Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • España acelera almacenamiento: 125 MW operativos y 9 GW en trámite

    España acelera almacenamiento: 125 MW operativos y 9 GW en trámite

    España alcanzó 124,5 MW de potencia de baterías conectada a mediados de febrero, consolidando el despegue operativo del almacenamiento electroquímico en el sistema y complementando los 3.331 MW de bombeo hidráulico existentes. Más relevante aún, la cartera de proyectos se sitúa en 9.074 MW repartidos en 560 iniciativas con una duración media de 3,3 horas, lo que revela una ola inversora orientada a cubrir rampas netas y gestionar curtailment fotovoltaico/eólico conforme avanza la electrificación. En solo 30 días, se registró un avance aproximado de 1 GW en tramitación y 27 nuevas solicitudes por 415 MW, indicador de dinamismo empresarial y expectativa de monetización por capacidad, arbitraje y servicios de ajuste.

    La distribución geográfica favorece nodos con alta penetración renovable (Cáceres, Asturias, Cuenca, Barcelona), mientras que el mix de desarrollos se divide entre sistemas “stand alone” (52%) y baterías hibridadas con plantas existentes (48%), estrategia que reduce CAPEX balance‑of‑plant, aprovecha infraestructuras compartidas y mejora factores de utilización de inversores de planta. En términos regulatorios, la articulación de señales sobre mercados de capacidad y la eliminación de cuellos de transmisión son determinantes para materializar la cartera. Para el operador del sistema y los distribuidores, la expansión del almacenamiento aporta resiliencia operativa, amortigua congestiones regionales, facilita el cumplimiento de perfiles de vertido, y permite desplazar energía a horas de precio alto, moderando costes para consumidores. En paralelo, el crecimiento de tramitaciones confirma la necesidad de procedimientos más ágiles, certezas en retribución por servicios de red y coordinación planificación‑operación para que el almacenamiento contribuya efectivamente a reducir vertidos renovables, mejorar la seguridad del suministro estacional y acelerar la senda de descarbonización.

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    www.elperiodicodelaenergia.com/comienza-la-era-de-las-baterias-en-espana-ya-hay-conectados-125-mw/

  • Batería de 175 MW aporta capacidad firme a Nueva Inglaterra

    Batería de 175 MW aporta capacidad firme a Nueva Inglaterra

    La entrada en operación del sistema de almacenamiento Cross Town Energy Storage en Gorham, Maine, con 175 MW y hasta dos horas de descarga, se consolida como el activo de baterías más grande de Nueva Inglaterra y refuerza la cobertura de capacidad en condiciones invernales exigentes. La instalación, desarrollada por Plus Power, acreditó disponibilidad total durante la tormenta invernal Fern y capacidad de respuesta del orden de 250 milisegundos, atributos que respaldan el control de frecuencia, los servicios complementarios y la contención de picos de demanda sin combustibles fósiles. Asimismo, al ubicarse cerca del área de Portland, el activo puede cargar con excedentes eólicos del norte y descargar hacia el sur cuando la red regional lo requiere, amortiguando congestiones y evitando sobrerreliance de unidades térmicas de punta.

     

    La pieza también subraya el papel del almacenamiento en el marco de los objetivos estatales: Maine aspira a 90% de energía renovable y 100% limpia en 2040. En mercados donde el gas establece el precio marginal, la expansión de baterías que desplazan generación pico reduce la exposición al precio del gas y, por ende, presiona a la baja las facturas. La participación de Cross Town en el mercado de capacidad ISO‑NE bajo contratos de siete años adjudicados en 2021 combina ingresos por capacidad, servicios de regulación/contingencia y arbitraje energético, lo que mejora la bancabilidad del activo frente a la volatilidad de los ingresos energéticos. En paralelo, la región continúa rezagada respecto a California o Texas en despliegue de almacenamiento, por lo que proyectos de esta escala contribuyen a cerrar brechas de flexibilidad para integrar más renovables, sostener la calidad de tensión y sostener rampas netas vespertinas. El caso de Cross Town ratifica que, con señales de mercado y marcos regulatorios adecuados, el almacenamiento a gran escala es un recurso eficaz para reforzar la confiabilidad invernal, reducir costos sistémicos asociados a la congestión y mejorar la utilización de la infraestructura existente, sin añadir emisiones locales.

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    www.canarymedia.com/articles/energy-storage/new-england-biggest-grid-battery-maine

  • Faster and Cheaper Demand-Side Solutions for Rapid Load Growth

    Faster and Cheaper Demand-Side Solutions for Rapid Load Growth

    El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica se ha convertido en un fenómeno estructural que presiona de manera directa a los sistemas energéticos contemporáneos. Este aumento no proviene únicamente de la expansión demográfica o económica, sino que se explica, además, por la electrificación de procesos industriales, la digitalización de servicios y la aparición de nuevas cargas intensivas como los centros de datos, la inteligencia artificial y la movilidad eléctrica. En consecuencia, la planificación tradicional basada en la expansión continua de la oferta comienza a mostrar límites técnicos, financieros y temporales. Frente a este escenario, las soluciones centradas en la demanda emergen como una vía más ágil y rentable para gestionar el crecimiento del consumo. En lugar de depender exclusivamente de nuevas centrales y redes, se plantea un enfoque orientado a optimizar el uso de los recursos existentes mediante mecanismos de flexibilidad. Así, la capacidad de ajustar patrones de consumo en función de las condiciones del sistema adquiere un valor estratégico, tanto para los operadores como para los usuarios finales.

