El comercio internacional de América Latina y el Caribe mostró en 2025 un repunte significativo, con un crecimiento estimado de 6,4% en el valor de las exportaciones de bienes. Este desempeño se explica principalmente por el aumento en los volúmenes exportados, mientras que los precios de los productos básicos mantuvieron una dinámica heterogénea. La región logró sostener una trayectoria expansiva en medio de un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad en los mercados y cambios en las políticas comerciales. La evolución fue generalizada en las subregiones, aunque con diferencias notables. Sudamérica experimentó una recuperación en la segunda mitad del año, impulsada por mayores envíos de metales como oro y cobre, además de productos agropecuarios como café y carne bovina. Mesoamérica, en particular Centroamérica, registró un repunte destacado gracias a la reversión de caídas previas y al dinamismo de países como Honduras y Nicaragua. México mantuvo un crecimiento estable, mientras que el Caribe mostró una expansión marcada por la disparidad entre países y una alta volatilidad.
El comportamiento de los precios de los principales productos básicos exportados reflejó contrastes. El café se encareció de manera significativa debido a factores climáticos y regulatorios, mientras que la soja y el azúcar continuaron en descenso por mayores cosechas y condiciones más favorables en los mercados internacionales. El oro se consolidó como un activo de refugio en medio de la incertidumbre global, con un incremento superior al 40%, y el cobre también mostró una tendencia positiva. En contraste, el petróleo y el mineral de hierro profundizaron su caída, afectados por la debilidad de la demanda en China y el aumento de la oferta en países productores. La demanda de los principales socios comerciales fue volátil y asincrónica. La Unión Europea mantuvo un ritmo de expansión estable, lo que permitió a la región ganar participación en sus importaciones. China atravesó una contracción en la primera parte del año, seguida de un repunte en el segundo semestre, mientras que Estados Unidos mostró un desempeño mixto: Un aumento inicial por adelantamiento de compras frente a la subida de aranceles, seguido de una desaceleración hacia finales de 2025. El comercio intrarregional también se expandió, aunque a un ritmo menor que las importaciones totales, lo que redujo ligeramente su participación relativa.
El análisis por países revela contrastes importantes. Perú lideró con un crecimiento cercano al 20%, impulsado por metales y productos agrícolas. Brasil logró revertir la contracción del año anterior, mientras que Argentina y Uruguay enfrentaron caídas en sus exportaciones. En Centroamérica, El Salvador y Honduras lograron recuperarse, mientras que Panamá mostró un desempeño excepcional por el aumento de sus envíos hacia Asia. En el Caribe, la República Dominicana y Trinidad y Tobago destacaron, aunque la subregión en su conjunto mantuvo una elevada volatilidad. Las importaciones también se aceleraron, con un crecimiento estimado de 6,1%, duplicando la tasa del año previo. Este comportamiento refleja tanto la recuperación de la demanda interna como la mayor integración con los flujos globales. Sin embargo, la región sigue enfrentando riesgos derivados de la incertidumbre en la economía mundial, la dirección de las políticas comerciales y la tendencia contractiva en algunos precios básicos.
América Latina y el Caribe consolidaron en 2025 un sendero de expansión comercial sostenida, apoyada en el dinamismo de los volúmenes exportados y en la diversificación de destinos. No obstante, la volatilidad de los precios y la incertidumbre global plantean un escenario desafiante para 2026. La región deberá aprovechar las oportunidades de integración y diversificación, al tiempo que fortalece su capacidad de adaptación frente a un entorno internacional cambiante.
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