El reciente Informe de Síntesis de la Sexta Evaluación del IPCC ha transmitido un mensaje aleccionador: la capacidad colectiva para adherirse a una senda de 1,5 °C pende de un hilo. En esta década, el éxito en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero determinará si el aumento de la temperatura mundial puede limitarse a 1,5 °C o incluso a 2 °C. Nunca se insistirá lo suficiente en las ramificaciones de cada fracción de grado, sobre todo para las poblaciones más vulnerables del mundo, que ya están sufriendo los efectos destructivos del cambio climático. La omnipresencia de las catástrofes inducidas por el clima -ya sean inundaciones, sequías o incendios- demuestra la necesidad acuciante de corregir el rumbo. De aquí a 2030, se debe alcanzar simultáneamente los objetivos de la agenda de desarrollo sostenible y reducir significativamente las emisiones. La energía desempeña un papel esencial en la corrección del rumbo climático y la consecución del desarrollo sostenible. La senda de 1,5 °C de IRENA, expuesta en la Perspectiva Mundial de las Transiciones Energéticas, sitúa la electrificación y la eficiencia como motores clave de la transición, facilitados por las energías renovables, el hidrógeno limpio y la biomasa sostenible. Cada vez más, los países sitúan estas vías tecnológicas en el centro de su acción climática, así como de sus estrategias económicas, de seguridad energética y de acceso universal. Este informe ofrece una visión general de los progresos realizados mediante el seguimiento de la aplicación y las deficiencias en todos los sectores energéticos. Muestra que la mayor parte de los avances logrados hasta la fecha se han producido en el sector de la energía, donde un círculo virtuoso de tecnología, política e innovación nos ha llevado muy lejos; pero la escala y el alcance de la aplicación están muy lejos de lo que se requiere para mantenerse en la senda de 1,5 ºC. Una tendencia igualmente preocupante es la concentración geográfica de estos despliegues, que sigue limitada a unos pocos países y regiones. Este patrón, que ha persistido durante la última década, ha excluido a casi la mitad de la población mundial, y en particular a la de los países con importantes necesidades de acceso a la energía. Los argumentos comerciales a favor de las energías renovables son sólidos, pero las barreras profundamente arraigadas derivadas de los sistemas y estructuras creados para la era de los combustibles fósiles siguen obstaculizando el progreso.
El informe presenta una visión para superar estas barreras. Contempla tres pilares que constituirían los cimientos del camino a seguir: en primer lugar, construir la infraestructura necesaria e invertir a gran escala en redes y rutas terrestres y marítimas para dar cabida a nuevas localizaciones de producción, patrones comerciales y centros de demanda; en segundo lugar, promover una arquitectura política y reguladora evolucionada que pueda facilitar inversiones específicas; y, por último, realinear estratégicamente las capacidades institucionales para ayudar a garantizar que las habilidades y capacidades se ajusten al sistema energético que aspiramos a crear. La transición energética va por mal camino. Las secuelas de la pandemia del COVID-19 y los efectos de la crisis ucraniana han agravado aún más los retos a los que se enfrenta la transición. Lo que está en juego no podría ser mayor: cada fracción de grado en el cambio de la temperatura global puede desencadenar consecuencias significativas y de largo alcance para los sistemas naturales, las sociedades humanas y las economías. Para limitar el calentamiento global a 1,5 °C es necesario reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en unas 37 gigatoneladas (Gt) con respecto a los niveles de 2022 y lograr emisiones netas cero en el sector energético para 2050. A pesar de algunos avances, siguen existiendo importantes diferencias entre el despliegue actual de las tecnologías de transición energética y los niveles necesarios para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales para finales de este siglo. Una senda compatible con 1,5 °C requiere una transformación a gran escala de la forma en que las sociedades consumen y producen energía. Los compromisos y planes actuales están muy por debajo de la trayectoria de 1,5 °C de IRENA y darán lugar a un déficit de emisiones de 16 Gt en 2050.
Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), las estrategias de desarrollo a largo plazo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero (LT-LEDS, por sus siglas en inglés) y los objetivos de cero emisiones netas, si se aplican en su totalidad, podrían reducir las emisiones de CO2 en un 6% para 2030 y en un 56% para 2050, en comparación con los niveles de 2022. Sin embargo, la mayoría de las promesas climáticas aún no se han traducido en estrategias y planes nacionales detallados -aplicados a través de políticas y normativas- o apoyados con financiación suficiente. Según el Escenario Energético Planificado de IRENA, se prevé que la brecha de emisiones relacionadas con la energía alcance las 34 Gt en 2050, lo que subraya la urgente necesidad de una acción integral para acelerar la transición. Se necesita el despliegue anual de unos 1 000 GW de energía renovable para mantenerse en la senda de los 1,5 °C. En 2022, se añadieron unos 300 GW de energías renovables en todo el mundo, lo que representa el 83% de la nueva capacidad, frente a un 17% combinado de combustibles fósiles y energía nuclear. Tanto el volumen como la cuota de las energías renovables deben aumentar sustancialmente, lo que es técnicamente factible y económicamente viable. Las políticas y las inversiones no van siempre en la dirección correcta. Aunque en 2022 se registró un récord de aumento de la capacidad de las energías renovables, ese año también se registraron los niveles más altos de subvenciones a los combustibles fósiles, debido que muchos gobiernos trataron de amortiguar el golpe de los altos precios de la energía para los consumidores y las empresas. Las inversiones mundiales en todas las tecnologías de transición energética alcanzaron la cifra récord de 1,3 billones de dólares en 2022, aunque las inversiones de capital en combustibles fósiles fueron casi el doble que las inversiones en energías renovables. Dado que las energías renovables y la eficiencia energética son las mejor situadas para cumplir los compromisos climáticos -así como los objetivos de seguridad energética y asequibilidad de la energía-, los gobiernos deben redoblar sus esfuerzos para garantizar que las inversiones vayan por el buen camino.
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