    En este marco, la respuesta de la demanda se posiciona como un instrumento capaz de desplazar cargas, reducir picos de consumo y liberar capacidad en momentos críticos. De este modo, tecnologías como los sistemas de gestión energética, los medidores inteligentes y las plataformas digitales permiten coordinar millones de dispositivos distribuidos. A partir de estas herramientas, los consumidores dejan de ser actores pasivos y se integran activamente en la operación del sistema, ya sea modificando horarios de uso o participando en programas de incentivos económicos. Por otra parte, el almacenamiento energético complementa estas estrategias al ofrecer una forma de desacoplar generación y consumo. Las baterías, tanto residenciales como a gran escala, facilitan la absorción de excedentes y su posterior liberación en periodos de alta demanda. De manera similar, los vehículos eléctricos pueden funcionar como recursos móviles capaces de interactuar con la red, aportando energía o ajustando su recarga según las señales del sistema. En conjunto, estas soluciones amplían el margen operativo sin requerir inversiones masivas en infraestructura pesada.

    Sin embargo, la adopción de soluciones del lado de la demanda no se limita al ámbito tecnológico. También involucra transformaciones regulatorias y organizativas. Los marcos normativos deben permitir la agregación de recursos distribuidos, la participación en mercados de flexibilidad y la remuneración por servicios prestados. Al mismo tiempo, se requiere una evolución en los modelos de negocio de las empresas eléctricas, que pasan de vender exclusivamente energía a gestionar servicios energéticos integrales. En comparación con las alternativas centradas en la oferta, estas estrategias presentan ventajas en términos de tiempos de implementación. Mientras la construcción de una central o una línea de transmisión puede tardar años, los programas de eficiencia, respuesta de la demanda y digitalización se despliegan en plazos mucho más cortos. Además, los costos asociados resultan menores, tanto para los operadores como para la sociedad en su conjunto, lo que reduce el riesgo financiero y mejora la adaptabilidad frente a escenarios inciertos.

    Asimismo, el enfoque basado en la demanda contribuye a fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico. La diversificación de recursos, la descentralización y la capacidad de respuesta rápida permiten enfrentar eventos extremos, fallas técnicas o picos inesperados con mayor robustez. A diferencia de un sistema rígido, dependiente de pocos activos centrales, la lógica distribuida ofrece mayor margen de maniobra ante perturbaciones. Desde una perspectiva ambiental, estas soluciones también favorecen la reducción de emisiones. Al disminuir la necesidad de centrales térmicas de respaldo y optimizar el uso de energías renovables, se avanza hacia una matriz más limpia sin sacrificar confiabilidad. En lugar de aumentar la capacidad instalada de forma indiscriminada, se prioriza el uso inteligente de los recursos existentes, lo cual alinea eficiencia económica con sostenibilidad.

    La gestión del crecimiento de la demanda eléctrica exige un cambio de paradigma. Más que expandir indefinidamente la oferta, se propone reorganizar el sistema a partir de la flexibilidad, la digitalización y la participación activa de los usuarios. De esta manera, las soluciones del lado de la demanda se consolidan como una vía más rápida, adaptable y rentable para enfrentar los retos energéticos de las próximas décadas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.aceee.org/research-report/u2601

    https://www.aceee.org/sites/default/files/pdfs/faster_and_cheaper_-_demand-side_solutions_for_rapid_load_growth.pdf

  • Instability Detection Technologies in Power Electronics Dominated Systems

    Instability Detection Technologies in Power Electronics Dominated Systems

    La estabilidad de los sistemas eléctricos europeos enfrenta una transformación profunda debido a la creciente penetración de dispositivos basados en electrónica de potencia. La sustitución progresiva de máquinas síncronas por convertidores, junto con la expansión de energías renovables, modifica los fenómenos de estabilidad y exige nuevas herramientas de detección capaces de operar en tiempos cada vez más cortos. En este escenario, la detección de inestabilidades se convierte en un elemento esencial para garantizar la resiliencia y la confiabilidad de las redes.

