East Asia and Pacific Economic Update: Industrial Policy in the Digital Age

La actualización económica de abril de 2026 plantea que Asia oriental y el Pacífico sigue creciendo por encima del promedio mundial, pero entra en una etapa menos dinámica y con mayores exigencias estructurales. La proyección regional ubica el crecimiento en 5,0% para 2025, 4,2% para 2026 y 4,4% para 2027. En China, el ritmo bajaría desde 5,0% en 2025 hasta 4,2% en 2026 y 4,3% en 2027, mientras el resto de la región pasaría de 4,9% a 4,1% en 2026 para luego recuperarse hasta 5,0% en 2027. La lectura macroeconómica muestra una base todavía activa en consumo y manufactura exportadora, pero con fragilidades visibles. La confianza del consumidor se mantiene débil, la inversión privada sigue por debajo de niveles prepandemia en gran parte de la región y el crecimiento reciente está más respaldado por acumulación de capital que por mejoras sostenidas de productividad. También se advierte que el conflicto en Medio Oriente, la volatilidad de precios de energía y la incertidumbre global siguen presionando la actividad regional.

 

El componente más distintivo está en la discusión sobre política industrial en la era digital. La propuesta organiza la intervención pública en tres pilares. El primero es fortalecer bienes públicos fundacionales, especialmente capital humano, infraestructura e instituciones. El segundo es corregir fallas de política que frenan reasignación eficiente de recursos, como restricciones en servicios, barreras regulatorias y trabas al comercio. El tercero contempla intervenciones focalizadas para enfrentar fallas de mercado en sectores específicos. La argumentación insiste en que la base más eficaz para el desarrollo sigue siendo horizontal. Se resalta, por ejemplo, que muchos países de la región aún muestran déficits de capital humano, infraestructura y capacidad institucional, y que los beneficios de invertir más en estos frentes exceden ampliamente sus costos en la mayoría de economías analizadas. También se subraya que la liberalización de servicios puede generar efectos de productividad significativos, como ocurrió en Viet Nam, donde la apertura en telecomunicaciones, finanzas y otros servicios impulsó mejoras tanto en servicios como en manufactura.

 

El contenido también entra a valorar los límites y riesgos de la política industrial focalizada. A escala global y regional, el número de nuevas medidas comerciales e industriales aumentó con fuerza después de 2020, con subsidios, incentivos a la exportación y apoyos dirigidos a firmas específicas. Sin embargo, la evidencia presentada muestra resultados muy heterogéneos. En economías del G-20, la promoción exportadora y las transferencias directas se asocian con mejoras de productividad, mientras en otras economías emergentes esos efectos no aparecen con la misma claridad. También se advierte que los préstamos subsidiados pueden alterar la combinación de factores y empujar a las empresas a sustituir trabajo por maquinaria. En China, los incentivos tributarios aparecen más vinculados con aumentos de productividad que los subsidios directos, los cuales además tienden a concentrarse en menos firmas y con mayor presencia de empresas estatales. El contraste entre Corea en los años setenta y la intervención reciente de China en construcción naval refuerza ese punto: no basta con que la intervención sea efectiva para expandir producción o participación de mercado, también debe justificarse en eficiencia y retorno económico.

 

La cadena de valor de la inteligencia artificial se utiliza como caso para mostrar cómo deberían interactuar los tres pilares. La inversión privada global en IA generativa subió hasta 34 mil millones de dólares en 2024 y la expansión de centros de datos se acelera en varias economías de la región. Malasia ya suma cerca de 700 MW operativos y una cartera superior a 3.000 MW, mientras Indonesia y Tailandia también avanzan. En comercio, Malasia y Viet Nam sobresalen por el peso de las exportaciones vinculadas con IA, que alcanzan alrededor de 34% y 32% del PIB en 2025. Aun así, la difusión tecnológica dentro de la economía sigue siendo limitada. Solo entre 13% y 17% de las subsidiarias multinacionales en China y Tailandia usan IA, frente a 37% en Estados Unidos, y la región todavía concentra gran parte de su participación en etapas intermedias de semiconductores, ensamblaje y hardware. La conclusión operativa es que atraer centros de datos o manufactura asociada no basta por sí solo. La participación sostenida en la economía digital exige energía confiable, conectividad, habilidades, apertura de servicios, mejor acceso a datos y una institucionalidad capaz de ejecutar políticas con disciplina técnica.

Para leer más ingrese a:

https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/57bcd2e6-2e35-4032-9a0d-a07562811f11

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