Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • La seguridad de la infraestructura crítica en América Latina: política, riesgo y resiliencia

    La seguridad de la infraestructura crítica en América Latina: política, riesgo y resiliencia

    Las infraestructuras que sostienen la estabilidad nacional y el bienestar social en América Latina comprenden diversos sectores, incluyendo energía, telecomunicaciones, servicios financieros, transporte y sistemas hídricos. Estos sistemas, aunque vitales para el desarrollo económico y la gobernabilidad democrática, enfrentan una amenaza creciente derivada de operaciones cibernéticas malintencionadas. Grupos criminales, organizaciones con motivaciones políticas y actores estatales patrocinados, particularmente de grandes potencias como China y Rusia, han buscado vulnerar estos sistemas para favorecer intereses estratégicos. Esta situación no solo transforma la naturaleza de la seguridad digital sino que también difumina las fronteras entre conflictos cibernéticos y enfrentamientos militares tradicionales. En este contexto, la digitalización acelerada y la integración creciente en cadenas de suministro globales han ampliado la superficie de ataque, exponiendo vulnerabilidades en infraestructuras habitualmente diseñadas para operar de manera aislada y con escasa protección desde la perspectiva digital.

    Asimismo, la convergencia entre tecnologías operativas (OT) y tecnologías de la información (TI) ha propiciado nuevos retos en la gestión y protección de estos sistemas. Tradicionalmente, los sistemas de control industrial estaban desconectados o funcionaban en entornos aislados, orientados hacia la continuidad operacional y no hacia la seguridad digital. Sin embargo, la incorporación de herramientas digitales, acceso remoto y plataformas en la nube ha creado un entorno interconectado que facilita ataques sofisticados y persistentes, tal como se evidencia por campañas vinculadas a actores estatales en otras regiones. A esta dinámica se suma el impacto de la inteligencia artificial, que puede incrementar tanto la capacidad defensiva mediante la detección predictiva de anomalías, como la ofensiva al permitir ataques más dirigidos y automáticos. Sumado a esto, las cadenas de suministro relacionadas con infraestructuras críticas comprenden múltiples actores, desde fabricantes hasta proveedores de servicios, que al no contar con estándares robustos de seguridad, representan vectores de riesgo importantes para la integridad de los sistemas.

    La respuesta frente a estos riesgos implica un enfoque integral que va más allá del aspecto técnico para abordar gobernanza, marco regulatorio y colaboración entre actores públicos y privados. La identificación precisa de los activos esenciales permite orientar de manera eficiente los recursos hacia su protección, tomando en cuenta las interdependencias entre sectores y la posibilidad de amenazas híbridas que combinan lo físico y lo digital. A su vez, estrategias nacionales que integren la protección de los sistemas operativos industriales junto con los sistemas informáticos incrementan la resiliencia y facilitan una respuesta coordinada ante incidentes. En este sentido, el fortalecimiento de la seguridad de la cadena de suministro mediante estándares adaptados a cada rol y la adopción de principios que promuevan la seguridad desde el diseño y por defecto contribuyen a reducir la vulnerabilidad sistémica. También es esencial fomentar la comunicación fluida, la planificación conjunta de respuesta y recuperación, y la inversión en el desarrollo de capacidades especializadas en ciberseguridad para operar en el cruce de TI y OT.

    Finalmente, la protección efectiva de las infraestructuras que sustentan la estabilidad regional y la economía demanda una gobernanza sólida, alineación institucional y una actualización continua frente a la evolución tecnológica y del entorno de amenazas. La experiencia internacional demuestra que la articulación de políticas claras, regulaciones específicas y la cooperación intersectorial permiten construir sistemas más seguros y confiables. Al enfrentar desafíos como la presencia de actores con intenciones estratégicas y métodos avanzados, se requiere un esfuerzo sostenido para integrar herramientas innovadoras, como la inteligencia artificial, dentro de marcos de confianza y transparencia. Así, la región puede avanzar hacia un panorama en que las infraestructuras no solo resistan ataques inmediatos, sino que también se preparen para riesgos latentes, contribuyendo de este modo a la estabilidad y el desarrollo a largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://digiamericas.org/Reports/SCLA/SC_ES.pdf

  • Pinpoint High-Impact AI Use Cases and Develop Your AI Roadmap

    Pinpoint High-Impact AI Use Cases and Develop Your AI Roadmap

    La aceleración de las inversiones en inteligencia artificial ha generado grandes expectativas en las organizaciones, aunque los resultados obtenidos no siempre corresponden con el nivel de recursos destinados a estas iniciativas. Una proporción significativa de proyectos de inteligencia artificial generativa no logra superar la etapa de prueba de concepto y una parte importante de los desarrollos de inteligencia artificial agéntica termina siendo cancelada. Este panorama evidencia que la adopción tecnológica por sí sola no garantiza beneficios tangibles; más bien, pone de manifiesto la necesidad de adoptar enfoques estructurados que permitan identificar oportunidades con verdadero potencial de impacto. Bajo esta perspectiva, la creación de valor depende de la capacidad de seleccionar iniciativas alineadas con objetivos empresariales concretos, evitando inversiones dispersas o motivadas únicamente por tendencias tecnológicas. De este modo, la atención se desplaza desde la simple experimentación hacia la construcción de mecanismos que faciliten la evaluación rigurosa de los casos de uso y su contribución a los resultados organizacionales.

    A partir de esta necesidad, cobra relevancia la identificación sistemática de casos de uso de inteligencia artificial mediante metodologías que permitan valorar tanto el beneficio esperado como la complejidad de implementación. La evaluación de las iniciativas no se limita a determinar si una solución tecnológica es viable, sino que también considera factores relacionados con el retorno potencial, el nivel de esfuerzo requerido y las condiciones existentes dentro de la organización. Asimismo, el acceso a bibliotecas amplias y permanentemente actualizadas de aplicaciones de inteligencia artificial facilita la exploración de oportunidades en distintos sectores, funciones y objetivos estratégicos. Gracias a ello, las organizaciones pueden comparar alternativas, reconocer experiencias de adopción ya observadas en el mercado y reducir la incertidumbre asociada a la toma de decisiones. Además, el uso de investigaciones especializadas y datos provenientes de implementaciones reales permite sustentar las evaluaciones sobre evidencia práctica, fortaleciendo la capacidad de priorizar proyectos con mayores probabilidades de éxito.

