A medida que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) alcanzan niveles alarmantes, hay una presión creciente para que los países adopten políticas ambientales más agresivas. Sin embargo, las preocupaciones en relación con sus efectos económicos y distributivos obstaculizan su adopción, dado que la reducción de emisiones significa reasignar los recursos fuera de sectores intensivos en carbono hacia sectores con bajas emisiones de carbono. Un ejemplo claro de esta tensión se puede observar en Estados Unidos, con el abandono del Acuerdo de París de la administración Trump, acuerdo al que más tarde se reintegró la administración Biden. Los efectos distributivos también figuran visiblemente en este debate, como lo demuestran las recientes manifestaciones de los chalecos amarillos en Francia. Los resultados de este proyecto sugieren que los países pueden utilizar los impuestos sobre el carbono para lograr sus objetivos de mitigación del cambio climático con una perturbación económica relativamente pequeña, dado que el efecto negativo total en el PIB es generalmente pequeño. Debido a la importancia de la reducción de emisiones de gases de efecto inverna- dero, resulta provechoso adoptar una política de impuestos sobre el carbono, con una advertencia importante, a saber, que debido a la adopción de los impuestos sobre el carbono los trabajadores en los sectores de energía sucia se exponen a perder. A pesar de que constituyen una fracción relativamente pequeña de la fuerza laboral, los responsables de las políticas deberían anticiparse a la necesidad de una red de seguridad para estos empleados. Por último, los efectos de los impuestos sobre el carbono pueden variar considerablemente según los países. Por este motivo, los gobiernos deberían contar con análisis especializados que den cuenta de las circunstancias específicas de su país. Los impuestos sobre el carbono pueden ayudar a los países a alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático con pocas perturbaciones económicas. Al aplicar impuestos sobre el carbono, Estados Unidos puede reducir las emisiones de carbono en un 26% y tener un efecto negativo en el PIB anual de no más del 0,8%. Si bien los trabajadores cualificados en los sectores contaminantes experimentan pérdidas considerables de los ingresos por los impuestos del carbono, solo representan menos del 2% de la fuerza laboral en Estados Unidos. Además, los trabajadores en el sector de las energías renovables pueden beneficiarse de los impuestos sobre el carbono. En resumen, los impuestos sobre el carbono pueden ser una herramienta efectiva para mitigar el cambio climático sin causar grandes perturbaciones económicas.
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