La dinámica del mercado petrolero en 2026 se caracteriza por una contracción en la demanda mundial, influenciada por múltiples factores que afectan tanto el consumo como la producción. La demanda global se proyecta disminuir en 420 mil barriles diarios en comparación con el año anterior, resultado de un entorno económico debilitado, precios elevados y medidas de ahorro implementadas por actores diversos. Durante el segundo trimestre, esta caída es todavía más notoria, con especial impacto en los sectores petroquímico y de aviación, donde la disponibilidad de materias primas se ha restringido considerablemente. La reducción del tráfico aéreo, reflejada en una disminución en los kilómetros por pasajeros transportados, también contribuye a la baja en el consumo de queroseno y combustibles para aviación, mientras que el consumo de combustibles para carretera muestra una respuesta más resiliente impulsada por compras precautorias en un contexto de incertidumbre.
Simultáneamente, la oferta mundial de petróleo se ha visto afectada por las pérdidas de producción derivadas del cierre del Estrecho de Ormuz, con un descenso acumulado que supera los 14 millones de barriles diarios respecto a niveles previos al conflicto. A pesar de esta situación, ciertos países del Atlántico han incrementado notablemente su producción y exportaciones, aportando un alivio parcial a las restricciones del suministro. Estas modificaciones en los flujos comerciales, junto con la reducción en las importaciones de grandes consumidores asiáticos como China, Japón, Corea e India, modelan un entorno donde los inventarios globales experimentan disminuciones continuas, en especial las reservas on-land en países de la OCDE. Esta caída en los inventarios refleja el esfuerzo de los mercados por equilibrar la oferta y la demanda ante las interrupciones persistentes, provocando una volatilidad significativa en los precios del crudo, que durante abril alcanzaron fluctuaciones de casi 50 dólares por barril.
En la esfera de la refinación, el escenario se torna desafiante debido a la caída de los procesamientos de crudo, que se proyectan reducirse en más de 4 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre, afectando la disponibilidad de productos derivados. Sin embargo, a pesar de esta contracción, los márgenes de refinación mantienen niveles históricamente elevados, impulsados por los precios récord en productos intermedios como los destilados medios. En respuesta a los obstáculos operativos y restricciones en las exportaciones, las refinerías están adaptando sus rutas comerciales, favoreciendo nuevos flujos de productos para compensar las pérdidas originadas por la desconexión del Golfo Pérsico. Estos ajustes también se reflejan en los mercados de derivados, donde la reducción en la oferta de gasóleos del Medio Oriente afecta de forma más severa a los mercados emergentes, que deben buscar fuentes alternativas o ajustar la demanda.
Los mercados continúan enfrentando incertidumbres significativas, tanto por la evolución del conflicto en el Medio Oriente como por la velocidad y capacidad de recuperación de los suministros una vez que se resuelvan las interrupciones en el Estrecho de Ormuz. En este contexto, la demanda muestra signos de recuperación hacia finales de año, siempre suponiendo una reanudación gradual de los flujos desde junio. Sin embargo, la recuperación en la oferta podría ser más lenta debido a daños en infraestructura y limitaciones logísticas. Por lo tanto, la escasez de inventarios persistirá durante gran parte del año, alimentando la volatilidad de los precios y la presión en los mercados de productos derivados. De esta forma, la adaptación de las cadenas de suministro y los patrones de consumo permanece como un elemento determinante para la estabilidad del mercado petrolero en 2026.
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