    Al mismo tiempo, la definición de prioridades requiere herramientas que permitan comparar diferentes iniciativas desde una perspectiva estratégica. Los tableros interactivos, sistemas de puntuación y mecanismos de visualización facilitan el análisis de los casos de uso seleccionados según criterios como la alineación con las metas organizacionales, la tolerancia al riesgo y el grado de preparación institucional. A través de estas capacidades resulta posible establecer jerarquías de implementación y orientar los recursos hacia aquellas oportunidades que ofrecen una relación más favorable entre esfuerzo y valor esperado. Además, la generación de planes de acción y visualizaciones contribuye a transformar los hallazgos obtenidos durante la evaluación en hojas de ruta concretas, proporcionando una referencia continua para la evolución de las iniciativas de inteligencia artificial. De esta forma, la planificación deja de depender de decisiones aisladas y pasa a sustentarse en un proceso sistemático de análisis y priorización orientado a resultados sostenibles.

    Sin embargo, la selección adecuada de proyectos representa solo una parte del desafío. La capacidad de una organización para implementar y escalar soluciones de inteligencia artificial también depende de su nivel de madurez interna. Por esta razón, resulta necesario evaluar aspectos organizacionales, tecnológicos y operativos mediante modelos que permitan identificar fortalezas, brechas y oportunidades de mejora. La medición de la madurez a través de diversos pilares proporciona una visión integral del estado actual de las capacidades institucionales y permite compararlas con niveles objetivo definidos estratégicamente. A partir de esta comparación es posible diseñar hojas de ruta orientadas al fortalecimiento progresivo de las competencias requeridas para una adopción más efectiva de la inteligencia artificial. Adicionalmente, la comprensión detallada de cada línea de trabajo facilita la formulación de recomendaciones específicas y la incorporación de mejores prácticas que apoyen la ejecución de las iniciativas priorizadas. Así, la generación de valor mediante inteligencia artificial surge de la combinación entre una adecuada selección de oportunidades y un desarrollo gradual de las capacidades organizacionales necesarias para convertir dichas oportunidades en resultados escalables y financieramente relevantes.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.gartner.com/en/research-development/trends/ai-roadmap-ect

    https://emt.gartnerweb.com/ngw/globalassets/en/articles/documents/pinpoint-high-impact-ai-use-cases-and-develop-your-ai-roadmap.pdf

  • Transforming DER Interconnections with the Common File Format

    Transforming DER Interconnections with the Common File Format

    El crecimiento acelerado de los recursos energéticos distribuidos (DER) implica una complejidad significativa en la interconexión segura y confiable de estos sistemas a la red eléctrica. Cada DER requiere una configuración precisa, sometida a múltiples parámetros para cumplir con estándares técnicos, lo que históricamente ha representado un reto debido a la diversidad en la forma en que las utilities y desarrolladores comunican y verifican dichos ajustes. Esta disparidad en formatos y procesos dificulta la validación rápida y eficaz, aumentando el riesgo de errores que pueden afectar negativamente la estabilidad y la calidad del suministro eléctrico, además de prolongar los tiempos de revisión y puesta en marcha de las instalaciones.

    A partir de esta problemática, se estableció una iniciativa colaborativa que reunió a diversos actores del sector para crear un método estandarizado y accesible para el intercambio de configuraciones de DER. Así nació el Formato Común de Archivo (CFF), un archivo CSV con etiquetas consistentes y unidades estandarizadas que facilita la interpretación tanto por parte de humanos como de sistemas automatizados. Esta herramienta no solo simplifica la carga de los datos en los dispositivos, sino que permite que las compañías eléctricas puedan verificar rápidamente si los parámetros cumplen con los requisitos establecidos, transformando procesos que solían tomar horas en operaciones de segundos. Tal avance influye directamente en la reducción de errores humanos y favorece la transparencia en la comunicación entre desarrolladores y utilities.

    El impacto de la adopción del CFF se manifiesta en múltiples niveles. Para las utilities, la optimización de tiempo y la disminución de errores representan ahorros económicos y mayor confiabilidad operativa. Los desarrolladores de DER, al recibir requisitos claros y concisos, agilizan sus proyectos y mejoran la calidad de sus configuraciones, mientras que la sociedad en general se beneficia del crecimiento sostenido de energías limpias integradas con seguridad al sistema eléctrico, lo que fortalece la resiliencia y sostenibilidad de la red. Además, la experiencia mostró que involucrar activamente a diversas partes interesadas facilita la aceptación y eficacia de la solución, mientras que la automatización trae un cambio positivo en la calidad del trabajo y la capacidad para manejar altos volúmenes de solicitudes.

    La universalización de un formato abierto y compatible con estándares vigentes representa un modelo ejemplar de transformación industrial. Al abordar la comunicación técnica mediante un archivo entendible por máquinas y personas, se eliminan barreras que obstaculizaban la interacción entre equipos y organizaciones. Así, la innovación conjunta impulsa no solo una mayor eficiencia, sino también un avance significativo hacia la modernización de la infraestructura eléctrica, facilitando que la integración de recursos distribuidos continúe contribuyendo al desarrollo y estabilidad futura del sistema energético.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.epri.com/research/products/000000003002034951

  • The Evolving Cyber Workforce: AI, Compliance, and the Battle for Talent

    The Evolving Cyber Workforce: AI, Compliance, and the Battle for Talent

    La ciberseguridad atraviesa una transformación profunda impulsada por la convergencia de dos fuerzas que están modificando simultáneamente la composición del talento, las competencias requeridas y las estrategias de gestión organizacional. Por un lado, la inteligencia artificial está alterando la naturaleza del trabajo operativo mediante la automatización de actividades repetitivas asociadas históricamente a posiciones de entrada, especialmente en análisis de alertas, inteligencia de amenazas y respuesta inicial a incidentes. Aunque esta evolución genera importantes ganancias de productividad, también modifica los mecanismos tradicionales mediante los cuales los profesionales adquirían experiencia práctica y desarrollaban criterio técnico. Al mismo tiempo, la adopción de la inteligencia artificial avanza con mayor rapidez que la madurez de los esquemas de gobernanza, capacitación y supervisión, lo que expone a las organizaciones a riesgos de cumplimiento, control y uso inconsistente de herramientas. Lejos de representar una simple reducción de personal, la automatización está dando origen a nuevas funciones especializadas relacionadas con seguridad de modelos de inteligencia artificial, gobernanza, evaluación de riesgos y protección de datos, lo que amplía el espectro de conocimientos exigidos a los equipos de seguridad.

