Gestión de las transformaciones en una era de rupturas

El orden internacional de posguerra, que durante ocho décadas sostuvo la cooperación multilateral, está siendo reemplazado por uno regido en mayor medida por relaciones de poder. Las rupturas se expresan en tres planos que se refuerzan entre sí: la fragmentación del sistema multilateral, la instrumentalización de la interdependencia económica y la competencia por el liderazgo tecnológico. Entre 2025 y 2026, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París y de la Organización Mundial de la Salud, y anunció su salida de 66 organismos internacionales. Su arancel promedio pasó de 2,2% en enero de 2025 a 11,0% en octubre, tras la imposición de aranceles recíprocos de hasta 50% a más de 80 países, que la Corte Suprema declaró inconstitucionales en febrero de 2026 y fueron reemplazados por un arancel de 10%. En este escenario, América Latina y el Caribe se reubica como terreno de competencia geopolítica y como región con activos estratégicos revalorizados: recursos naturales, entre ellos sus fuentes de energía y minerales críticos, capacidades productivas, talento y un mercado de más de 600 millones de personas.

Ese contexto interactúa con tres trampas del desarrollo que afectan a la mayoría de los países de la región: una de baja capacidad para crecer, otra de alta desigualdad, baja movilidad y débil cohesión social, y una tercera de capacidades institucionales débiles y gobernanza poco efectiva. El producto interno bruto creció a una tasa anual promedio ponderada de solo 0,9% entre 2014 y 2023, inferior al 2,0% de la década perdida de los años ochenta, y de 1,3% entre 2016 y 2025, lo que plantea la pregunta de si la región evitará una tercera década perdida. Para superar diez brechas estructurales, la CEPAL propone once transformaciones indispensables y sostiene que el desarrollo exige claridad sobre los objetivos y también una gestión efectiva de los procesos para alcanzarlos. Con ese fin profundiza cuatro elementos: las capacidades institucionales técnicas, operativas, políticas y prospectivas, la gobernanza, la economía política y el diálogo social, a los que suma los conceptos de gobernanza endógena y capacidad transformadora.

Tres transformaciones reciben tratamiento detallado. La primera es aprovechar la transformación digital y la inteligencia artificial para superar la trampa de baja capacidad para crecer: estas tecnologías pueden elevar la productividad, reducir costos de transacción, ampliar el acceso a mercados y modernizar la capacidad del Estado, pero su adopción debe ser real y efectiva, no meramente formal. El análisis examina brechas de conectividad significativa, de competencias digitales, de talento, de adopción empresarial y de capital de riesgo, y propone un marco de políticas con un eje de demanda, un eje de oferta y un eje de coordinación. La segunda es una nueva etapa de integración regional, orientada a dinamizar el crecimiento, el desarrollo productivo y el empleo mediante el desarrollo conjunto de infraestructura, la facilitación del comercio, el comercio de servicios modernos, la inversión intrarregional, la cooperación digital y la puesta en valor de bienes públicos regionales. La tercera es una macroeconomía para el desarrollo con fiscalidad sana y fuerte, que parte de choques externos cada vez más frecuentes y de un deterioro del espacio de política, y examina la política fiscal, la monetaria, la cambiaria y la prudencial, así como la reforma de la arquitectura financiera internacional a partir del Compromiso de Sevilla.

El documento se concibe como una herramienta de diálogo político para los gobiernos de la región, y no como un informe técnico sectorial: no trata de forma específica el sector eléctrico. Su valor está en el marco que ofrece para decidir y gestionar transformaciones de largo plazo, como la transición energética y la digitalización, en un entorno de competencia tecnológica, restricciones fiscales y alto costo del financiamiento. Resalta el papel de las capacidades institucionales, la coordinación público-privada y el diálogo social para sostener políticas en el tiempo, y plantea que la región debe ganar capacidades propias en tecnologías digitales y en inteligencia geopolítica para convertir activos como sus fuentes de energía y sus minerales críticos en ganancias de desarrollo.

Para leer más ingrese a:

https://www.cepal.org/es/publicaciones/90368-gestion-transformaciones-era-rupturas

https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/00acffe8-5d47-40b7-9156-595da4ec8f85/content

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