La transformación propuesta para las terminales de GNL parte de una realidad dual. Por un lado, Europa reforzó con rapidez su infraestructura de importación para responder a tensiones geopolíticas y diversificar suministros. A inicios de 2025 la capacidad de regasificación de la UE alcanzó 243 bcm, con 13 Estados miembros operando terminales, y entre 2022 y 2024 se añadieron 68 bcm de nueva capacidad, impulsados especialmente por Alemania, Grecia y Bélgica. Por otro, la transición energética obliga a que esa infraestructura no quede restringida al gas fósil. En 2024 el GNL representó cerca de 40% del suministro total de gas de la Unión, frente a 23% en 2020, mientras las importaciones llegaron a 112 bcm, aun con una caída interanual de 17%. Esa combinación sitúa a las terminales en una posición estratégica: Siguen siendo activos de seguridad de suministro, pero al mismo tiempo deben evolucionar para integrarse a un sistema energético progresivamente descarbonizado.
La adaptación tecnológica se articula alrededor de varias rutas. Entre ellas se incluyen bioLNG, metano sintético, hidrógeno y sus derivados, además de esquemas vinculados a captura, uso y almacenamiento de carbono. Una de las ventajas operativas mejor valoradas es que ciertos combustibles de transición o de menor huella pueden aprovechar parte de la infraestructura existente con ajustes relativamente acotados. El análisis destaca que el gas sigue aportando una cualidad difícil de reemplazar en el corto plazo: capacidad de almacenamiento a gran escala y por largos periodos, útil para acoplar los sistemas de gas y electricidad en un entorno con renovables variables. De allí que la descarbonización de terminales no se vincule solo con el sector gasista. También se relaciona con el soporte al sistema eléctrico mediante rutas power-to-gas y gas-to-power, donde excedentes eléctricos pueden convertirse en gas almacenable y volver a transformarse en electricidad cuando la demanda o la escasez de renovables lo requieran.
El panorama real de proyectos muestra que la transición no se está moviendo de forma uniforme entre tecnologías. Una parte importante de las iniciativas anunciadas en Europa corresponde a nuevas terminales de importación y exportación para moléculas con alto contenido de hidrógeno, principalmente amoníaco verde o bajo en carbono, muchas veces asociadas a futuras unidades de cracking para producir hidrógeno e inyectarlo a red. También aparecen proyectos de importación de bioLNG a través de terminales de regasificación existentes y esquemas de certificación bajo la directiva renovable. Otra línea de avance es la reutilización de infraestructura de terminales de GNL ya construidas, incluyendo muelles, brazos de descarga, infraestructura superficial, energía criogénica y ductos de transporte, especialmente para procesos de licuefacción, almacenamiento temporal y exportación de CO2. Frente a esto, las iniciativas de hidrógeno líquido puro o de LOHC siguen siendo muy poco frecuentes. El movimiento real del mercado apunta más a soluciones que aprovechan sinergias con activos existentes que a una sustitución completa e inmediata de la infraestructura.
Las restricciones identificadas son amplias y explican por qué la adaptación avanza caso por caso. Se mencionan vacíos regulatorios, diferencias en permisos entre países, límites tecnológicos, dificultades de financiamiento, preocupaciones sociales y cadenas de suministro todavía inmaduras. También persisten incertidumbres sobre demanda futura de GNL. Para 2030, la diferencia entre los escenarios europeos de descarbonización podría alcanzar 90 bcm: bajo Fit for 55 la demanda de GNL podría subir a 138 bcm, mientras REPowerEU la proyecta en 48 bcm. Esa dispersión complica decisiones de inversión y refuerza la necesidad de terminales flexibles y de arreglos contractuales adaptativos. En el plano regulatorio, las terminales de hidrógeno y amoníaco orientadas a producir hidrógeno quedan dentro de reglas de acceso de terceros negociado, con posibles exenciones, mientras los usos de amoníaco no vinculados a hidrógeno, los LOHC y las terminales de CO2 quedan fuera de ese alcance. Además, se plantea que los ingresos derivados de reutilizar infraestructura de GNL en actividades no reguladas deberían contribuir a reducir costos para los usuarios tradicionales.
Para leer más ingrese a:
https://www.ceer.eu/publication/lng-terminals-a-new-role-in-the-framework-of-decarbonisation/
https://www.ceer.eu/wp-content/uploads/2026/02/Report-on-LNG-terminals-decarbonisation-1.pdf