     

    A esta transformación tecnológica se suma una creciente presión regulatoria que está acelerando la profesionalización de la fuerza laboral. Normativas como NIS2, DORA, CMMC y otros marcos sectoriales han dejado de ser requisitos administrativos para convertirse en motores directos de contratación, especialización y redefinición organizacional. En respuesta, las empresas están adoptando con mayor frecuencia marcos estructurados para definir perfiles, competencias y trayectorias laborales, abandonando gradualmente descripciones de cargos poco estandarizadas. Además, las exigencias regulatorias han incrementado la demanda de especialistas capaces de responder a obligaciones específicas de auditoría, resiliencia operativa, gestión de riesgos y validación de capacidades. Esta tendencia no solo incrementa la necesidad de nuevas habilidades, sino que también fortalece la importancia de certificaciones y mecanismos formales de validación profesional, los cuales son utilizados para demostrar capacidades técnicas ante clientes, organismos reguladores, auditores y altos directivos. De esta manera, la regulación está contribuyendo a consolidar modelos de gestión basados en competencias verificables y estructuras organizacionales más definidas.

     

     

    Mientras estas exigencias aumentan, las organizaciones enfrentan crecientes dificultades para conseguir talento experimentado. La autoridad sobre las decisiones de contratación se ha desplazado hacia los niveles directivos y los responsables de ciberseguridad, reflejando la relevancia estratégica que han adquirido estas incorporaciones. Sin embargo, los mayores obstáculos aparecen en posiciones de nivel medio, senior y experto, cuya cobertura puede requerir varios meses. Como resultado, muchas organizaciones intentan adquirir experiencia directamente desde el mercado laboral en lugar de desarrollarla internamente, situación que contribuye a una crisis de progresión profesional. Las trayectorias de crecimiento resultan cada vez menos claras, tanto para atraer como para retener talento, y únicamente una minoría cuenta con rutas de carrera claramente definidas y comunicadas. Esta dinámica genera una tensión permanente entre la necesidad inmediata de especialistas y la sostenibilidad futura del ecosistema laboral, especialmente cuando las oportunidades para adquirir experiencia práctica en etapas iniciales comienzan a transformarse por efecto de la automatización.

     

     

    Como consecuencia de estos procesos simultáneos, la brecha de habilidades se ha consolidado como la principal preocupación del sector, superando incluso la escasez de personal. El problema ya no consiste únicamente en incorporar más profesionales, sino en asegurar que quienes ocupan los cargos dispongan de las capacidades necesarias para enfrentar amenazas cada vez más sofisticadas. No obstante, las organizaciones encuentran dificultades para cerrar estas brechas debido a restricciones presupuestales, cargas operativas elevadas y limitaciones de tiempo que reducen las oportunidades de formación. Esta paradoja produce efectos acumulativos sobre el desempeño institucional, incluyendo retrasos en proyectos, agotamiento de los equipos, respuestas más lentas ante incidentes, dificultades para adoptar nuevas tecnologías e incluso incidentes de seguridad atribuibles a carencias de competencias. Frente a este escenario, se fortalece la valoración de las capacidades técnicas demostrables, las certificaciones, los marcos de competencias y los programas de desarrollo estructurados. Las experiencias analizadas muestran que la sostenibilidad futura dependerá de combinar inteligencia artificial, formación continua, rutas de carrera claras y modelos organizacionales orientados al desarrollo sistemático del talento, en lugar de depender exclusivamente de la contratación externa de especialistas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.sans.org/mlp/2026-evolving-cybersecurity-workforce-ai-compliance-talent 

    https://sansorg.egnyte.com/dl/mHPVHkTyxHY3

  • The World of Public Employment Services 2026: Delivering in a Changing World of Work

    The World of Public Employment Services 2026: Delivering in a Changing World of Work

    Los mercados laborales atraviesan una transformación profunda impulsada por cambios demográficos, tecnológicos, económicos y sociales que están redefiniendo la forma en que las personas acceden al empleo, desarrollan sus carreras y enfrentan períodos de transición laboral. A escala global, el crecimiento económico mantiene un ritmo inferior al observado antes de la pandemia, mientras persisten desafíos relacionados con la pobreza laboral, la informalidad, las brechas de participación y las dificultades de inserción para distintos grupos poblacionales. Al mismo tiempo, la expansión de la inteligencia artificial, la automatización, la transición energética y las nuevas dinámicas de movilidad humana están modificando la demanda de habilidades y las características de numerosas ocupaciones. Frente a este escenario, los servicios públicos de empleo han ampliado su relevancia como instituciones capaces de conectar trabajadores y empleadores, facilitar ajustes en la oferta y demanda laboral y contribuir a la estabilidad económica y social. Su propósito trasciende la simple intermediación de vacantes, puesto que buscan acompañar a las personas durante múltiples transiciones laborales a lo largo de su vida, incluyendo la entrada al mercado laboral, los cambios de ocupación, los períodos de desempleo, el retorno al trabajo después de responsabilidades de cuidado y los procesos de actualización de competencias requeridos por las nuevas condiciones productivas.