    La integración masiva de parques solares y eólicos, junto con enlaces HVDC y dispositivos FACTS, introduce fenómenos de inestabilidad por resonancia y por interacción entre controladores. Estos eventos se manifiestan en escalas de milisegundos, lo que supera las capacidades de los métodos tradicionales de análisis basados en simulaciones lentas. Por ello, se requiere complementar los modelos con tecnologías de medición que permitan identificar oscilaciones y anticipar colapsos de tensión o frecuencia. Además, la reducción de la inercia del sistema y el aumento de conexiones mediante cables HVAC desplazan las frecuencias de resonancia hacia valores cercanos a la frecuencia nominal, lo que incrementa la probabilidad de perturbaciones. La respuesta de los convertidores, caracterizada por tiempos de reacción muy cortos, puede generar interacciones no previstas entre dispositivos cercanos. En consecuencia, se plantea la necesidad de establecer reglas de conexión y operación que aseguren un nivel mínimo de robustez.

    Por otra parte, las tecnologías de detección disponibles presentan limitaciones. Los PMUs ofrecen información valiosa sobre fasores de tensión y corriente, pero su capacidad para capturar transitorios rápidos es limitada. Los WMUs, en cambio, permiten muestreos de hasta millones de muestras por segundo y ofrecen una visión más detallada de los eventos de corta duración. Sin embargo, su implementación requiere arquitecturas de almacenamiento y transmisión de datos más eficientes, así como sincronización temporal precisa. Asimismo, la coordinación entre operadores de transmisión y distribución demanda estándares comunes de intercambio de datos. La falta de armonización en sensores y protocolos dificulta la comparación de resultados y la adopción de medidas conjuntas. Por ello, se recomienda avanzar hacia la estandarización de salidas de dispositivos de medición y hacia la definición de criterios claros para la ubicación de PMUs y WMUs en la red.

    En cuanto a las acciones de mitigación, se distinguen medidas preventivas y correctivas. Las primeras buscan evitar la aparición de inestabilidades mediante ajustes de parámetros de control, cambios topológicos o redespacho. Las segundas se activan en tiempo real para contener oscilaciones forzadas o colapsos de tensión. La incorporación de dispositivos con capacidad de formación de red y de sistemas de amortiguamiento constituye una estrategia complementaria para reforzar la estabilidad. Asimismo, la transición energética introduce nuevos retos como el control de tensión en escenarios con alta penetración renovable. Incidentes recientes han mostrado la necesidad de que los generadores participen activamente en la regulación de tensión, lo que implica un cambio de paradigma respecto al control tradicional de potencia activa y reactiva.

    Las recomendaciones apuntan a fortalecer la investigación en algoritmos de detección en tiempo real, mejorar la sincronización temporal, estandarizar la implementación de sistemas de monitoreo en áreas marinas y desarrollar enfoques innovadores para el manejo de datos. La combinación de estas medidas permitirá a los operadores anticipar fenómenos de inestabilidad y mantener la seguridad del sistema en un entorno cada vez más dominado por la electrónica de potencia. La estabilidad de las redes eléctricas europeas depende de la capacidad de integrar tecnologías avanzadas de detección, de armonizar estándares y de diseñar estrategias de mitigación adaptadas a los nuevos fenómenos. La transición hacia un sistema descarbonizado requiere que la operación se apoye en herramientas más rápidas, precisas y coordinadas, capaces de sostener la confiabilidad en un contexto de creciente complejidad técnica.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.entsoe.eu/news/2026/02/05/entso-e-publishes-technical-report-instability-detection-technologies-in-power-electronics-dominated-systems/#:~:text=news%20ENTSO-E%20Publishes%20Technical,for%20maintaining%20secure%20system%20operation.

    https://eepublicdownloads.blob.core.windows.net/public-cdn-container/clean-documents/Reports/2026/ENTSO-E_TR_Instability_Detection_Technologies.pdf

  •  Electricity 2026: Analysis and forecast to 2030

     Electricity 2026: Analysis and forecast to 2030

    El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica a escala global marca el inicio de una etapa caracterizada por una mayor dependencia de la electricidad como insumo estructural de las economías contemporáneas. En efecto, la electrificación de la industria, el transporte y los edificios, junto con la expansión de tecnologías digitales como los centros de datos y la inteligencia artificial, impulsa un consumo que avanza a un ritmo superior al de la actividad económica general. De este modo, la electricidad deja de ser únicamente un vector energético complementario y se consolida como la base material de múltiples procesos productivos y sociales. A partir de esta tendencia, los países emergentes concentran la mayor parte del aumento del consumo, con Asia como región dominante. China mantiene su posición como principal motor de crecimiento, aportando cerca de la mitad del incremento mundial previsto hacia 2030, mientras que India y el sudeste asiático refuerzan su protagonismo debido a la expansión industrial, el aumento del uso de aire acondicionado y la electrificación progresiva de los hogares. Paralelamente, las economías avanzadas experimentan una reactivación de la demanda tras más de una década de estancamiento, impulsada por la digitalización, la relocalización industrial y la adopción de vehículos eléctricos.

