El conflicto en Oriente Medio ha generado una conmoción profunda en los mercados mundiales del gas, provocando distorsiones significativas tanto en el suministro como en la demanda y modificando las perspectivas a mediano plazo. La interrupción casi total del tránsito por el Estrecho de Ormuz ha resultado en una pérdida cercana al 20% del suministro global de gas natural licuado (GNL), derivada en gran medida del cierre efectivo de esta ruta estratégica y los daños ocasionados en las instalaciones de licuefacción en la región. Estas afectaciones no sólo han provocado una volatilidad pronunciada en los precios del gas en Asia y Europa, alcanzando niveles no vistos desde la crisis energética de 2022/23, sino que también han generado una respuesta inmediata en las políticas y comportamientos de los consumidores, quienes han buscado reducir su consumo mediante medidas de ahorro y cambios hacia combustibles alternativos, especialmente en mercados asiáticos sensibles a las fluctuaciones de precios.
A medida que el suministro de GNL ha retrocedido, principalmente por la parada de varias plantas en Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, las exportaciones hacia Asia se han visto severamente impactadas, considerando que casi 90% de los volúmenes que atravesaban Ormuz tenían como destino esta región. La capacidad limitada de otros actores del mercado para compensar este déficit ha aumentado la presión sobre los precios, fomentando la diversificación del aprovisionamiento y, simultáneamente, impulsando ajustes en la mezcla energética. También en Europa, a pesar de una menor exposición directa al cierre del estrecho, la importación récord de GNL durante el invierno 2025/26 demostraba una creciente dependencia de este recurso como fuente de suministro estable frente a la caída en las importaciones de gas por ductos y la baja producción interna. No obstante, la demanda en Europa se redujo levemente, influida por un aumento en la generación eléctrica renovable y un invierno con condiciones climáticas particularmente frías que generaron picos en el consumo en varios territorios.
En el ámbito regional, las pérdidas en la producción de gas asociadas a los sectores petrolíferos, impactados por la reducción en la producción y ataques directos a infraestructuras estratégicas, han agravado la situación local, evidenciando la estrecha interrelación entre los mercados del gas y el petróleo en Oriente Medio. Particularmente, la paralización o afectación de campos y plantas esenciales en Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita ha limitado el suministro a mercados domésticos y a países vecinos que dependen de esos recursos. Las perspectivas para el mediano plazo se han visto igualmente alteradas debido a daños en instalaciones de Qatar, obligando a retrasar proyectos importantes de expansión de capacidad que hubieran contribuido a aliviar las tensiones en el mercado global. La combinación de estos factores ha generado una reducción estimada de cerca de 120 bcm en el suministro acumulado de GNL en el periodo 2026-2030, con implicaciones significativas para la seguridad energética mundial.
Frente a este escenario, las respuestas políticas tanto en países productores como consumidores han buscado mitigar los efectos adversos mediante la flexibilización normativa para incentivar fuentes alternativas de generación y el establecimiento de mecanismos para priorizar el suministro a sectores esenciales. En naciones asiáticas, la promoción del cambio de combustible hacia el carbón y rescates regulatorios para plantas térmicas han sido implementados para reducir la presión sobre la demanda de gas. Asimismo, India ha adoptado medidas para priorizar el abastecimiento hacia sectores críticos como el doméstico y la producción de fertilizantes, mientras observa una reducción en el consumo industrial y un notable aumento en el uso de otros derivados energéticos. Estas dinámicas reflejan una adaptación acelerada a las circunstancias excepcionales, aunque con riesgos asociados a la volatilidad continua de precios y la incertidumbre sobre la duración de las interrupciones del suministro. En suma, la crisis revela la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y diversificar fuentes y rutas de suministro, consolidando un marco de seguridad energética más robusto que permita enfrentar shocks futuros similares.
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