     

     

    A medida que los cambios demográficos modifican la composición de la población mundial, surgen retos diferenciados entre regiones. Mientras algunas economías experimentan envejecimiento poblacional y reducción de la población en edad de trabajar, otras continúan ampliando su fuerza laboral y disponen de oportunidades asociadas al denominado dividendo demográfico. Esta diversidad exige respuestas adaptadas a las necesidades de jóvenes, mujeres, personas mayores y grupos vulnerables. En ese sentido, los servicios públicos de empleo pueden contribuir mediante programas de orientación profesional, iniciativas para facilitar la transición entre educación y trabajo, mecanismos que favorezcan la participación femenina y estrategias de aprendizaje permanente para trabajadores de mayor edad. Además, el avance tecnológico introduce una dimensión adicional de complejidad. La automatización de tareas rutinarias y el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial están alterando la estructura ocupacional y elevando la demanda de habilidades más especializadas. Aunque estos cambios generan oportunidades para aumentar la productividad y crear nuevas actividades económicas, también incrementan el riesgo de desplazamiento laboral para determinados trabajadores. Por tal motivo, la capacitación continua, la reconversión profesional y el fortalecimiento de competencias digitales adquieren una importancia creciente. Los servicios públicos de empleo aparecen entonces como intermediarios que no solo facilitan la búsqueda de trabajo, sino que también promueven procesos de formación y adaptación capaces de reducir los efectos negativos de la transformación tecnológica sobre el empleo y la inclusión social.

     

     

    Simultáneamente, la desaceleración de la globalización y la creciente frecuencia de crisis económicas, sanitarias, climáticas y geopolíticas han incrementado la volatilidad de los mercados laborales. Las interrupciones en las cadenas globales de valor, las restricciones comerciales, los conflictos internacionales y los fenómenos meteorológicos extremos afectan tanto la producción como la generación de empleo. A ello se suman los impactos derivados de pandemias y recesiones, capaces de provocar cierres empresariales, reducción de jornadas laborales y pérdida masiva de ingresos. Estas perturbaciones suelen afectar con mayor intensidad a trabajadores vulnerables y sectores con menor capacidad de adaptación. Sin embargo, también pueden abrir espacios para nuevas actividades productivas, innovación y creación de empleo en sectores emergentes. Dentro de este contexto, los servicios públicos de empleo desempeñan funciones relacionadas con la provisión de información laboral, la orientación ocupacional, el apoyo a procesos de recualificación y la coordinación de programas de protección social que ayudan a amortiguar los efectos de las crisis. La experiencia de la pandemia de COVID-19 evidenció la necesidad de instituciones ágiles y capaces de ampliar rápidamente sus servicios, ofrecer apoyo económico temporal, mantener mecanismos de intermediación laboral y utilizar herramientas digitales para atender a millones de personas en circunstancias excepcionales. Asimismo, demostró que la inversión previa en infraestructura tecnológica facilita respuestas más rápidas y efectivas cuando surgen situaciones de emergencia.

     

     

    Por otra parte, la migración laboral y la creciente complejidad de los ecosistemas de empleo están redefiniendo las formas de coordinación institucional. La movilidad de trabajadores entre regiones y países responde a diferencias de oportunidades económicas, necesidades de protección internacional, procesos de reunificación familiar y demandas específicas de mano de obra. En este entorno, la integración efectiva de migrantes requiere mecanismos que faciliten el reconocimiento de habilidades, el acceso a información confiable y la inserción en empleos de calidad. Al mismo tiempo, los servicios públicos de empleo ya no operan de manera aislada, sino como parte de redes más amplias que incluyen agencias privadas de empleo, instituciones educativas, organizaciones sociales, entidades de seguridad social, empleadores y sindicatos. Este enfoque coloca a las personas en el centro de las políticas laborales y promueve una colaboración más estrecha entre múltiples actores para responder a necesidades diversas. De esta forma, la evolución de los servicios públicos de empleo refleja una transición desde modelos tradicionales centrados exclusivamente en la colocación laboral hacia sistemas integrales orientados a fortalecer la resiliencia, mejorar la empleabilidad, facilitar la movilidad ocupacional y contribuir al desarrollo económico sostenible. En un contexto caracterizado por cambios acelerados e incertidumbre persistente, la capacidad de estas instituciones para combinar innovación digital, coordinación interinstitucional, información estratégica y atención personalizada se perfila como un elemento determinante para favorecer mercados laborales más inclusivos, dinámicos y preparados para enfrentar los desafíos del futuro.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/the-world-of-public-employment-services-2026_4aebd080-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/06/the-world-of-public-employment-services-2026_781934e6/4aebd080-en.pdf

  • Construyendo resiliencia: avances y desafíos de la protección social adaptativa

    Construyendo resiliencia: avances y desafíos de la protección social adaptativa

    América Latina y el Caribe enfrentan un escenario de riesgos cada vez más complejo, donde los desastres naturales, el cambio climático, las crisis económicas, las emergencias sanitarias y los movimientos migratorios masivos se combinan con las desigualdades históricas de la región. Aunque en las últimas décadas se registraron avances importantes en reducción de pobreza, mejora de la esperanza de vida y ampliación de la cobertura social, esos logros se han vuelto más frágiles frente a choques sistémicos recurrentes. La región es especialmente vulnerable porque gran parte de su población pobre vive en zonas expuestas a inundaciones, sequías, huracanes o deslizamientos, mientras la informalidad laboral y la limitada protección económica reducen la capacidad de recuperación de los hogares. Por ello, la discusión sobre protección social ya no se limita a combatir la pobreza estructural, sino que incorpora la necesidad de construir resiliencia frente a crisis múltiples y simultáneas.

    En este contexto surge la protección social adaptativa, entendida como el uso de los sistemas y programas de protección social para fortalecer la preparación, respuesta y adaptación de los hogares vulnerables frente a distintos tipos de choques. La idea central es aprovechar la infraestructura institucional ya existente —registros sociales, programas de transferencias, seguros, sistemas de pago y redes territoriales— para responder con rapidez ante emergencias y reducir los impactos de largo plazo. Además, las transferencias monetarias y otros mecanismos de apoyo no solo ayudan a sostener el consumo durante una crisis, sino que también previenen estrategias negativas como vender activos productivos, retirar niños de la escuela o abandonar tratamientos médicos. A esto se suma el papel de los servicios de cuidado y de los seguros contributivos, que pueden proteger a grupos particularmente vulnerables como niños, personas mayores, mujeres y trabajadores afectados por crisis económicas.

