Uruguay ha demostrado que la apuesta por la sostenibilidad es compatible e incluso conducente al crecimiento económico. En los últimos 30 años, el país ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de sus sectores económicos en más del 40% y se ubica hoy como líder mundial en la proporción de electricidad proveniente de fuentes renovables, llegando a alcanzar hasta un 98%. Además, gracias a sus esfuerzos para conservar su capital natural, ha logrado invertir en tecnologías innovadoras y prácticas agroindustriales sostenibles para suplir la creciente demanda mundial por sus productos sin incurrir en deforestación ni generar mayor impacto ambiental. Esta historia de éxito ha sido el resultado de políticas nacionales y departamentales sólidas que han contado con respaldo pluripartidista; de un fuerte involucramiento del sector privado y la sociedad civil, quienes han acogido favorablemente los conceptos de sostenibilidad. Con una economía fuertemente basada en su capital natural, es coherente que la nación haya priorizado los temas ambientales y
que haya sido activa a nivel internacional, incluso desde antes del Acuerdo de París. Sus instituciones muestran un fuerte interés por promover una coordinación interministerial y traducir en políticas la visión transversal del cambio climático que ha permitido que Uruguay avance de manera sostenida hacia un desarrollo bajo en carbono, resiliente e inclusivo. Alcanzar los objetivos del Acuerdo de París requiere una mayor escala de financiamiento climático y una fuerte mobilización de capital privado. Para acceder a estos recursos, los países deben desarrollar nuevos instrumentos financieros basados en resultados y acceder a los mercados de deuda verde. En ambos casos, se hace necesario contar con sistemas de transparencia climática fuertes (MRV – monitoreo, reporte
y verificación). Con una producción limpia de energía garantizada, el país se enfoca ahora en descarbonizar su sector de transporte promoviendo los vehículos eléctricos (VE). La descarbonización de la matriz energética es una intervención efectiva y de gran impacto en la lucha contra el cambio climático. Por esa razón, el Grupo BID ha jugado un rol fundamental en financiar la transformación de la matriz energética, tanto en generación como en transmisión.
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