África Occidental concentra una de las mayores brechas de acceso eléctrico del planeta: cerca de 184 millones de personas carecen de electricidad, la mayoría en zonas rurales donde extender la red centralizada resulta poco viable desde el punto de vista económico. Frente a este panorama, el programa de Apoyo Estratégico a la Planeación de Acceso Energético impulsado por IRENA busca dotar a los gobiernos de herramientas geoespaciales para planificar la electrificación al menor costo posible, combinando expansión de red, microrredes y sistemas aislados. El análisis se concentra en cuatro países -Burkina Faso, Malí, Nigeria y Senegal- que enfrentan retos distintos según su cobertura de red existente, densidad poblacional y nivel de acceso actual, que va desde 21,7% en Burkina Faso hasta 74,2% en Senegal.
El estudio introduce el concepto de valor del almacenamiento, calculado como la diferencia de costo entre una microrred híbrida solar-diésel con baterías y una configuración equivalente sin ellas, donde la flexibilidad depende únicamente de los generadores diésel. Los costos de ciclo de vida incluyen la inversión inicial, el mantenimiento y el combustible, descontados a valor presente. Aplicado a través de un modelo geoespacial acoplado con una herramienta de optimización horaria, el ejercicio identifica un mercado potencial cercano a 568 MW en unos 42.700 asentamientos, suficiente para atender a 21 millones de personas en el corto plazo. La energía solar domina de forma abrumadora la combinación tecnológica de las microrredes, con una participación superior al 98%, mientras la hidroeléctrica y la eólica quedan relegadas a aplicaciones puntuales.
Los resultados varían de forma significativa según el nivel de demanda y la capacidad de expansión de la red central. Cuando esta expansión enfrenta restricciones técnicas o financieras -una realidad frecuente en la región-, las microrredes con baterías se convierten en la alternativa más competitiva, llegando a cubrir más de la mitad de las nuevas conexiones y a servir entre 47 y 110 millones de personas de un total de 171 millones. En estos escenarios, el valor del almacenamiento puede llegar a USD 25.000 millones, con una capacidad de baterías de hasta 130 GWh, y por cada dólar adicional invertido en baterías se evitan en promedio dos dólares en costos de combustible diésel, una relación que puede ascender a cuatro dólares en los escenarios de menor costo. Nigeria concentra la mayor parte de esta oportunidad, seguida de Burkina Faso, Malí y Senegal.
El almacenamiento también funciona como cobertura frente a la volatilidad de precios del diésel, un hallazgo particularmente relevante en un contexto de tensiones geopolíticas recientes que han encarecido los combustibles fósiles a nivel global. Un incremento del 10% en el precio del diésel eleva el valor del almacenamiento en proporciones de dos a tres veces superiores al aumento del costo de la inversión requerida, mientras que las tarifas de las microrredes híbridas apenas se mueven entre 10% y 15% ante una duplicación del precio del combustible. A partir de estos hallazgos, se recomienda integrar las soluciones fuera de red en las estrategias nacionales de electrificación, fortalecer la planeación geoespacial y la capacidad institucional, crear condiciones habilitantes para el despliegue de microrredes solares con baterías, y movilizar mecanismos de financiamiento innovador que reduzcan el riesgo de estos proyectos. Para el sector eléctrico colombiano, estas conclusiones ofrecen referentes de utilidad directa para la electrificación de zonas no interconectadas y comunidades aisladas, donde la combinación de energía solar y almacenamiento puede representar una alternativa costo-efectiva frente a la generación diésel.
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