    La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión para esta agenda. Los gobiernos de la región desplegaron transferencias de emergencia a gran escala y demostraron que los sistemas de protección social podían actuar como vehículos rápidos de respuesta. Sin embargo, también quedó en evidencia que muchas respuestas fueron improvisadas y dependieron de capacidades previas desiguales entre países. Aquellos con registros sociales más desarrollados, mejor infraestructura digital y mecanismos de pago electrónicos lograron expandir la cobertura con mayor velocidad. Desde entonces, varios países han comenzado a fortalecer marcos normativos, protocolos de emergencia y mecanismos de coordinación entre protección social, gestión del riesgo de desastres y políticas climáticas. Aun así, la integración entre estas agendas sigue siendo limitada y la mayoría de los sistemas todavía no está plenamente diseñada para operar de manera adaptativa y anticipatoria.

    El análisis comparativo de trece países muestra avances heterogéneos. En promedio, la madurez regional de los sistemas de protección social adaptativa alcanza alrededor del 54%, lo que indica progresos importantes pero también un largo camino pendiente. Las áreas más desarrolladas son la capacidad de gestión y coordinación intersectorial, así como la gobernanza y el financiamiento. Muchos países ya cuentan con programas de transferencias ampliamente desplegados y con cierta experiencia en respuestas a choques. No obstante, persisten debilidades significativas en cobertura y adaptación de programas, especialmente en seguros de desempleo y servicios de cuidado, además de una integración todavía incipiente de medidas específicas de adaptación climática. También existen grandes diferencias en el gasto social: mientras algunos países destinan porcentajes elevados de su PIB a protección social, otros operan con recursos muy limitados, lo que condiciona su capacidad de respuesta.

    Otro hallazgo relevante es que la infraestructura de información se ha expandido, pero no de manera uniforme. La mayoría de los países posee registros digitalizados y sistemas informáticos para procesar datos, aunque muchos registros están desactualizados, tienen cobertura parcial o carecen de georreferenciación adecuada. La interoperabilidad entre instituciones sigue siendo una de las principales barreras: disponer de datos no garantiza que puedan compartirse y utilizarse automáticamente en situaciones de emergencia. Del mismo modo, la dimensión denominada “protección social informada” es la menos desarrollada del modelo, porque todavía son escasas las experiencias donde la información climática, los sistemas de alerta temprana o los registros sociales se usan para anticipar respuestas antes de que ocurra un desastre.

    A pesar de estas limitaciones, la evidencia apunta a que invertir en protección social adaptativa es una estrategia costo-efectiva. Los estudios citados estiman razones beneficio-costo superiores a 1,4 en los países analizados, debido a que las inversiones iniciales permiten evitar pérdidas mayores en ingresos, consumo, aprendizaje y bienestar futuro. Más allá de la rentabilidad económica, la consolidación de sistemas adaptativos implica fortalecer la capacidad del Estado para proteger a la población en un siglo marcado por crisis climáticas y sociales cada vez más frecuentes. La experiencia reciente demuestra que los países con sistemas más sólidos pudieron responder con mayor rapidez durante la pandemia; por lo tanto, la resiliencia social depende en gran medida de la fortaleza previa de los sistemas regulares de protección social.

    Para leer más ingrese a:

    https://publications.iadb.org/es/construyendo-resiliencia-avances-y-desafios-de-la-proteccion-social-adaptativa

    https://publications.iadb.org/es/publications/spanish/viewer/Construyendo-resiliencia-avances-y-desafios-de-la-proteccion-social-adaptativa.pdf

  • Maximizing State Transportation Investments: How redirecting spending from highway expansion to public transit supports economies and communities

    Maximizing State Transportation Investments: How redirecting spending from highway expansion to public transit supports economies and communities

    Los costos asociados a los proyectos de infraestructura de transporte han experimentado un incremento considerable en los últimos años, lo que obliga a reconsiderar la asignación del gasto público hacia opciones que maximicen el impacto positivo por cada dólar invertido. Estudios exhaustivos muestran que la expansión de autopistas tiende a generar costos que superan ampliamente sus beneficios, al tiempo que la inversión en transporte público se traduce en resultados más favorables tanto económicos como sociales. Debido a su magnitud, la inversión en carreteras continúa eclipsando la destinada al transporte colectivo, incluso cuando existe evidencia que cuestiona la eficacia de estos proyectos para aliviar la congestión a largo plazo. Al examinar mecanismos de evaluación económica como el análisis de impacto y las valoraciones beneficio-costo, se descubre la presencia de supuestos y sesgos que sobrevaloran las ventajas del ensanchamiento de autopistas, particularmente en la valoración exagerada del ahorro de tiempo en los desplazamientos y en la omisión de considerar el uso y valor del suelo urbano.

     

    Además, al contrastar los resultados de ambas modalidades, se observa que el transporte público genera beneficios tanto macroeconómicos como directos en la vida de las personas. Por una parte, incrementa la productividad ampliando las oportunidades laborales para sectores antes marginados, y fomenta la aglomeración urbana que facilita el intercambio de conocimiento. Por otra, permite a los hogares reducir significativamente sus gastos en movilidad, al poder prescindir de un vehículo privado y optar por abonos anuales accesibles. A esto se suman efectos positivos sobre el desarrollo inmobiliario en las zonas servidas por corredores de alta frecuencia, estimulando el crecimiento urbano sostenible y eficiente a partir de inversiones que multiplican varias veces su valor en nuevos activos. Estas ventajas contrastan con el deterioro y subutilización de áreas ocupadas por autopistas ampliadas, las cuales también conllevan la adquisición de terrenos a precios de mercado sin aportar a la generación directa de empleo local.

