La energía sostiene el funcionamiento de las sociedades modernas, y este documento de posición de DNV parte de una advertencia directa: el entorno de amenazas que rodea a la infraestructura energética crítica está cambiando más rápido de lo que muchas organizaciones logran adaptarse. La combinación de riesgos híbridos (geopolítica volátil, impactos físicos del cambio climático, complejidad creciente de las redes, digitalización acelerada, auge de la inteligencia artificial y cadenas de suministro frágiles) ya no puede analizarse de forma aislada, sino como un conjunto de vulnerabilidades que se acumulan y refuerzan entre sí. Esta urgencia se documenta con datos concretos: en una encuesta de DNV a más de mil profesionales senior del sector energético, más de la mitad reconoció que su organización no cuenta con una estrategia de resiliencia empresarial claramente definida y actualizada con regularidad.
El texto recorre una serie de episodios recientes que ilustran esta acumulación de riesgos. Las redes eléctricas han sido blanco de sabotajes físicos, como el que dejó a Berlín cinco días sin electricidad, y de ciberataques documentados en India y Polonia. Los cables submarinos de gas y electricidad han sufrido daños deliberados en el mar Báltico, mientras que terminales y buques de gas natural licuado enfrentan amenazas que van desde misiles y drones hasta piratería. A esto se suman fenómenos no intencionales, como el envejecimiento de los activos, la capacidad insuficiente de las redes y el clima extremo: solo en Estados Unidos se han registrado 431 desastres climáticos con pérdidas superiores a mil millones de dólares desde 1980, y casi la mitad de ese costo total se concentró en la última década. El apagón de abril de 2025 en la península ibérica, que interrumpió el transporte, las telecomunicaciones móviles y afectó hospitales en España y Portugal, aparece como ejemplo central de cómo una falla técnica puede escalar en cascada hacia consecuencias sociales de gran escala.
Frente a esta complejidad, el documento sostiene que la gestión de riesgo tradicional, centrada en accidentes no intencionales con probabilidades relativamente estables, resulta insuficiente. Propone en cambio el DNV Resilience Framework, un ciclo cerrado de cuatro pasos. El primero consiste en analizar los riesgos y construir un perfil de amenazas moderno, incorporando cinco dimensiones que suelen emplear los analistas de inteligencia y seguridad militar: organización, personas, infraestructura física, tecnología de la información y ciberseguridad, y cadena de suministro. El segundo paso prioriza las inversiones aplicando una calificación de riesgo basada en probabilidad e impacto, conectando la resiliencia con la estrategia central de la empresa en lugar de tratarla como un proyecto aislado. El tercer paso traduce ese plan en medidas concretas, integradas en los procesos existentes de gestión de activos. El cuarto paso establece un ciclo permanente de comprobación y validación mediante ejercicios de simulación de crisis, dado que las conmociones del sistema son por naturaleza impredecibles.
El documento cierra insistiendo en que ninguna organización puede lograr un control total sobre cada amenaza posible, pero sí puede pasar de un estado de preocupación difusa a uno de control informado, con visibilidad sobre sus dependencias críticas y capacidad probada de respuesta bajo presión. Para lograrlo, DNV plantea que se requiere una colaboración mucho más estrecha entre el sector público y privado, cerrando tres brechas persistentes: la asimetría en el intercambio de inteligencia sobre amenazas, la falta de visibilidad profunda sobre los proveedores en niveles inferiores de la cadena de suministro, y el desajuste entre el riesgo operativo que enfrentan las empresas de energía y la autoridad legal que realmente poseen para actuar frente a él. El mensaje final es que la resiliencia energética ya no puede tratarse como una casilla de cumplimiento normativo, sino como una necesidad estratégica y social que debe integrarse desde el diseño mismo de los sistemas energéticos.
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