El mercado mundial del gas natural atraviesa un periodo de distorsión profunda por el hecho de que el conflicto en Oriente Próximo ha alterado los equilibrios de suministro que se habían| estabilizado durante el año 2025. El cierre de facto del Estrecho de Ormuz a finales de febrero de 2026 interrumpió el flujo de cargamentos de gas natural licuado (GNL) que representan casi el 20% del suministro global, desencadenando una volatilidad de precios extrema. Aunque el acuerdo interino alcanzado en junio entre Estados Unidos e Irán ha permitido un reinicio gradual del tráfico marítimo, los volúmenes transportados se mantienen significativamente por debajo de los niveles previos a la confrontación. Esta situación ha forzado a los mercados de importación en Asia y Europa a reaccionar con rapidez, registrando en marzo de 2026 los promedios mensuales de precios más elevados desde la crisis energética de 2022-2023. Por lo tanto, se estima que la demanda mundial de gas se contraerá un 0,5% durante el presente año, lo que supone el tercer descenso anual registrado en la presente década.
En respuesta a la caída drástica de las exportaciones desde el Golfo, otros productores internacionales han incrementado su actividad para intentar equilibrar el sistema global. Entre marzo y junio de 2026, los cargamentos procedentes de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos disminuyeron en 35.000.000.000 de metros cúbicos (bcm), pérdida que fue compensada en un 75% por el aumento de la producción en Norteamérica y África. La producción de GNL fuera del Golfo creció casi un 18% interanual en este periodo, apoyada por la entrada en operación de nuevos proyectos de licuefacción. No obstante, los precios al contado en Europa aumentaron un 32% interanual, situándose cerca de los 16 USD/MBtu, mientras que en Asia el incremento fue del 45%, alcanzando los 17,5 USD/MBtu. Esta disparidad de precios provocó el desvío de cargamentos flexibles hacia los mercados asiáticos, los cuales se vieron afectados de manera directa por la interrupción de las rutas comerciales tradicionales.
Por otra parte, el impacto del conflicto se ha extendido de forma alarmante hacia los mercados globales de fertilizantes, puesto que el gas natural es un insumo indispensable para su fabricación. El Estrecho de Ormuz es una ruta vital para estos productos, concentrando el 25% del comercio marítimo mundial de urea y el 18% del de amoníaco. Debido a la paralización de las entregas y al encarecimiento del combustible, los precios de la urea se duplicaron entre marzo y mayo de 2026, superando los 800 dólares por tonelada. Simultáneamente, el precio del azufre se multiplicó por cinco, lo que ha erosionado la rentabilidad de la producción de fosfatos y amenaza la seguridad alimentaria en regiones vulnerables como África. A este escenario se suma la implementación de políticas de sustitución de gas por carbón en el sector eléctrico de Asia y Europa, con el objetivo de mitigar la escasez de suministro y estabilizar las tarifas de electricidad.
Bajo esta perspectiva de escasez, las proyecciones indican que los mercados permanecerán más tensos de lo previsto originalmente durante los años 2026 y 2027. Se estima que las pérdidas acumuladas de suministro de GNL hasta 2030 ascenderán a 140 bcm por el hecho de que infraestructuras críticas, como el complejo Ras Laffan en Qatar, han sufrido daños que requerirán entre tres y cinco años para ser reparados. A pesar de estos contratiempos, la industria muestra señales de resiliencia a largo plazo mediante un nivel récord de pedidos de nuevos buques metaneros, con una cartera de pedidos que equivale al 45-50% de la flota existente. Adicionalmente, el crecimiento de la producción de gas seco en Estados Unidos, proyectado en un 3% para 2026, y la recuperación de la producción en Eurasia brindan un contrapeso necesario. El fortalecimiento de la cooperación internacional y el diálogo entre productores y consumidores resultarán fundamentales para robustecer la arquitectura de la seguridad energética global ante futuras perturbaciones geopolíticas.
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