     

    La creación de empleo representa otro aspecto revelador en cuanto al uso eficiente de los recursos. La expansión de autopistas, si bien puede generar un elevado número de empleos indirectos relacionados con la cadena de suministro, ofrece menos puestos de trabajo directos en comparación con el mantenimiento de vías y las operaciones de transporte público, que promueven empleos estables y mejor anclados en las comunidades. Además, la movilidad facilitada por el transporte público amplía el acceso a servicios esenciales, beneficio especialmente notable en áreas rurales y pequeñas ciudades, donde el acceso a vehículos propios suele ser limitado. Por último, se identifican cinco líneas de acción para los gobiernos estatales que optimizarían la eficacia de sus inversiones: transferir fondos federales del sector carretero hacia proyectos de transporte público, agilizar la programación de inversiones en corredores urbanos, dedicar recursos estatales al funcionamiento del transporte público, promover políticas que impulsen el desarrollo orientado al tránsito y fortalecer los sistemas rurales con apoyo financiero y técnico. Este conjunto de medidas apunta a construir redes de movilidad integradas y accesibles que respondan a las necesidades reales de la población, maximizando los beneficios económicos y sociales que la inversión pública en transporte puede aportar.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.aceee.org/white-paper/2026/05/maximizing-state-transportation-investments

    https://www.aceee.org/sites/default/files/pdfs/maximizing_state_transportation_investments_0.pdf

  • Accelerating electrification and decarbonisation in high-emission industries: Annual progress report 2025

    Accelerating electrification and decarbonisation in high-emission industries: Annual progress report 2025

    La descarbonización de los sectores industriales con altas emisiones se ha consolidado como una de las prioridades más relevantes dentro de la transición energética global. Alcanzar objetivos de neutralidad climática exige transformar cadenas de valor complejas que dependen intensamente de combustibles fósiles y procesos industriales difíciles de sustituir. Frente a esta realidad, la reducción de emisiones requiere una combinación de innovación tecnológica, cooperación institucional, inversión y fortalecimiento de capacidades organizacionales. Bajo esta perspectiva, la transición no se limita a incorporar nuevas fuentes de energía, sino que implica modificar modelos productivos, fortalecer la colaboración entre empresas, gobiernos y entidades financieras, y generar condiciones que permitan acelerar la adopción de soluciones de bajas emisiones. A medida que crece la urgencia de responder al cambio climático, también aumenta la necesidad de coordinar esfuerzos entre actores con capacidades y responsabilidades diferentes, buscando transformar sectores como el acero, el aluminio, los productos químicos, la minería y otras industrias intensivas en energía mediante estrategias alineadas con los objetivos globales de reducción de emisiones.

    En este contexto, la electrificación mediante energías renovables emerge como una de las rutas más prometedoras para disminuir emisiones industriales. Sin embargo, el despliegue masivo de estas tecnologías exige atender desafíos asociados a la disponibilidad de materiales, la transparencia de las cadenas de suministro y la resiliencia de los sistemas productivos. Por ello, la trazabilidad de materias primas y componentes adquiere una importancia creciente, permitiendo garantizar estándares ambientales, mejorar la calidad de los productos y fortalecer la confianza entre los distintos participantes de las cadenas de valor. Al mismo tiempo, la expansión de plataformas de colaboración empresarial facilita el intercambio de conocimientos, experiencias y mejores prácticas orientadas a acelerar la sostenibilidad industrial. No obstante, la electrificación por sí sola no resulta suficiente para descarbonizar todos los procesos productivos. Debido a ello, tecnologías complementarias como la captura, utilización y almacenamiento de carbono, el uso de bioenergía y el hidrógeno verde adquieren una relevancia cada vez mayor. Particularmente en sectores con emisiones difíciles de abatir, estas alternativas ofrecen posibilidades para reducir emisiones donde otras soluciones presentan limitaciones técnicas o económicas. Aun así, persisten obstáculos relacionados con los costos de implementación, la incertidumbre regulatoria y la dificultad para acceder a financiamiento adecuado, factores que continúan ralentizando el desarrollo de numerosos proyectos.

    Mientras estas tecnologías avanzan, la economía circular gana espacio como un componente esencial dentro de las estrategias de reducción de emisiones. La optimización en el uso de materiales, el reciclaje, la reutilización de recursos y la recuperación de residuos permiten disminuir la demanda de materias primas vírgenes y reducir la intensidad de carbono de numerosos procesos industriales. De forma particular, la industria del aluminio muestra oportunidades significativas para incrementar la circularidad mediante mejoras en la recolección de materiales, la estandarización de productos y el fortalecimiento de cadenas de reciclaje. Paralelamente, la transformación industrial requiere desarrollar capacidades humanas que acompañen la adopción de nuevas tecnologías. La formación especializada, la actualización de competencias laborales y la difusión de conocimientos relacionados con sostenibilidad, digitalización y eficiencia energética permiten preparar a las organizaciones para enfrentar los cambios asociados a la transición energética. Asimismo, la incorporación de herramientas digitales, plataformas de aprendizaje y programas de capacitación contribuye a acelerar la transferencia de conocimiento y a facilitar la implementación efectiva de proyectos de descarbonización en diferentes sectores productivos.

    A medida que las ambiciones climáticas se vuelven más exigentes, también se hace evidente la necesidad de movilizar mayores volúmenes de capital hacia proyectos industriales sostenibles. Sin embargo, la disponibilidad de recursos financieros continúa limitada por percepciones de riesgo, diferencias en la definición de criterios ambientales y falta de confianza entre inversionistas, desarrolladores de proyectos y otros participantes del mercado. Debido a ello, el fortalecimiento de estándares comunes, la mejora en la calidad de la información y la articulación entre actores públicos y privados aparecen como elementos necesarios para ampliar las inversiones y acelerar la transformación industrial. Asimismo, la creación de mecanismos de seguimiento, plataformas de reporte de emisiones y compromisos colectivos permite medir avances y orientar acciones futuras. De esta manera, la transición hacia una industria con menores emisiones surge de la convergencia entre innovación tecnológica, financiamiento, cooperación internacional, desarrollo de capacidades humanas y fortalecimiento institucional. Más que una transformación aislada de procesos productivos, se configura como un esfuerzo continuo orientado a construir sistemas industriales capaces de mantener la competitividad económica mientras reducen progresivamente su impacto ambiental y avanzan hacia metas de neutralidad climática de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://allianceforindustrydecarbonization.org/-/media/Alliance/Files/Publications/AFID_PAR_Annual_report_2026.pdf

