Los resultados de la prueba PISA 2025 confirman una brecha educativa persistente y, en varios frentes, creciente entre América Latina y el Caribe y los países de la OCDE. Según esta nota elaborada por el BID, más de la mitad de los estudiantes de la región (57%) no alcanza el nivel básico de competencias en ciencias, frente a apenas 26% en la OCDE. Las cifras en lectura (59% con bajo desempeño) y matemáticas (76%) resultan todavía más preocupantes, y superan ampliamente los promedios de 31% y 35%, respectivamente, registrados en los países de ingresos altos que integran la organización. Dentro de la región, Uruguay y Chile destacan con las proporciones más bajas de estudiantes con bajo desempeño, mientras que Guatemala, Paraguay y República Dominicana concentran las cifras más críticas, con hasta nueve de cada diez estudiantes sin competencias básicas en matemáticas.
Un hallazgo central del documento es que el bajo desempeño rara vez se limita a un solo dominio. Ocho de cada diez estudiantes de la región presentan resultados insuficientes en al menos una de las tres áreas evaluadas (ciencias, lectura y matemáticas), y la mitad no logra competencias básicas en ninguna de ellas, frente a apenas 20% en la OCDE. En países como República Dominicana, Paraguay y Guatemala, siete de cada diez estudiantes se encuentran en esta situación de bajo desempeño generalizado. Al considerar también a los jóvenes que están fuera del sistema educativo o que cursan grados muy tempranos, y que por tanto no participan en la prueba, la proporción regional con carencias en al menos un dominio se eleva de 78% a 83%, lo que sugiere que las cifras oficiales podrían incluso subestimar la magnitud del problema.
La desigualdad socioeconómica atraviesa transversalmente estos resultados. Mientras que en Chile y Uruguay la brecha entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos se mantiene relativamente acotada, en Paraguay y Guatemala la situación de los estudiantes de menores recursos resulta crítica, con nueve de cada diez sin competencias básicas en ciencias. Llama la atención que, en varios países de la región, el bajo desempeño entre los estudiantes más favorecidos supera incluso el registrado entre los estudiantes más desfavorecidos de la OCDE, lo que evidencia que las carencias educativas no se explican únicamente por el nivel socioeconómico, sino también por debilidades estructurales de los sistemas educativos nacionales. La resiliencia académica, es decir, la capacidad de estudiantes desfavorecidos de ubicarse entre los de mejor desempeño de su país, se mantiene en niveles similares a los de la OCDE (11% frente a 12%), lo que sugiere que, aunque limitado, existe margen para revertir estas trayectorias con las intervenciones adecuadas.
El documento incorpora, además, una dimensión poco explorada hasta ahora: la resolución de problemas computacionales y el compromiso con el aprendizaje como parte de la definición de un estudiante verdaderamente competente. Bajo este criterio ampliado, solo 17% de los estudiantes de la región alcanza competencias básicas en los cuatro dominios evaluados, y al integrar también el compromiso con el aprendizaje, la cifra de estudiantes plenamente competentes en América Latina cae a apenas 7%, menos de la mitad del 14% registrado en la OCDE. Para profesionales del sector energético colombiano, aunque el estudio no aborda directamente temas de energía, sus hallazgos resultan relevantes para dimensionar el reto de formar el talento técnico y digital que la transición energética y la incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial demandarán en los próximos años, particularmente en países de la región con las brechas más amplias en competencias matemáticas y de resolución de problemas.
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