    En cuanto a la estructura sectorial, el crecimiento se distribuye de manera heterogénea. Por un lado, los edificios residenciales y comerciales se consolidan como el mayor foco de expansión, debido al incremento de la climatización, la incorporación de bombas de calor y la multiplicación de dispositivos eléctricos. Por otro lado, la industria muestra un repunte, especialmente en sectores vinculados a manufacturas electrificadas y tecnologías limpias. Asimismo, el transporte amplía su peso relativo dentro de la demanda total, como resultado de la masificación de la movilidad eléctrica y del fortalecimiento de las infraestructuras de recarga. A la par del aumento del consumo, la oferta eléctrica experimenta una transformación progresiva. Las energías renovables y la nuclear amplían su participación en la generación mundial, hasta aproximarse conjuntamente a la mitad del total. En particular, la energía solar se posiciona como la tecnología con mayor ritmo de crecimiento, favorecida por la reducción de costos y la rápida expansión de instalaciones tanto a gran escala como distribuidas. Al mismo tiempo, la generación nuclear recupera dinamismo mediante la extensión de la vida útil de centrales existentes y la incorporación de nuevas capacidades en economías emergentes.

    Sin embargo, esta transición no implica una desaparición inmediata de los combustibles fósiles. Aunque el carbón pierde participación relativa, se mantiene como la fuente individual más importante de generación eléctrica en términos absolutos, debido al peso estructural que conserva en países con alta dependencia térmica. De manera complementaria, el gas natural incrementa su presencia como tecnología de respaldo, en particular en regiones donde se busca sustituir derivados del petróleo o compensar la variabilidad de las fuentes renovables. En este contexto, la infraestructura de redes adquiere una relevancia creciente. La congestión en los sistemas de transmisión y distribución se convierte en un factor limitante para la integración de nuevas capacidades de generación y almacenamiento. Por consiguiente, la expansión de las redes y la adopción de tecnologías que optimizan su uso aparecen como condiciones necesarias para sostener la transición energética. Además, la implementación de mecanismos de flexibilidad, como la respuesta de la demanda y las baterías a gran escala, permite gestionar de manera más eficiente los desbalances entre oferta y consumo.

    De forma simultánea, la seguridad y la resiliencia del sistema eléctrico emergen como dimensiones prioritarias. El aumento de eventos climáticos extremos, el envejecimiento de infraestructuras y la concentración de cargas críticas elevan la exposición a interrupciones de suministro. Frente a este escenario, se intensifican los esfuerzos orientados a reforzar la protección física de los activos, modernizar los marcos operativos y diversificar las fuentes de respaldo. La evolución de las emisiones asociadas al sector eléctrico refleja una desaceleración progresiva. Aunque la generación de electricidad continúa siendo una de las principales fuentes de dióxido de carbono, la expansión de tecnologías bajas en emisiones permite estabilizar los niveles globales y reducir la intensidad de carbono por unidad generada. Así, la electricidad se configura como un eje estratégico para la descarbonización de la economía, no solo por su transformación interna, sino también por su capacidad de sustituir combustibles fósiles en otros sectores.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.iea.org/reports/electricity-2026

    https://iea.blob.core.windows.net/assets/b73798cb-e452-42b9-9d8a-07542de7a041/Electricity_2026.pdf

  • ACELERANDO LA MEDICIÓN INTELIGENTE CLAVES REGULATORIAS PARA SU DESPLIEGUE EN AMÉRICA LATINA

    ACELERANDO LA MEDICIÓN INTELIGENTE CLAVES REGULATORIAS PARA SU DESPLIEGUE EN AMÉRICA LATINA

    La modernización de los sistemas de distribución eléctrica en América Latina se encuentra estrechamente vinculada con la digitalización y la incorporación de infraestructura de medición avanzada. La creciente electrificación de la demanda, la expansión de la generación distribuida y la necesidad de redes más flexibles han puesto en evidencia que los modelos tradicionales resultan insuficientes. En este escenario, la medición inteligente se convierte en un soporte indispensable para gestionar redes dinámicas, descentralizadas y con mayor variabilidad en los flujos de energía.

    En primer lugar, la evolución tecnológica ha transformado el medidor en un componente digital capaz de integrar comunicaciones bidireccionales, registros frecuentes y funciones de control. Esto permite identificar pérdidas, anticipar congestiones y habilitar esquemas de operación más sofisticados. Además, la granularidad de los datos facilita la implementación de tarifas horarias, programas de respuesta a la demanda y la integración de vehículos eléctricos. Así, la infraestructura de medición avanzada se configura como la base mínima para operar sistemas con alta penetración de recursos distribuidos. Sin embargo, el despliegue enfrenta retos económicos de gran magnitud. La inversión estimada para siete economías latinoamericanas supera los 51.400 millones de dólares hacia 2040, lo que evidencia la tensión entre la necesidad tecnológica y la capacidad financiera de las distribuidoras. En este sentido, la regulación adquiere un papel determinante, pues sin mecanismos claros de recuperación de inversiones y estándares técnicos mínimos, los proyectos tienden a quedar restringidos a pilotos aislados.