  • Decarbonizing Heavy-Duty Road Transport

    Decarbonizing Heavy-Duty Road Transport

    La descarbonización del transporte pesado por carretera se ha convertido en una prioridad dentro de los esfuerzos globales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque la atención pública suele concentrarse en los vehículos eléctricos de pasajeros, los autobuses y los camiones de carga representan una fracción considerable de las emisiones del transporte por carretera, debido a su alta dependencia de combustibles fósiles y a su papel estratégico en la movilidad de personas y mercancías. Actualmente, la gran mayoría del transporte terrestre continúa funcionando con diésel, gasolina o gas natural, lo que evidencia la magnitud de la transformación requerida para alcanzar sistemas de transporte más sostenibles. Al mismo tiempo, el crecimiento proyectado del comercio, la urbanización y la demanda de movilidad incrementará la necesidad de servicios de transporte durante las próximas décadas, haciendo necesario avanzar hacia soluciones capaces de combinar eficiencia operativa, competitividad económica y reducción de emisiones. Bajo estas condiciones, la transición energética del sector no depende de una única tecnología, sino de la convergencia de innovaciones en vehículos, fuentes energéticas, infraestructura y sistemas digitales.

    Dentro de este proceso de transformación, las tecnologías de bajas emisiones han experimentado un crecimiento acelerado durante los últimos años. La electrificación destaca como la alternativa que concentra la mayor actividad innovadora y comercial, impulsada por el rápido desarrollo de baterías, sistemas de carga y trenes motrices eléctricos. De hecho, la investigación relacionada con baterías domina ampliamente el panorama tecnológico del transporte pesado, reflejando la expectativa de que los vehículos eléctricos se consoliden progresivamente como la solución predominante para trayectos urbanos, regionales y de media distancia. Además, la reducción de costos de las baterías y el incremento de su densidad energética han mejorado la competitividad de estas tecnologías, permitiendo una adopción creciente en autobuses y camiones. Sin embargo, las limitaciones asociadas al peso de las baterías, los tiempos de carga y la disponibilidad de infraestructura continúan representando desafíos para determinadas aplicaciones. Por esta razón, otras alternativas también mantienen relevancia. Los vehículos híbridos siguen siendo una opción de transición en ciertos segmentos, mientras que las pilas de combustible de hidrógeno han ganado impulso como una posible respuesta para operaciones de larga distancia que requieren mayores autonomías y tiempos de reabastecimiento reducidos. Entretanto, los combustibles alternativos, como los biocombustibles y los combustibles sintéticos, ofrecen posibilidades de reducción de emisiones mediante el aprovechamiento de infraestructuras existentes, aunque enfrentan restricciones relacionadas con costos y disponibilidad sostenible de recursos.

    No obstante, la sustitución de los combustibles fósiles requiere mucho más que vehículos de bajas emisiones. La viabilidad operativa de estas tecnologías depende del desarrollo de infraestructuras energéticas capaces de sostener su despliegue masivo. De ahí que las inversiones en estaciones de carga de alta potencia, redes eléctricas inteligentes, sistemas de producción y distribución de hidrógeno y mecanismos avanzados de gestión energética ocupen un lugar cada vez más relevante dentro de las estrategias de descarbonización. Simultáneamente, los avances en eficiencia vehicular continúan aportando reducciones importantes en el consumo energético mediante mejoras en motores eléctricos, transmisiones, aerodinámica, materiales livianos y neumáticos de menor resistencia al rodamiento. A esto se añade la creciente incorporación de tecnologías digitales orientadas a optimizar la operación de las flotas. Herramientas como la gestión inteligente de rutas, la comunicación entre vehículos e infraestructura, el análisis de datos y la coordinación automatizada de operaciones permiten disminuir tiempos de inactividad, mejorar la utilización de activos y reducir el consumo energético sin necesidad de modificar completamente los sistemas de transporte existentes. De esta manera, la digitalización complementa los avances tecnológicos relacionados con la electrificación y las nuevas fuentes energéticas.

    A medida que estas innovaciones evolucionan, también adquiere importancia la evaluación de su viabilidad económica. El costo total de propiedad se ha convertido en un indicador determinante para comparar tecnologías y orientar decisiones de inversión. Aunque los vehículos diésel aún presentan ventajas en costos iniciales, los vehículos eléctricos comienzan a mostrar niveles de competitividad favorables en determinados mercados gracias a menores gastos operativos y de mantenimiento. Por su parte, las soluciones basadas en hidrógeno todavía registran costos significativamente superiores, aunque podrían beneficiarse de futuras mejoras tecnológicas y economías de escala. Este contexto ha estimulado una intensa actividad de innovación liderada principalmente por fabricantes automotrices y empresas industriales de países como China, Estados Unidos, Japón, Alemania y Corea del Sur. Particularmente, China ha emergido como el principal centro mundial de patentamiento en tecnologías de descarbonización para transporte pesado, impulsando avances en baterías, electrificación e infraestructura asociada. Así, la evolución tecnológica observada sugiere que la reducción de emisiones en el transporte pesado dependerá de una combinación de electrificación, mejoras de eficiencia, expansión de infraestructura energética y soluciones digitales, configurando una transición gradual pero cada vez más acelerada hacia sistemas de transporte de menor impacto ambiental.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.wipo.int/web-publications/patent-landscape-report-decarbonizing-heavy-duty-road-transport/en/index.html

    https://www.wipo.int/web-publications/patent-landscape-report-decarbonizing-heavy-duty-road-transport/assets/94153/1092-PLR-Decarbonizing%20Heavy-Duty%20Road%20Transport%202026.pdf

  • Del riesgo a la confiabilidad: SERVICIOS DE INFRAESTRUCTURA RESILIENTE PARA ENFRENTAR LOS DESAFÍOS DE LA NATURALEZA

    Del riesgo a la confiabilidad: SERVICIOS DE INFRAESTRUCTURA RESILIENTE PARA ENFRENTAR LOS DESAFÍOS DE LA NATURALEZA

