La digitalización y la inteligencia artificial se han convertido en ejes transformadores de múltiples sectores productivos, y la construcción en los países nórdicos no es la excepción. Sin embargo, la realidad muestra una paradoja: mientras la ambición digital es elevada, la materialización de resultados es todavía limitada. Este desfase entre intención y ejecución genera una brecha de desempeño que amenaza con ampliarse en los próximos años, en especial frente a competidores globales más avanzados. La mayoría de las empresas de la cadena de valor, desde propietarios de activos hasta constructoras y proveedores de servicios, ha comenzado a incorporar tecnologías digitales y de inteligencia artificial en sus agendas estratégicas. No obstante, menos de la mitad ha superado la fase de experimentación inicial y ninguna se ubica aún en el nivel más avanzado de madurez digital. Así, aunque más del 60% de las compañías ha implementado al menos un caso de uso, solo una cuarta parte reporta impactos tangibles en términos de eficiencia, ingresos o retorno sobre la inversión.
Las causas de esta situación no radican en la falta de acceso a tecnologías, sino en la capacidad organizacional para escalar y sostener las iniciativas. Muchas empresas cuentan con cimientos básicos de datos e infraestructura de TI, pero carecen de modelos operativos, talento especializado y estructuras de gobernanza que permitan consolidar los proyectos. La gestión del cambio y el respaldo del liderazgo aparecen como factores recurrentemente débiles, lo que obstaculiza el paso de la planificación a la ejecución efectiva. Superar estos obstáculos requiere un enfoque equilibrado, orientado a generar valor. Ello implica construir un portafolio de casos de uso que combine soluciones inmediatas de productividad, transformaciones profundas en áreas críticas del negocio y propuestas audaces capaces de redefinir modelos operativos. Entre las aplicaciones con mayor potencial se encuentran las herramientas de IA que optimizan la licitación y planificación de proyectos, los sistemas que detectan ineficiencias en compras y contabilidad, o las plataformas digitales de colaboración que integran a todos los actores en tiempo real. Estas innovaciones ya se han desplegado en otras regiones y ofrecen ejemplos listos para ser adaptados.
Cuando se implementan de manera integral, las tecnologías digitales y de inteligencia artificial permiten mejoras de hasta 13% en ingresos o reducción de costos. En ámbitos específicos, los beneficios pueden ser aún mayores, como en la precisión de ofertas, la reducción de sobrecostos o la coordinación de proyectos complejos. La construcción nórdica, por tanto, no necesita inventar desde cero, sino seleccionar y adaptar lo que ya ha probado su eficacia en otros contextos. El tiempo, sin embargo, se convierte en un factor decisivo. Si las empresas no aceleran la transición hacia modelos digitales más maduros, la brecha con los competidores internacionales podría superar los 35 puntos porcentuales en retorno total para los accionistas hacia 2026. Esto pondría en riesgo no solo la rentabilidad, sino también la capacidad de mantenerse competitivas en un entorno caracterizado por la presión de costos, la escasez de talento y la creciente complejidad contractual.
La oportunidad todavía está abierta. El compromiso de la alta dirección, una visión clara vinculada a la estrategia empresarial, y la creación de una base organizacional sólida constituyen los elementos que pueden permitir pasar de la planificación a la acción. En este contexto, la digitalización y la inteligencia artificial no deben ser vistas únicamente como herramientas tecnológicas, sino como activos estratégicos capaces de impulsar productividad, eficiencia y diferenciación competitiva. La construcción en los países nórdicos se encuentra en una encrucijada. La aspiración por avanzar hacia un sector más digitalizado está presente, pero el reto es traducirla en impacto real y sostenido. Para ello será necesario combinar visión estratégica, portafolios de uso equilibrados y una base organizacional preparada. De lo contrario, el desfase entre ambición y resultados seguirá ampliándose, comprometiendo la capacidad del sector de aprovechar plenamente las oportunidades que ya están disponibles.
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