La creciente adopción de vehículos eléctricos transforma sustancialmente las consideraciones relativas a la seguridad contra incendios en flotas y estaciones de carga. Aunque la incidencia de incendios en vehículos eléctricos es menor en comparación con los automóviles de combustión interna, las características propias de sus sistemas de baterías plantean retos originales para la prevención y mitigación de incendios. Esto se debe principalmente a la presencia de sistemas de baterías de alta tensión que, en caso de falla, pueden desencadenar eventos de “fuga térmica”, un proceso químico auto-sostenido que genera calor y gases inflamables en el interior del paquete de baterías. La naturaleza sellada de estas baterías reduce la efectividad de métodos de enfriamiento externos y puede prolongar el incendio por horas o incluso días, aumentando el riesgo de reignición. Además, los vehículos eléctricos permanecen conectados a la red eléctrica durante largos periodos mientras cargan, a diferencia del reabastecimiento breve de combustible líquido de los vehículos convencionales, por lo que las estructuras de carga requieren consideraciones especiales para evitar riesgos eléctricos y facilitar la desconexión rápida en caso de emergencia.
La comprensión de estos riesgos conduce a la necesidad de aplicar prácticas específicas al instalar y gestionar estaciones de carga, así como al operar y almacenar los vehículos. Se recomienda utilizar únicamente equipamiento certificado conforme a normas reconocidas y que la instalación sea realizada por personal con formación específica en infraestructura para vehículos eléctricos. Asimismo, la distancia entre vehículos en áreas de estacionamiento es un factor de gran relevancia para reducir la propagación del fuego, dado que espacios más amplios entre los automóviles aumentan el tiempo disponible para la intervención de los servicios de emergencia. Este aspecto cobra especial atención en estructuras de estacionamiento multiespacios, que debido a su configuración pueden dificultar la acción de los bomberos y aumentar la concentración de calor y humo en caso de incendio. Por ello, la colaboración con los cuerpos locales de emergencia para la planificación y el desarrollo de estrategias de respuesta constituye una medida eficaz para mejorar la seguridad y minimizar el impacto de eventuales incidentes.
Ante la posibilidad de que un vehículo eléctrico pueda tardar en extinguirse horas y requerir gran volumen de agua, así como la posibilidad de que se reactive una vez apagado, se enfatiza la importancia de contar con planes de emergencia actualizados que incluyan procedimientos específicos para manejar incendios de vehículos eléctricos. La capacitación continua del personal que manipula y opera estos vehículos es igualmente relevante para la identificación temprana de señales de alerta y la reacción adecuada en caso de incidentes. En cuanto al almacenamiento, se sugiere seguir las indicaciones del fabricante para cada modelo, evitar almacenar vehículos dañados o expuestos a condiciones como inundaciones cerca de otros vehículos o materiales inflamables, y mantener espacios adecuados para permitir una rápida respuesta en caso de emergencia. Sumado a esto, la implementación de monitoreo y detección temprana mediante sistemas automáticos puede contribuir significativamente en la prevención y contención de incendios.
Las estrategias de manejo de emergencias para vehículos eléctricos deben adaptarse a las particularidades de estos sistemas. Los bomberos pueden emplear métodos ofensivos, utilizando grandes cantidades de agua para enfriar las baterías y controlar las llamas, aunque esto puede afectar el entorno y consumir muchos recursos. Alternativamente, la táctica defensiva busca contener y monitorear el incendio mientras la batería se consume, opción que requiere evaluar riesgos relacionados con la propagación y toxicidad de gases. La interacción permanente con los servicios de emergencia y la capacitación en el uso de guías de respuesta específicas para vehículos eléctricos mejoran la capacidad de afrontar estos incidentes. Por lo tanto, tanto la disposición física de los vehículos como la planificación, formación y cooperación con las autoridades resultan componentes indispensables para una gestión segura de flotas electrificadas.
La transición hacia vehículos eléctricos demanda un enfoque diferenciado para la gestión de riesgos de incendio que considere las propiedades únicas de sus sistemas de baterías y la interacción con la infraestructura eléctrica. La adecuada selección, instalación y mantenimiento de estaciones de carga, junto con estrategias de almacenamiento que faciliten el acceso y minimicen la propagación de incendios, son esenciales. Además, la cooperación entre operadores de flotas, fabricantes, instaladores y servicios de emergencia permite anticipar y responder eficazmente a incidentes, garantizando la continuidad operativa y la seguridad. Así, la integración de medidas preventivas, el desarrollo de capacidades técnicas y la implementación de planes de emergencia adaptados aseguran que el crecimiento de la movilidad eléctrica se gestione con responsabilidad y atención a sus particularidades.
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