La Comisión Europea adoptó el Plan de Acción de Electrificación y propuso modificar el Reglamento 2019/943 para preparar las facturas eléctricas y las redes frente a mayor demanda. La estrategia busca reducir costos del sistema, mejorar la eficiencia de las redes y acelerar tecnologías inteligentes. El diagnóstico es directo: transporte, edificios e industria consumirán más electricidad, por lo que las redes deben crecer y volverse más inteligentes.
Uno de los elementos centrales es el despliegue acelerado de medidores inteligentes. La propuesta fija una meta para que al menos 50% de los clientes finales tenga medidores inteligentes en 2030 y 75% en 2033. Estos equipos entregan información casi en tiempo real, facilitan trasladar consumo hacia horas más limpias y baratas, y ayudan a operadores a gestionar demanda y congestión. La Comisión también exige intercambio armonizado y seguro de datos entre operadores de transmisión y distribución.
Para directivos de tecnología, la señal es relevante: la digitalización de red se convierte en política energética estructural. La inteligencia artificial podrá anticipar demanda, optimizar flujos, gestionar congestiones y aprovechar infraestructura existente, pero requiere datos de calidad, permisos, seguridad y gobierno sectorial. La propuesta crea un marco voluntario para reutilizar datos eléctricos en investigación e innovación con salvaguardas. Para Colombia, el caso muestra que medición avanzada, interoperabilidad y gobernanza de datos son condiciones para flexibilidad, renovables, almacenamiento y participación activa de usuarios. Estas metas obligan a revisar arquitectura empresarial, calidad de datos, ciberseguridad, integración de medidores y capacidades analíticas para operación coordinada y segura interoperable nacional.
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