in-the-apparel-footwear-textiles-industry/

https://cascale.org/wp-content/uploads/2026/01/Decarbonization-Progress-in-the-Apparel-Footwear-Textiles-Industry_v3.pdf

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