El cambio climático, la contaminación y la degradación de ecosistemas actúan como multiplicadores de estrés sobre la salud y el bienestar en Asia y el Pacífico. La región, hogar de cerca del 60 % de la población mundial, enfrenta la mayor frecuencia de desastres climáticos y meteorológicos del planeta. En 2022 esos eventos causaron más de 7.500 muertes y afectaron a más de 64 millones de personas. Al mismo tiempo, la urbanización rápida, el cambio demográfico y las presiones económicas interactúan con estos riesgos y generan impactos en cascada sobre sociedades y economías. La salud hace visibles esas interconexiones: las decisiones en energía, urbanismo, agua, alimentos y transporte condicionan la vulnerabilidad, la preparación y el bienestar de las personas.
Los costos de la inacción son elevados. Hacia 2050, las muertes atribuibles al cambio climático en países de ingreso bajo y medio podrían situarse entre 14,5 y 15,6 millones, y el sur de Asia podría perder entre el 1,2 % y el 2,6 % del PIB por impactos sanitarios relacionados con el clima. Los sistemas de salud, a su vez, contribuyen a la presión ambiental a través del uso de energía y agua, la cadena de suministro y los residuos médicos. Las respuestas fragmentadas por sector resultan insuficientes. El PNUD plantea una visión de sistemas resilientes e integrados que protejan la salud, sostengan los ecosistemas y permitan a las comunidades prosperar ante el cambio climático y ambiental.
La transformación se articula en tres pilares mutuamente reforzados. El primero es la gobernanza alineada: fortalecer marcos institucionales y de política, mejorar la coherencia entre sectores, conectar prioridades nacionales con realidades locales y habilitar participación significativa, en un contexto de gobernanza muy diversa que va desde megaciudades hasta islas remotas. El segundo es el financiamiento sostenible: alinear recursos domésticos y externos, movilizar instrumentos innovadores y finanzas mixtas, fortalecer la gestión financiera pública y construir casos de inversión que generen co-beneficios en salud, clima y medio ambiente. El tercero son las soluciones de entrega: servicios de salud climáticamente inteligentes y de bajo carbono, cadenas de suministro y logística resilientes, sistemas de alerta temprana integrados, reducción de impulsores ambientales del riesgo sanitario y uso de herramientas digitales e inteligencia artificial para anticipación y continuidad de servicios.
La implementación se apoya en asociaciones con gobiernos, OMS, PNUMA, bancos multilaterales y sociedad civil; en el fortalecimiento de capacidades institucionales; en el escalamiento de enfoques integrados más allá de pilotos; y en el aprovechamiento de la innovación digital. El resultado esperado es que la gobernanza permita decisiones intersectoriales, que los beneficios de la acción climática, ambiental y sanitaria se incorporen a los sistemas de financiamiento, que los servicios esenciales sean más resilientes y de bajo carbono, y que las comunidades más expuestas accedan a mayor protección y a menores riesgos ambientales para la salud.
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