El acceso universal a servicios modernos de cocina sigue siendo una deuda pendiente en gran parte del continente africano. A pesar de los avances globales en materia de energía sostenible, una proporción significativa de la población africana depende aún de métodos tradicionales que emplean biomasa, carbón o queroseno, con implicaciones negativas tanto para la salud como para el medio ambiente. Esta situación también limita el desarrollo económico y perpetúa desigualdades sociales, especialmente en contextos rurales y vulnerables. Uno de los factores que explican esta persistencia es la falta de integración de la cocina limpia en los marcos energéticos y de desarrollo nacionales. Las soluciones disponibles tienden a fragmentarse en iniciativas aisladas, sin una estrategia sostenida que abarque financiamiento, tecnología y acceso equitativo. Además, las políticas energéticas suelen priorizar el acceso a electricidad o grandes infraestructuras, dejando de lado las soluciones domésticas de uso cotidiano que afectan directamente a millones de hogares.
La relación entre pobreza energética y desigualdad de género es también evidente. Las mujeres, quienes suelen encargarse de las tareas de cocina y recolección de leña, enfrentan riesgos diarios para su salud y seguridad, al tiempo que ven limitadas sus oportunidades educativas y laborales. Mejorar el acceso a tecnologías de cocina limpia no solo disminuye la exposición a contaminantes, sino que libera tiempo y recursos que podrían emplearse en actividades más productivas. Para revertir esta situación, se requieren marcos integrados de acción que consideren el acceso a la cocina moderna como un componente esencial de los objetivos climáticos y de desarrollo sostenible. Esto implica incluir metas específicas dentro de las estrategias energéticas nacionales y subnacionales, asegurar que los planes estén respaldados por presupuestos y mecanismos de rendición de cuentas, y priorizar a las comunidades más rezagadas.
El financiamiento también representa un obstáculo considerable. A pesar de los beneficios conocidos de estas soluciones, los flujos de inversión no han sido consistentes ni proporcionales a la magnitud del problema. La movilización de recursos públicos y privados requiere estructuras de incentivos que reduzcan riesgos, impulsen la innovación y faciliten el escalamiento de modelos exitosos. Además, se necesita fortalecer la coordinación entre gobiernos, agencias internacionales, instituciones financieras y actores locales para garantizar intervenciones sostenibles y adecuadas al contexto. Existen tecnologías viables y adaptadas a diferentes necesidades, desde cocinas mejoradas de biomasa hasta soluciones eléctricas o basadas en gas licuado. Sin embargo, su adopción masiva depende de factores como el costo, la accesibilidad, las preferencias culturales y la disponibilidad de redes de distribución. Por ello, cualquier estrategia efectiva debe combinar innovación técnica con comprensión social y mecanismos inclusivos de participación comunitaria.
La mejora en la recopilación de datos y en el seguimiento del progreso permite identificar brechas, orientar políticas y adaptar las intervenciones. El uso de indicadores desagregados por género, región y nivel de ingresos contribuye a diseñar respuestas más precisas. Igualmente, los esfuerzos deben centrarse en la creación de capacidades institucionales y comunitarias que fortalezcan la apropiación local de las soluciones. Lograr un cambio significativo en el acceso a cocina limpia en África requiere reconocerlo como una prioridad estructural. A través de la voluntad política, la alineación de actores, la planificación coherente y la movilización de recursos adecuados, es posible transformar un problema persistente en una oportunidad de desarrollo, salud y equidad para millones de personas en el continente.
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