    A continuación, es importante observar que la región presenta un avance desigual. Uruguay, Costa Rica y Honduras han alcanzado niveles de cobertura superiores al promedio regional, gracias a estrategias regulatorias o institucionales consistentes. En contraste, países como Chile, Guatemala, México, Brasil, Colombia y Ecuador muestran penetraciones moderadas, condicionadas por factores sociales, técnicos o institucionales. Finalmente, otros países como Perú, Paraguay o El Salvador se encuentran en fases preliminares, con coberturas inferiores al 1% y avances limitados a pilotos. Adicionalmente, las estrategias de despliegue reflejan distintos niveles de compromiso político. Costa Rica y Colombia han definido metas nacionales claras, con plazos y mecanismos regulatorios de recuperación tarifaria. Perú y Brasil han formulado planes ambiciosos aún en fase de diseño, mientras que Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala dependen de iniciativas corporativas sin orientación centralizada. El caso chileno resulta ilustrativo: un mandato inicial de recambio masivo fue revertido por falta de aceptación social, lo que transformó la estrategia en un proceso voluntario.

    Por otra parte, el éxito del despliegue no depende únicamente de la escala, sino también de la solidez técnica de la infraestructura. La definición de funcionalidades, la selección de tecnologías de comunicación y la interoperabilidad son factores decisivos para asegurar que los sistemas respondan a los desafíos operativos. La capacidad de generar datos confiables y de integrarse con plataformas corporativas permite avanzar hacia una gestión más eficiente y transparente. Asimismo, la gobernanza de datos y la ciberseguridad se convierten en elementos esenciales. El acceso del usuario a la información, la protección de la privacidad y el tratamiento adecuado de los datos fortalecen la confianza y la aceptación social. Sin estas condiciones, la digitalización puede enfrentar resistencias similares a las observadas en Chile.

    La infraestructura de medición avanzada representa una oportunidad para transformar la distribución eléctrica en América Latina, pero su éxito depende de la articulación entre regulación, financiamiento, tecnología y aceptación social. La región enfrenta un panorama heterogéneo, donde algunos países avanzan con estrategias claras y otros permanecen en etapas incipientes. La consolidación de este proceso requiere marcos regulatorios estables, inversiones sostenibles y una comunicación efectiva con los usuarios, de modo que la digitalización se convierta en un motor de eficiencia, transparencia y resiliencia en el sector eléctrico.

    Para leer más ingrese a:

    https://adelat.com/wp-content/uploads/2026/01/DSO-Brief-Infraestructura-de-Medicion-Avanzada.pdf

  • INTEGRATING JUST ENERGY TRANSITIONS INTO NDCs

    INTEGRATING JUST ENERGY TRANSITIONS INTO NDCs

    La transición energética justa se concibe como un proceso que busca reemplazar los combustibles fósiles por un sistema basado en energías renovables, eficiente y suficiente, que al mismo tiempo garantice justicia social y ambiental. Este enfoque no se limita a un país o sector, sino que se desarrolla en múltiples geografías y ámbitos, y solo adquiere sentido pleno cuando contribuye a una transformación global que asegure equidad intergeneracional, respeto a los derechos humanos y protección de la naturaleza. De esta manera, la transición energética justa se convierte en un componente de una transformación más amplia que integra los objetivos de desarrollo sostenible. La inclusión de este enfoque en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs) es todavía limitada. Aunque cerca del 40% de los compromisos climáticos mencionan la transición justa, pocos la desarrollan de manera coherente o con secciones específicas. Esto genera la necesidad de avanzar hacia marcos más claros que permitan a los países definir cómo garantizar que sus acciones climáticas sean justas y efectivas. La falta de un modelo común dificulta la implementación, pero también abre la oportunidad de construir un esfuerzo coordinado que combine la visión global con las particularidades locales.

    La integración de la transición energética justa en los NDCs ofrece beneficios significativos. Por un lado, permite reducir la resistencia social a las medidas de descarbonización, al asegurar que los grupos más vulnerables reciban apoyo y beneficios. Por otro, fortalece la aceptación política y social de los cambios necesarios. Si las comunidades perciben que la transición distribuye beneficios de manera equitativa, la probabilidad de éxito aumenta. Además, la relación entre desarrollo y acción climática se vuelve más evidente: sin medidas climáticas, los objetivos de desarrollo no pueden alcanzarse, y sin desarrollo inclusivo, las acciones climáticas carecen de legitimidad. El Acuerdo de París ya reconoce la importancia de la equidad y la transición justa, vinculando la acción climática con la erradicación de la pobreza y el acceso al desarrollo sostenible. En este contexto, los NDCs se convierten en instrumentos esenciales para articular metas climáticas con objetivos sociales. La primera evaluación global realizada en la COP28 subrayó la necesidad de que las transiciones energéticas incluyan a la fuerza laboral y a las comunidades, lo que refuerza la urgencia de incorporar este enfoque en los compromisos nacionales.

