Gender Equality in ASEAN Energy Booklet – Volume III

La publicación presenta una evolución clara en la agenda energética regional. Tras una primera etapa dedicada a establecer la línea base sobre participación de las mujeres en el sector energético y una segunda centrada en políticas con enfoque de género, esta tercera edición incorpora la transición energética justa e inclusiva como marco articulador entre energía, género y clima. El énfasis ya no está solo en reconocer desigualdades, sino en integrarlas dentro de la planificación energética regional y nacional. La narrativa se apoya en un cambio político concreto: el APAEC 2026-2030 fue adoptado con el tema “Advancing Regional Cooperation in Ensuring Energy Security and Accelerating Decarbonisation for a Just and Inclusive Energy Transition”, colocando por primera vez esta perspectiva en el centro de la cooperación energética de ASEAN. También se conecta con la presidencia filipina de ASEAN en 2026, que impulsa una agenda de crecimiento inclusivo y cooperación centrada en las personas.

 

La justificación social y energética es contundente. ASEAN supera los 670 millones de habitantes, mantiene una población en edad productiva en aumento y casi la mitad de sus habitantes vive en zonas rurales. La urbanización alcanzó 51,8%, superior al 51,2% registrado en 2022, pero esa expansión urbana no elimina las brechas de acceso e infraestructura. La publicación recuerda que en 2022 aún había alrededor de 3,4 millones de hogares sin acceso a electricidad y aproximadamente 167 millones de personas sin acceso a cocina limpia. Bajo estas condiciones, la transición energética no puede evaluarse solo por velocidad de despliegue tecnológico o reducción de carbono. Debe considerar quién accede a la energía, quién participa en las decisiones, quién asume los costos del cambio y quién captura sus beneficios. Esa lectura se refuerza con la advertencia de que la energía no es neutral al género: las mujeres continúan subrepresentadas en el sector, enfrentan barreras derivadas de brechas de ingresos, trabajo de cuidado no remunerado e inserción laboral informal, y además sufren de manera desproporcionada los impactos climáticos y las desigualdades de acceso energético.

 

Para responder a ese reto, se propone una definición regional de transición energética justa e inclusiva apoyada en 10 principios orientadores. Entre ellos destacan acceso y asequibilidad energética, educación y desarrollo de capacidades, empleo energético, inclusión social y protección de grupos desfavorecidos, gobernanza inclusiva, distribución justa de costos y beneficios, sostenibilidad, seguridad energética, crecimiento económico equitativo y igualdad de género. Ese marco se inspira en los energy justice tenets, pero adapta la discusión a la realidad socioeconómica de ASEAN. La publicación subraya que esta adaptación es necesaria porque no existe una fórmula única para la región. La reconfiguración laboral muestra por qué esta dimensión es tan relevante: hacia 2050 podrían perderse 3,4 millones de empleos en energía, principalmente en combustibles fósiles, mientras podrían crearse 11,8 millones de empleos en renovables. De allí que el reentrenamiento, la formación técnica y la participación inclusiva en los nuevos mercados energéticos aparezcan como condiciones esenciales de la transición.

 

La parte nacional muestra que varios Estados miembros ya están incorporando estos enfoques en sus marcos climáticos y de planificación. En las iniciativas asociadas a NDC, por ejemplo, Camboya resalta la participación de mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y personas con discapacidad en el desarrollo de su NDC 3.0, además de enfatizar la necesidad de datos desagregados y sistemas robustos de monitoreo, reporte y verificación. Malasia destaca un proceso participativo e inclusivo que involucra ministerios, gobiernos estatales, organizaciones no gubernamentales, sector privado y academia, reconociendo expresamente juventud, niñez, inclusión de género, protección de grupos vulnerables y educación climática. Timor-Leste incorpora “demography, gender, and social inclusion considerations” como uno de los principios orientadores de su Plan Nacional de Adaptación. Estas referencias muestran que la agenda regional ya empieza a traducirse en mecanismos nacionales de coordinación interministerial, diseño participativo y uso más explícito de variables GEDSI dentro de políticas climáticas y energéticas.

 

En el plano regional, el contenido ubica al APAEC 2026-2030 como la principal arquitectura para consolidar esta integración. El Programa de Regional Energy Policy and Planning incorpora un enfoque transversal que busca alinear energía, desarrollo socioeconómico e inclusión, fortaleciendo políticas regionales e interconectividad con criterios GEDSI. Se insiste en que esto permite mover la agenda desde el compromiso hacia la implementación, mediante estrategias y planes de acción concretos. La publicación también identifica condiciones habilitantes para que ese avance sea real: marcos institucionales, sistemas de datos y monitoreo, financiamiento inclusivo y redes intersectoriales más fuertes. El resultado es una hoja de ruta que vincula acceso, participación y resiliencia con la descarbonización, planteando que el futuro energético de ASEAN no solo debe ser bajo en carbono, sino también más equitativo, resiliente e inclusivo para toda la población.

Para leer más ingrese a:

https://aseanenergy.org/publications/gender-equality-in-asean-energy-booklet-volume-iii

https://storage.googleapis.com/aceweb-bucket-261225/pdf/publication/Gender%20Equality%20in%20ASEAN%20Energy%20Booklet%20Volume%20III_compressed_Re1z6N2lWbsJFuakQTUxuwR9hv4PSDgJWzg2iCWV.pdf

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