La gestión eficaz del ecosistema de partes interesadas constituye un pilar estratégico para el desarrollo de modelos de negocio que permitan escalar la flexibilidad de la demanda en el borde de la red. Este enfoque se centra en la capacidad de reducir, desplazar, generar o modular las cargas eléctricas en respuesta a las necesidades de los edificios y de la red, optimizando así las inversiones en infraestructura y fortaleciendo la fiabilidad del sistema. La cadena de valor de la flexibilidad involucra una red compleja de actores, desde desarrolladores de software y hardware hasta gestores de propiedades y reguladores, quienes deben colaborar estrechamente para entregar beneficios tangibles a los clientes finales. Por consiguiente, la orquestación de estas alianzas estratégicas permite aprovechar las capacidades complementarias de organizaciones tradicionales, como las empresas de servicios públicos, y de nuevos participantes tecnológicos que ofrecen soluciones innovadoras para la gestión energética.
Bajo este contexto, los implementadores de programas se enfrentan a desafíos significativos relacionados con la comunicación y la alineación de objetivos entre los socios. Los cambios en las prioridades estratégicas a corto plazo de los participantes pueden alterar la implementación de los programas y comprometer la propuesta de valor ofrecida a los usuarios. De igual forma, la falta de una visión compartida a largo plazo aumenta el riesgo para la escalabilidad futura, especialmente cuando las empresas de servicios públicos modifican sus planes de inversión o prioridades operativas. Otro obstáculo relevante es la dificultad de garantizar una entrega de información de alta calidad cuando múltiples socios se comunican directamente con los clientes, lo cual puede generar confusión y reducir la efectividad de las labores de educación y captación.
Por otro lado, la preparación de los proveedores y la colaboración técnica presentan retos adicionales que deben ser gestionados mediante estrategias de mitigación proactivas. Existe a menudo una brecha entre las capacidades actuales de los productos comerciales y los requisitos específicos de los programas de flexibilidad, lo que obliga a los implementadores a dedicar recursos considerables para ajustar los diseños tecnológicos. Asimismo, la falta de experiencia previa en la integración de múltiples recursos energéticos distribuidos (DER) por parte de contratistas y administradores de programas puede afectar el éxito operativo inicial. Por su parte, la posibilidad de un bajo rendimiento de los socios en actividades críticas, como la previsión del potencial de flexibilidad o la gestión de eventos, requiere el establecimiento de planes de contingencia claros para proteger la integridad de los servicios prestados a la red.
De modo complementario, las lecciones aprendidas en los programas estadounidenses sugieren que la definición precisa de roles y responsabilidades a lo largo del ciclo de vida del programa es esencial para la eficiencia operativa. La estandarización de los procesos de entrega y la creación de estructuras de gobernanza compatibles con los objetivos de todos los socios facilitan la replicabilidad y reducen los costos de administración. Además, el fomento de relaciones sinérgicas donde cada actor perciba beneficios claros por su participación asegura el compromiso a largo plazo y la sostenibilidad del modelo de negocio. A modo de cierre, la implementación de estándares de industria para la comunicación y la recopilación de datos, junto con medidas robustas de ciberseguridad, permitirá que las plantas virtuales de energía y otras soluciones de flexibilidad sean percibidas como recursos tan fiables y predecibles como los activos de generación tradicionales.
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