    El sector privado también desempeña un papel relevante. Muchas empresas han comenzado a elaborar planes de transición, aunque persisten vacíos en áreas como la protección social, la planificación y el diálogo con los trabajadores. La mayoría de las compañías de electricidad, petróleo y gas aún no alcanzan estándares adecuados. Sin embargo, existe un potencial considerable: gran parte de los trabajadores de sectores fósiles poseen habilidades transferibles hacia empleos de energías limpias. Para que esta transición sea justa, se requieren medidas de protección como pensiones, garantías salariales y programas de capacitación. Los NDCs pueden crear el entorno propicio para que las empresas fortalezcan sus planes y contribuyan a una transición inclusiva. Un marco de transición energética justa dentro de los NDCs debe contemplar cuatro dimensiones: evaluación de impactos, participación social, apoyo institucional y financiero. La combinación de estas áreas con principios de equidad, justicia climática, acceso a la energía y transparencia permite diseñar políticas coherentes. Además, la claridad en los plazos de transición y en la distribución de recursos genera confianza en inversores y comunidades, facilitando la movilización de financiamiento y la implementación de medidas.

    Ll integración de la transición energética justa en los NDCs representa una oportunidad para alinear la acción climática con los objetivos de desarrollo sostenible. Al garantizar que los cambios hacia energías renovables sean inclusivos y respetuosos de los derechos humanos, se construye una base sólida para una transformación energética global que no deje a nadie atrás y que asegure un futuro más equitativo y sostenible.

    Para leer más ingrese a:

    https://wwf.panda.org/discover/our_focus/climate_and_energy_practice/what_we_do/changing_energy_use/alliance_just_energy_transformation/

    https://wwfint.awsassets.panda.org/downloads/ajet-and-ndcs_report_31oct24.pdf

  • Community Engagement Guidelines for Wind Energy Projects

    Community Engagement Guidelines for Wind Energy Projects

    La transición hacia proyectos de energía eólica requiere un enfoque que posicione a las comunidades en el centro de las decisiones. La participación social no puede limitarse a consultas puntuales, sino que debe ser un proceso continuo que acompañe todas las fases del ciclo de vida de un proyecto, desde la planificación inicial hasta la desmantelación. De esta manera, se garantiza que las comunidades no solo sean informadas, sino también partícipes activos en la definición de beneficios, mitigación de impactos y construcción de confianza.

    La transparencia es un principio esencial. La información sobre impactos ambientales, riesgos, cronogramas y beneficios debe difundirse en formatos accesibles y en los idiomas locales, asegurando que todos los grupos comprendan las implicaciones del proyecto. A ello se suma la necesidad de iniciar el diálogo desde las etapas tempranas, incluso antes de la selección del sitio, y mantenerlo durante la operación y el cierre. Este enfoque evita conflictos y fortalece la legitimidad de las decisiones. La inclusión es otro pilar. Mujeres, jóvenes, personas mayores, pueblos indígenas y personas con discapacidad deben ser considerados en las estrategias de participación. Para ello, se recomienda realizar evaluaciones de género y vulnerabilidad que permitan diseñar mecanismos adaptados a las realidades de cada grupo. Además, el respeto por los contextos culturales y sociales implica reconocer tradiciones, estructuras de liderazgo y prácticas de uso de la tierra, aplicando el principio de consentimiento libre, previo e informado cuando corresponda.

    El reparto equitativo de beneficios constituye una dimensión central. Los proyectos deben elaborar planes de beneficios comunitarios que incluyan tanto aportes financieros como no financieros. Entre las opciones se encuentran fondos de inversión comunitaria, participación en la propiedad, tarifas preferenciales de electricidad, programas de empleo local, mejoras en infraestructura y apoyo a servicios sociales. La sostenibilidad de estos beneficios depende de la participación activa de las comunidades en su diseño y seguimiento. Para garantizar que las preocupaciones sean atendidas, se establece la necesidad de un mecanismo de quejas accesible y culturalmente adecuado. Este sistema debe ofrecer canales diversos de presentación, plazos claros de resolución y opciones de apelación. La confidencialidad y el respeto son esenciales para generar confianza, mientras que la publicación periódica de resultados fortalece la rendición de cuentas.

    El proceso de participación se extiende a cada etapa del proyecto. En la fase de planificación, se recomienda elaborar registros de actores y diagnósticos socioeconómicos. Durante la evaluación de impactos, las consultas estructuradas y la integración de comentarios en los estudios son fundamentales. En el diseño y permisos, se sugiere la creación de comités de enlace comunitario. En la construcción, la comunicación sobre actividades y la priorización de empleo local son medidas estratégicas. En la operación, los informes anuales y las auditorías externas refuerzan la transparencia. Finalmente, en la desmantelación, el diálogo sobre la rehabilitación del terreno y la continuidad de beneficios asegura un cierre responsable. Los proyectos en contextos marinos requieren consideraciones adicionales. La identificación de actores costeros y pesqueros, la evaluación de biodiversidad marina y la coordinación transfronteriza son pasos necesarios. Asimismo, los beneficios deben adaptarse a las comunidades costeras mediante mejoras en infraestructura portuaria, programas de seguridad marítima o apoyo a industrias sostenibles como la acuicultura y el ecoturismo.

