El hidrógeno se consolida como un vector energético relevante para avanzar hacia la descarbonización global, aunque su despliegue sigue siendo desigual y más lento de lo esperado a inicios de la década. La demanda mundial alcanzó casi 100 millones de toneladas en 2024, impulsada principalmente por usos tradicionales como la refinación y la industria química, mientras que las aplicaciones emergentes, como los combustibles para transporte marítimo y aviación, representan todavía menos del 1 % del total. A pesar del crecimiento, la producción de hidrógeno de bajas emisiones continúa siendo marginal, con menos del 1 % de la oferta global, aunque se prevé un incremento de cinco veces hacia 2030 con los proyectos que ya están en operación o han alcanzado decisión final de inversión.
El desarrollo de nuevos proyectos enfrenta desafíos de costos, infraestructura y regulación. La brecha de costos con respecto a la producción convencional a partir de combustibles fósiles se ha ampliado por la caída de los precios del gas natural y el encarecimiento de electrolizadores, lo que mantiene la necesidad de mecanismos de apoyo. Sin embargo, se proyecta que esta brecha se reduzca hacia el final de la década, especialmente en regiones con abundantes renovables o precios de gas más altos, donde la electrólisis podría volverse competitiva.
China se ha posicionado como líder en la fabricación y despliegue de electrolizadores, concentrando casi el 60 % de la capacidad global de manufactura y más de la mitad de la capacidad instalada. Este liderazgo ha generado presión sobre fabricantes de otras regiones, que enfrentan disminución de ingresos y posibles procesos de consolidación. No obstante, la instalación de equipos chinos en el extranjero todavía enfrenta barreras relacionadas con estándares técnicos, eficiencia y costos operativos, aunque los fabricantes están trabajando en superarlas.
En el ámbito de la demanda, los acuerdos de compra siguen concentrándose en usos industriales como la refinación, la producción de amoníaco y metanol, así como en el transporte marítimo. El avance de cuotas y mandatos regulatorios en la Unión Europea, India, Japón y Corea busca crear señales de mercado más firmes, aunque su implementación es lenta y varía entre países. Para acelerar la adopción se plantea que las políticas se enfoquen primero en sustituir la producción existente de hidrógeno fósil y que utilicen herramientas como contratos por diferencia, licitaciones y compras públicas para crear mercados de referencia que den certidumbre a los inversionistas.
La infraestructura portuaria se perfila como punto estratégico para el suministro de combustibles a base de hidrógeno, dado que gran parte de la demanda y producción actual se localiza en torno a estos nodos logísticos. La construcción de instalaciones de abastecimiento en los principales puertos podría cubrir la mayoría de las rutas marítimas, evitando cuellos de botella en el futuro cercano. En economías emergentes, el potencial es considerable debido a su dotación de recursos renovables, pero el avance depende de superar el alto costo de capital, atraer inversión extranjera y desarrollar capacidades domésticas. Aprovechar la producción para sustituir importaciones de fertilizantes o acero permitiría mejorar la seguridad alimentaria y energética, al tiempo que se generan exportaciones con mayor valor agregado.
El panorama indica que el sector avanza, aunque a un ritmo heterogéneo. El reto consiste en convertir los anuncios en proyectos concretos mediante políticas estables, incentivos bien diseñados y cooperación internacional, de modo que el hidrógeno pueda convertirse en una pieza efectiva de la transición energética y en una oportunidad de desarrollo industrial en las próximas décadas.
Para leer más ingrese a: