La transición energética hacia un sistema más sostenible en el Reino Unido enfrenta un desafío poco explorado: la disponibilidad de agua. A medida que se avanza hacia tecnologías bajas en carbono, muchas de ellas requieren grandes volúmenes de agua, especialmente para procesos de enfriamiento en generación térmica, producción de hidrógeno y captura de carbono. Esta interdependencia entre energía y agua plantea tensiones que podrían comprometer la resiliencia del sistema energético si no se abordan adecuadamente. El análisis realizado mediante el modelo ESME permitió simular múltiples escenarios hasta 2050, considerando restricciones geográficas, temporales y tecnológicas en la disponibilidad de agua. Se identificaron regiones como el Este, Sudeste y Londres con severas limitaciones de agua dulce, lo que restringe la posibilidad de instalar nuevas plantas térmicas que dependan de este recurso. En contraste, las zonas costeras y estuarinas ofrecen mayores oportunidades para el desarrollo energético, gracias a su abundancia hídrica. Sin embargo, acceder a estas fuentes no está exento de complicaciones, debido a que existen restricciones ambientales y regulatorias que podrían limitar su uso.
Frente a estas limitaciones, el sistema energético puede adaptarse mediante el uso de tecnologías de enfriamiento menos intensivas en agua, como la refrigeración por aire o sistemas híbridos. Aunque estas alternativas reducen la presión sobre los recursos hídricos, implican mayores costos y menor eficiencia. Además, se observó un aumento en la necesidad de generación renovable, especialmente eólica marina, para compensar la reducción de capacidad térmica en zonas con escasez de agua. Esta redistribución tecnológica no solo afecta la planificación energética, sino también la infraestructura de redes eléctricas, que deberá adaptarse a nuevas ubicaciones y flujos de energía. La producción de hidrógeno también se ve influenciada por la disponibilidad de agua. Aunque el impacto general es moderado, en escenarios con restricciones severas se evidenció una ligera disminución en la producción, especialmente en tecnologías como la reforma con captura de carbono. En estos casos, se incrementa el uso de tecnologías nucleares con cogeneración, siempre que se permita el uso de refrigeración por aire. Esta flexibilidad tecnológica permite mantener la producción de hidrógeno y calor en zonas urbanas densas como Londres, donde el acceso al agua es limitado.
En cuanto a la calefacción urbana, se proyecta una expansión significativa de las redes de calor hacia 2050. La fuente de energía para estas redes varía según la disponibilidad hídrica. Cuando el acceso al agua es amplio, se favorece la cogeneración nuclear; en cambio, en escenarios más restringidos, se recurre a bombas de calor de gran escala. Esta elección tecnológica tiene implicaciones directas sobre las redes eléctricas, puesto que las bombas de calor aumentan la demanda eléctrica, especialmente en zonas como Londres, Escocia e Irlanda del Norte. Desde la perspectiva de las redes, la reubicación de generación térmica hacia la costa plantea desafíos operativos. La concentración de generación síncrona en zonas costeras puede alterar la distribución de inercia en la red, dificultando la estabilidad del sistema ante perturbaciones. Además, se identifican posibles impactos en los niveles de cortocircuito y en el control de voltaje, especialmente en regiones interiores que ya presentan baja inercia. Estas transformaciones requerirán inversiones en refuerzo de redes y tecnologías de mitigación como condensadores síncronos.
A pesar de estos desafíos, el sistema energético mostró capacidad de adaptación en todos los escenarios modelados. Incluso bajo condiciones de estrés simultáneo (baja disponibilidad de agua y alta demanda energética), se logró satisfacer la demanda mediante ajustes tecnológicos y geográficos. No obstante, estas adaptaciones conllevan un aumento en los costos del sistema, aunque relativamente moderado. La mayor parte de este incremento se atribuye a la necesidad de desplegar tecnologías más costosas o de menor eficiencia, como la refrigeración por aire o la generación renovable adicional. Del mismo modo, se identificaron oportunidades de innovación para mitigar los riesgos asociados. Entre ellas destacan el uso eficiente del calor residual para calefacción urbana, el desarrollo de sistemas de enfriamiento avanzados y la integración de planes conjuntos de gestión de agua y energía. Estas soluciones podrían reducir tanto el consumo de agua como los impactos ambientales, al tiempo que mejoran la eficiencia del sistema. En definitiva, la planificación energética futura debe incorporar de forma explícita las restricciones hídricas. Ignorar esta interdependencia podría comprometer la viabilidad técnica y económica de los sistemas energéticos bajos en carbono. Por tanto, se requiere una visión integrada que considere tanto la disponibilidad de recursos como las implicaciones en redes, costos y sostenibilidad ambiental.
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Impacts of water constraints on the UK’s energy system