    La gobernanza de los mecanismos de beneficios demanda comités comunitarios con representación equilibrada y reglas claras de decisión. La publicación de informes anuales y la posibilidad de auditorías externas refuerzan la confianza. En caso de disputas, se contemplan medidas correctivas como la reasignación de fondos. En definitiva, la participación comunitaria en proyectos eólicos se concibe como un proceso estructurado, inclusivo y transparente que no solo reduce riesgos, sino que también abre oportunidades de desarrollo local. Al integrar principios de equidad, sostenibilidad y respeto cultural, se construye una base sólida para que la energía eólica sea aceptada socialmente y contribuya a una transición energética justa y duradera.

    Para leer más ingrese a:

    https://wwindea.org/WWEA-community-engagement-guidelines-2025

    https://wwindea.org/ss-uploads/media/2025/11/1764156745-1d2e2af2-5694-4364-b087-a3dd16c6ec20.pdf

  • Doubling Energy Efficiency with Appliances: How governments can leverage appliances to reach climate targets

    Doubling Energy Efficiency with Appliances: How governments can leverage appliances to reach climate targets

    La eficiencia energética en los electrodomésticos eléctricos se presenta como una estrategia decisiva para alcanzar las metas de reducción de emisiones y limitar el calentamiento global. En la actualidad, los aparatos representan más de un tercio del consumo final de energía y cerca del 40% de las emisiones relacionadas con la energía. Este peso creciente se explica por el aumento de la población y de los ingresos, lo que impulsa la demanda de refrigeradores, acondicionadores de aire, sistemas de calefacción y otros equipos. En consecuencia, mejorar su rendimiento se convierte en una vía directa para disminuir el consumo, aliviar la presión sobre las redes eléctricas y reducir emisiones.

    El compromiso asumido por más de 110 países en la COP28 de duplicar la tasa anual de mejora en la intensidad energética hasta 2030 exige medidas concretas. Entre ellas, la eficiencia de los aparatos puede aportar alrededor de una quinta parte de la reducción de la demanda energética necesaria para cumplir con ese objetivo. Para lograrlo, se requiere que los gobiernos eleven los estándares mínimos de desempeño energético (MEPS) hasta los niveles más exigentes ya existentes y, posteriormente, los ajusten a las tecnologías más eficientes disponibles en el mercado. De esta manera, se evitaría la entrada de productos obsoletos y se impulsaría la transformación tecnológica. La experiencia internacional muestra que la regulación, la información y los incentivos son los tres mecanismos principales para avanzar en eficiencia. La regulación elimina los equipos de bajo rendimiento, la información orienta las decisiones de compra de los consumidores y los incentivos aceleran la adopción de nuevas tecnologías. Sin embargo, la efectividad depende de la rigurosidad con que se apliquen los estándares. En más de 120 países existen MEPS, pero muchos se sitúan por debajo de los niveles más ambiciosos. El análisis comparativo evidencia que incluso los mejores estándares actuales están lejos de las tecnologías más avanzadas, lo que abre un margen considerable de mejora.

    Los estudios de caso de Brasil, China, India e Indonesia ilustran cómo la eficiencia de los aparatos se integra en las estrategias nacionales. Brasil, por ejemplo, enfrenta una demanda creciente de energía para refrigeración durante olas de calor, lo que presiona su sistema eléctrico. Aunque ha reforzado sus programas de etiquetado y estándares, aún se encuentra por debajo de los niveles más altos. China, por su parte, ha avanzado en la actualización de estándares para motores y acondicionadores, reconociendo la importancia de reducir el consumo en sectores industriales y residenciales. India ha expandido sus programas de etiquetado y ha comenzado a revisar estándares para electrodomésticos, mientras que Indonesia ha identificado la eficiencia como un componente central de su transición energética. En todos los casos, se observa que la alineación con las mejores tecnologías podría generar reducciones significativas en el consumo y contribuir al objetivo global de duplicar la eficiencia. El potencial de ahorro es notable. Según los cálculos, alinear los estándares con los más estrictos permitiría evitar 9 exajulios de consumo en 2030, y si se ajustan a las tecnologías más eficientes, la reducción alcanzaría hasta 19 exajulios. Esto equivale aproximadamente al 20% de la disminución necesaria para mantener la trayectoria hacia la neutralidad de carbono. Los mayores aportes provendrían de la iluminación, la calefacción y el agua caliente, donde la transición hacia bombas de calor y la sustitución de lámparas fluorescentes por LED ofrecen beneficios inmediatos.

