La integración de recursos de generación distribuida (DER) en las redes eléctricas ha traído consigo un incremento en la complejidad de garantizar la estabilidad y seguridad del sistema. La presencia de inversores en estos recursos requiere de mecanismos específicos para detectar y desconectar áreas que puedan energizarse de manera independiente del sistema principal, fenómeno conocido como islanding. La protección mediante Sistemas de Transferencia Directa (DTT) ha sido utilizada para responder rápidamente a esta situación, garantizando que las zonas aisladas no sigan alimentadas sin control, evitando riesgos para personal, equipos y la calidad del suministro.
A lo largo del tiempo, las prácticas relacionadas con la evaluación del riesgo de islanding y la implementación de protecciones han evolucionado con base en la experiencia y en investigación técnica. Aunque en etapas iniciales se confiaba en la aplicación generosa de DTT, actualmente las metodologías se orientan hacia enfoques más analíticos que consideran diversos factores, incluyendo las capacidades relativas de los generadores y las condiciones de carga del sistema. La utilización de estudios de riesgo, que implementan modelos computacionales y herramientas específicas, permite evaluar si el sistema presenta condiciones que puedan derivar en formación de islas y qué grado de riesgo representa esto en escenarios particulares. Estos análisis incluyen la consideración de la energía activa y reactiva de los recursos, dado que esta última puede ser determinante en la estabilidad de una zona aislada. La incorporación de herramientas como IPRAT favorece evaluaciones más precisas, facilitando decisiones sobre la necesidad de aplicar otras medidas de protección o modificar las existentes. Sin embargo, en muchas regiones persisten prácticas que todavía basan las evaluaciones en umbrales de energía activa, sin integrar los aspectos de energía reactiva, lo cual puede subestimar o sobreestimar los riesgos reales de islanding.
Por otra parte, las regulaciones y lineamientos existentes muestran una variedad en los criterios utilizados para definir cuándo activar protecciones o realizar estudios de riesgo. Algunas prácticas todavía hacen referencia a estándares no aprobados o basados en recomendaciones desactualizadas, como aquellas que sugieren impedancias de bancos de tierra sin respaldo técnico suficiente. Esta situación puede conducir a la adopción de requisitos excesivamente restrictivos o, por el contrario, a una insuficiente protección frente a riesgos reales, afectando la eficiencia de la integración de recursos renovables y distribuidos. Con el avance en el conocimiento técnico y la experiencia acumulada, ha sido posible reducir la dependencia exclusiva de protecciones estáticas y abrir paso a métodos basados en análisis probabilísticos, que consideran las características específicas de cada infraestructura y sus condiciones operativas. En particular, los estudios de riesgo de islanding permiten determinar si un escenario presenta un peligro significativo y si las protecciones existentes son suficientes. La realización de estos estudios suele requerir colaboración con especialistas y costos que, aunque elevados en comparación con las operaciones regulares, ofrecen una visión clara del riesgo.
Asimismo, con el uso de análisis ponderados y modelos más elaborados, la elección de mitigaciones puede estar mejor justificada. En algunos casos, esfuerzos para mejorar las protecciones no involucran solo la implementación de DTT, sino también la incorporación de protecciones adicionales, como detección de fallas a tierra, extensión de los intervalos de reconexión, o el empleo de funciones anti-islanding en los inversores, lo cual puede disminuir costos y aumentar la flexibilidad operativa. La posibilidad de utilizar diferentes combinaciones de protecciones, ajustadas a los riesgos específicos, contribuye a una gestión más eficiente y segura del sistema. En algunos contextos la introducción de prácticas actualizadas ha generado un cambio gradual en el enfoque regulatorio. La tendencia consiste en que los entes encargados de la regulación y supervisión fomenten metodologías basadas en análisis técnico y evidencia empírica, en lugar de depender de requisitos impuestos sin un respaldo técnico suficiente. Al promover análisis que consideren probabilidades, condiciones de carga, y características de los generadores, las políticas regulatorias ayudan a reducir costos innecesarios y a facilitar una integración más ordenada y segura de las tecnologías renovables distribuidas. Así, la transición energética puede avanzar sin comprometer la estabilidad del sistema, poniendo énfasis en una gestión técnica fundamentada y en el desarrollo de protecciones adaptadas a las condiciones actuales del sistema eléctrico.
Para leer más ingrese a:
https://irecusa.org/wp-content/uploads/2025/07/DTT-Paper-Final.pdf