La evolución del mercado eléctrico global en 2025 refleja una tendencia de crecimiento sostenido en la demanda, a pesar de las incertidumbres económicas que afectan algunos países. Este incremento en el consumo de electricidad se explica por diversos factores. En primer lugar, el aumento sostenido en sectores industriales, especialmente en actividades relacionadas con la tecnología de punta, como la fabricación de semiconductores y baterías, impulsa notablemente la necesidad de energía. La inversión en infraestructura manufacturera en países como Estados Unidos, donde el gasto en construcción ha aumentado considerablemente, favorece una utilización intensiva de electricidad una vez que las instalaciones se vuelven operacionales. Además, las actividades de electrificación en sectores como el transporte y la calefacción contribuyen de manera significativa a la demanda general, generando un equilibrio en el consumo de energía en diferentes áreas del consumo doméstico e industrial.
Por otro lado, las tendencias a nivel mundial muestran que la demanda de electricidad crecerá a una tasa promedio de aproximadamente 3,3% en 2025, alcanzando niveles históricos en comparación con la última década, especialmente si se toma en cuenta que el crecimiento en 2024 fue del 4,4%. La ralentización en la expansión económica global, evidenciada por revisiones en las perspectivas del producto interno bruto, ha llevado a una moderación en las proyecciones de crecimiento, pero no detiene el incremento en el consumo energético. Los países como China y la India, que en 2024 experimentaron picos de demanda por las altas temperaturas y la fuerte actividad económica, ahora muestran signos de una expansión más moderada en 2025. Sin embargo, Estados Unidos, apoyado en un consumo energético más dinámico, se sitúa como uno de los países con un crecimiento más acelerado en comparación con años anteriores.
Al mismo tiempo, la oferta energética en la matriz de producción se diversifica y amplía. El incremento en la generación a partir de fuentes renovables ratifica la tendencia de transición energética, en donde la capacidad instalada crece notablemente en comparación con los combustibles fósiles tradicionales. La expansión en renovables, particularmente en energía eólica y solar, desplaza paulatinamente a las fuentes térmicas de carbón, las cuales disminuyen en países como China e India, aunque en otras regiones, como Estados Unidos y la Unión Europea, se observa un aumento en la generación mediante carbón. Esta evolución se acompaña de una inversión en infraestructura que mejora la flexibilidad del sistema, dado que la presencia de más energías variables exige una mayor habilidad para gestionar la estabilidad y la seguridad del suministro eléctrico. Por otra parte, la situación de los precios de la electricidad se presenta de manera heterogénea a nivel regional. La Unión Europea, tras periodos de descenso, empieza a experimentar un incremento en los costos para industrias intensivas en uso energético, en parte agravado por un aumento en los precios mayoristas. La variabilidad en los precios responde a las condiciones del mercado, y la aparición frecuente de precios negativos en algunos momentos indica la necesidad de ajustar las estructuras regulatorias y de mercado para integrar mecanismos como el almacenamiento y la respuesta a la demanda, con el fin de mantener la estabilidad del sistema y mejorar la eficiencia económica.
Las interrupciones en el suministro, como los apagones en Chile, España y Portugal, evidencian la creciente vulnerabilidad de las redes eléctricas ante la expansión de la generación y el aumento en la complejidad operativa. La protección del suministro y la resiliencia del sistema se vuelven aspectos primordiales, requiriendo una actualización de los marcos regulatorios, códigos de red y requisitos de reserva, además de fortalecer las cadenas de suministro de componentes y tecnologías. En los primeros meses del año, la generación térmica presenta comportamientos distintos según las regiones. Mientras China e India redujeron su producción térmica de carbón en comparación con períodos anteriores, Estados Unidos y la Unión Europea experimentaron incrementos, principalmente impulsados por avances en las energías renovables que reducen la dependencia del carbón en algunos países. En conjunto, estas tendencias sugieren un proceso de transición energética que continúa expandiéndose, impulsada por la necesidad de abastecer una demanda creciente con fuentes más sostenibles, ajustando las infraestructuras existentes y enfrentándose a nuevos desafíos asociados a la flexibilidad y seguridad del sistema eléctrico global.
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