    De este modo, la eficiencia de los aparatos no solo reduce emisiones y consumo, sino que también fortalece la resiliencia de los sistemas eléctricos y disminuye costos para los hogares y las industrias. Para que este potencial se materialice, es indispensable que los gobiernos actúen con rapidez, establezcan metas claras y medibles, y fortalezcan la cooperación internacional. La armonización de estándares, el intercambio de conocimientos técnicos y la vigilancia conjunta de los mercados son pasos que permitirían superar barreras comunes y acelerar la transformación. De este modo, la eficiencia de los aparatos se convierte en un motor de la transición energética y en una herramienta concreta para mantener abierta la posibilidad de alcanzar la neutralidad climática a mediados de siglo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.clasp.ngo/research/all/doubling-energy-efficiency-appliances/

    https://www.clasp.ngo/wp-content/uploads/2025/09/Doubling-Energy-Efficiency-with-Appliances.pdf

  • Model Digital Economy Agreement (MDEA)

    Model Digital Economy Agreement (MDEA)

    La consolidación de la economía digital ha transformado de manera profunda las relaciones comerciales, los flujos de información y los marcos regulatorios que organizan el intercambio internacional. En este escenario, los datos se convierten en un activo estratégico, no solo como insumo productivo, sino también como elemento que condiciona la competitividad, la innovación y la capacidad de integración entre economías. Por tanto, la regulación del entorno digital deja de ser un asunto técnico aislado y pasa a insertarse en el núcleo de la política económica contemporánea.

    A partir de esta premisa, se observa un esfuerzo por establecer reglas comunes que permitan facilitar el comercio digital sin fragmentar el espacio económico global. En particular, se promueve la eliminación de barreras al flujo transfronterizo de datos, con el objetivo de reducir fricciones operativas y fomentar la interoperabilidad entre mercados. De forma paralela, se busca garantizar que dichas transferencias se desarrollen bajo principios de transparencia, seguridad y confianza, evitando usos abusivos o prácticas discriminatorias. Asimismo, la protección de la información personal adquiere una dimensión central dentro de estos acuerdos. Lejos de plantearse como un obstáculo al comercio, la privacidad se integra como condición para la legitimidad del ecosistema digital. En consecuencia, se impulsa la adopción de marcos que reconozcan estándares internacionales, promuevan el consentimiento informado y refuercen los derechos de los usuarios frente al tratamiento de sus datos. De este modo, se intenta equilibrar la libertad de circulación de información con salvaguardas jurídicas que preserven la autonomía individual.

    Por otro lado, la prohibición de exigir la localización forzada de servidores o infraestructuras digitales emerge como una directriz orientada a reducir costos y evitar distorsiones en la asignación de recursos. En lugar de imponer restricciones territoriales, se favorece la flexibilidad tecnológica, permitiendo que las empresas elijan las ubicaciones más eficientes para sus operaciones. Con ello, se estimula la inversión extranjera y se amplía el acceso a servicios digitales avanzados, incluso en economías con capacidades limitadas. En el ámbito del comercio electrónico, se promueve la no imposición de aranceles a las transmisiones digitales, bajo la lógica de que la digitalización debe actuar como motor de integración y no como fuente adicional de cargas fiscales. Al mismo tiempo, se refuerza la cooperación en materia de pagos electrónicos, firmas digitales y reconocimiento de identidades virtuales. Gracias a estas medidas, se busca reducir la incertidumbre jurídica y facilitar la participación de pequeñas y medianas empresas en los mercados internacionales.

    De manera complementaria, los acuerdos digitales incorporan disposiciones sobre ciberseguridad, reconociendo que la expansión del comercio electrónico incrementa la exposición a riesgos informáticos. Frente a ello, se fomenta el intercambio de información entre autoridades, la adopción de buenas prácticas y el desarrollo de capacidades técnicas para prevenir incidentes. Así, la seguridad deja de concebirse como una responsabilidad exclusiva del sector privado y se transforma en un ámbito de acción coordinada. Sin embargo, estos marcos no se limitan a aspectos económicos. También incluyen principios relacionados con la inclusión digital, la reducción de brechas tecnológicas y el acceso equitativo a los beneficios de la economía digital. En este sentido, se promueve la capacitación, el fortalecimiento institucional y la cooperación internacional como mecanismos para evitar que la digitalización profundice desigualdades existentes entre países o grupos sociales.

    La configuración de acuerdos digitales responde a una visión estratégica de largo plazo. Más que regular tecnologías específicas, se intenta construir un entorno normativo adaptable a innovaciones futuras. En lugar de fijar reglas rígidas, se priorizan principios generales que puedan reinterpretarse ante nuevos modelos de negocio, plataformas emergentes o transformaciones productivas. De esta forma, el comercio digital se consolida como un espacio dinámico, donde la regulación busca acompañar el cambio sin bloquearlo, garantizando simultáneamente apertura económica, protección de derechos y estabilidad institucional.

    Para leer más ingrese a:

    https://dco.org/model-digital-economy-agreement-mdea/

    https://dco.org/wp-content/uploads/2026/02/Model-Digital-Economy-Agreement-with-Commentary.pdf

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Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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