    América Latina y el Caribe enfrentan una creciente exposición a fenómenos naturales y climáticos que afectan de manera directa la prestación de servicios esenciales de infraestructura. Huracanes, inundaciones, sequías, incendios forestales, olas de calor y otros eventos extremos han dejado de ser episodios aislados para convertirse en factores recurrentes que condicionan el desarrollo económico y social de la región. Esta situación adquiere una relevancia aún mayor debido a que los sistemas de transporte, energía, agua y saneamiento sostienen prácticamente todas las actividades productivas y de bienestar. Cuando estos servicios se interrumpen, las consecuencias trascienden el daño físico inicial y se propagan hacia los hogares, las empresas y las finanzas públicas. A ello se suman problemas estructurales relacionados con la insuficiente inversión, la persistencia de brechas de acceso y calidad, el envejecimiento de activos y la necesidad de avanzar hacia economías descarbonizadas. Bajo estas circunstancias, la resiliencia surge como una capacidad orientada no a eliminar completamente los riesgos, sino a anticiparlos, absorber sus impactos, adaptarse a nuevas condiciones y acelerar los procesos de recuperación. Desde esta perspectiva, la infraestructura resiliente busca mantener la continuidad de los servicios aun cuando ocurran perturbaciones severas, reduciendo pérdidas económicas y sociales mientras fortalece la capacidad de respuesta frente a escenarios cada vez más inciertos.

    Además de la creciente frecuencia e intensidad de los eventos extremos, los cambios graduales asociados al clima también están transformando la manera en que operan los sistemas de infraestructura. El aumento de las temperaturas, las modificaciones en los patrones de precipitación y la reducción de recursos hídricos alteran simultáneamente la oferta y la demanda de servicios esenciales. Por ejemplo, las temperaturas más elevadas incrementan el consumo de electricidad debido a la necesidad de refrigeración, mientras que la expansión de la movilidad eléctrica y otras estrategias de mitigación climática añaden nuevas presiones sobre los sistemas energéticos. De forma similar, la disponibilidad de agua enfrenta tensiones derivadas tanto del crecimiento demográfico como de una competencia cada vez más intensa entre hogares, agricultura, industria y generación eléctrica. Casos recientes en Uruguay, México y Colombia evidencian cómo las sequías prolongadas pueden afectar la continuidad del suministro, deteriorar la calidad del servicio y obligar a adoptar medidas extraordinarias para garantizar el abastecimiento. Entretanto, la disminución de glaciares andinos y las alteraciones hidrológicas reducen la disponibilidad de recursos para la generación hidroeléctrica, circunstancia especialmente relevante en una región donde esta fuente representa una parte significativa de la matriz eléctrica. De esta manera, las amenazas climáticas no solo dañan activos físicos mediante inundaciones o tormentas, sino que también modifican las condiciones operativas cotidianas, incrementando costos, reduciendo rendimientos y comprometiendo la confiabilidad de los servicios.

     

    Frente a este panorama, la construcción de resiliencia requiere avanzar desde el diagnóstico de riesgos hacia la implementación de herramientas de planificación, diseño y operación capaces de responder a realidades territoriales diversas. Las evaluaciones de criticidad y vulnerabilidad permiten identificar áreas prioritarias de intervención, mientras que metodologías adaptativas facilitan la asignación eficiente de recursos bajo condiciones de incertidumbre. Asimismo, las medidas tradicionales de ingeniería continúan siendo relevantes, incluyendo el reforzamiento estructural, la actualización de estándares de diseño y la relocalización de activos expuestos. Sin embargo, estas estrategias se complementan cada vez más con soluciones basadas en la naturaleza, tales como la restauración de ecosistemas, la protección de cuencas hidrográficas y la incorporación de infraestructura verde en entornos urbanos. A su vez, la diversificación y descentralización de los sistemas adquieren especial importancia debido a que las configuraciones excesivamente concentradas presentan mayores niveles de vulnerabilidad. Esta lógica se aplica tanto a las fuentes de abastecimiento de agua como a la generación de energía y a los sistemas de transporte. Del mismo modo, la adaptación desde la demanda amplía el conjunto de herramientas disponibles mediante sistemas de alerta temprana, campañas de información y mecanismos tarifarios capaces de incentivar comportamientos más eficientes frente a escenarios de escasez o emergencia. Todo ello exige marcos institucionales flexibles, coordinación intersectorial y una visión integrada de los riesgos que afectan simultáneamente múltiples servicios.

     

    Sin embargo, la implementación de esta agenda enfrenta restricciones financieras significativas. Aunque los beneficios de la resiliencia suelen manifestarse mediante pérdidas evitadas, continuidad operativa y menores costos futuros de reconstrucción, las inversiones necesarias se concentran en etapas tempranas y frecuentemente superan la capacidad fiscal disponible. Esta situación se agrava debido a que muchos de los beneficios generados poseen características de bien público y no pueden recuperarse fácilmente mediante tarifas directas a los usuarios. Por ello, resulta necesario combinar recursos públicos, capital privado, instrumentos de mitigación de riesgos y mecanismos innovadores de financiamiento sostenible. Bonos verdes, fondos de adaptación climática y esquemas de financiamiento combinado ofrecen alternativas prometedoras, aunque todavía persisten limitaciones asociadas con marcos regulatorios insuficientes, escasez de proyectos estructurados y barreras institucionales. Más allá de la movilización de recursos, la consolidación de infraestructura resiliente demanda una visión estratégica que articule evaluación de riesgos, soluciones técnicas y mecanismos financieros dentro de un mismo proceso de planificación. De esta forma, la región puede reducir su exposición a pérdidas crecientes, mejorar la calidad y continuidad de los servicios, fortalecer la inclusión social y generar condiciones más favorables para un desarrollo sostenible capaz de responder a los desafíos ambientales de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://publications.iadb.org/es/publications/spanish/viewer/Del-riesgo-a-la-confiabilidad-servicios-de-infraestructura-resiliente-para-enfrentar-los-desafios-de-la-naturaleza.pdf

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Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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