Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es “lograr la cobertura sanitaria universal, en particular la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos”. La estrategia para lograrlo es proveer la Cobertura Universal en Salud (CUS), en la que se enmarca la respuesta al cambio climático. Sin embargo, el cambio climático agrega nuevos desafíos en el avance hacia la CUS, debido que genera un incremento de la demanda asistencial (por sus efectos directos e indirectos de la salud de la población) y amenaza a la continuidad de los servicios de salud (por el daño sobre las infraestructuras y su funcionamiento). En América Latina y el Caribe, donde más del 50% de los países presenta una alta vulnerabilidad frente al cambio climático, los sistemas de salud no son resilientes al clima y la inversión climática del sector salud es aún insuficiente. Estas debilidades no se asocian únicamente al cambio climático, sino que dan cuenta de las limitaciones del sistema para garantizar el acceso a la CUS. Hay coincidencia entre la respuesta al cambio climático y la estrategia para conseguir la CUS, debido que ambas deberían aumentar la cobertura de los servicios, la disponibilidad de personal, así como mejorar la infraestructura, los insumos y enfrentar las falencias en la capacidad gerencial de sistemas y servicios de salud. El cambio climático está afectando la salud de la población de manera indirecta, a través de su efecto en la calidad del agua, el aire, el suelo, así como el entorno ecológico. Por ejemplo, las inundaciones dañan directamente los cultivos y pueden contaminar el medioambiente por el arrastre de aguas residuales, productos químicos o materia orgánica en descomposición. Esto puede afectar la producción de alimentos, y generar inseguridad alimentaria y problemas de nutrición de la población. La quema de combustibles fósiles y los efectos del cambio climático (sequías, incendios) provocan un aumento de material particulado a la atmósfera. A nivel mundial, la contaminación del aire causa la muerte prematura de más de 3 millones de personas cada año. En América Latina mueren por ello alrededor de 138.000 personas cada año. Específicamente en 2020, Brasil y México vieron el mayor número de muertes prematuras atribuibles a la contaminación del aire por partículas finas en la región, con 19.300 y 13.200 muertes, respectivamente, lo que también conllevó el incremento de afecciones cardiovasculares (80%), enfermedades en el sistema respiratorio (14%) y cáncer pulmonar (6%). El sistema de salud enfrenta un triple desafío frente al cambio climático. El primero es responder a la afectación de la salud de la población provocada por sus efectos; el segun– do consiste en mantener operativos los servicios de salud frente a las amenazas de daño a los establecimientos, la suspensión de los servicios básicos, las limitaciones de acceso e interrupción logística; y el tercero es contribuir a la reducción de su huella de carbono. Si no se actúa de forma inmediata, se estima que el cambio climático se irá intensifican- do en las próximas décadas y sus efectos serán cada vez más graves. Con este documen– to, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) busca apoyar el dialogo con los países de la región sobre el cambio climático y la salud para: (i) entender los principales desafíos de los sistemas de salud frente al cambio climático (sección 1); (ii) identificar las oportunida– des para enfrentar el cambio climático (sección 2); y (iii) proponer intervenciones concre– tas de adaptación, como la preparación ante clima extremo y de mitigación3 del sistema de salud para que pueda reducir su huella de carbono (sección 3).
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