TRANSATLANTIC COOPERATION ON AI AND NATIONAL SECURITY

La discusión se centra en cómo la inteligencia artificial está reconfigurando la relación entre seguridad nacional, política industrial y cooperación transatlántica. El punto de partida es que los vínculos entre IA y seguridad nacional se han convertido en un test decisivo para medir la fortaleza de la relación entre Europa y Estados Unidos. Los controles de exportación estadounidenses sobre chips y tecnologías de IA, aunque dirigidos principalmente a contener a China, tienen efectos directos sobre la capacidad europea para innovar, fortalecer competitividad y sostener su soberanía digital. Bajo este marco, la preocupación no se limita a restricciones comerciales puntuales. También abarca el riesgo de que la política europea de IA termine condicionada por decisiones externas, dentro de una lógica de “interdependencia gestionada” donde predomina la asimetría de poder y la coordinación estratégica es débil.

 

El contenido identifica tres barreras principales para una cooperación más sólida. La primera es la imprevisibilidad de la política de Estados Unidos frente a China y frente a los controles de exportación. Se señala que dentro de la propia administración estadounidense no siempre es claro si estos controles responden prioritariamente a seguridad nacional, política industrial o generación de ingresos, y que esa ambigüedad eleva la incertidumbre europea. La segunda barrera es la falta de una posición europea unificada respecto de China. Mientras Washington adopta una postura más explícita al tratar a China como amenaza, en Europa persisten diferencias entre Estados miembros. La tercera barrera es la limitada consideración de los intereses europeos dentro de las prioridades estadounidenses. El análisis sostiene que Washington tiende a ver a sus aliados más como destinos de exportación que como socios con intereses propios que deban ser protegidos y beneficiados por la cooperación.

 

La parte más concreta del análisis aparece al revisar la evolución reciente de la política estadounidense. Se recuerda que durante la administración Biden ya existían tensiones por controles a semiconductores, presión sobre exportaciones europeas de equipos avanzados y medidas industriales como el Chips and Science Act y el Inflation Reduction Act, criticadas por aliados por falta de consulta previa. Posteriormente, la llamada “AI diffusion rule” profundizó la preocupación europea al establecer un tratamiento diferenciado entre países aliados, imponiendo restricciones más severas a algunos Estados miembros de la Unión Europea que a otros, con posibles efectos sobre el mercado único y la libre circulación de bienes y servicios vinculados con IA. Bajo la segunda administración Trump, la orientación volvió a cambiar varias veces. Primero se revocó esa regla, luego se reforzaron controles sobre China y después se promovió una agenda más favorable a las exportaciones de tecnología estadounidense. A esto se añadió la iniciativa Pax Silica, en la que la Unión Europea no participa como bloque, aunque Suecia y Grecia sí se sumaron. Todo esto refuerza la percepción de volatilidad regulatoria y de dificultad para planificar una agenda transatlántica estable sobre IA y seguridad.

 

Frente a ese entorno, la propuesta no apuesta por un gran acuerdo estratégico inmediato, porque lo considera poco viable en el contexto actual. En cambio, plantea una cooperación más pragmática y gradual. Entre las medidas sugeridas se incluyen un diálogo político regular, estructurado o informal, para evitar sorpresas y mejorar comprensión mutua; ejercicios conjuntos de planeación de escenarios y evaluación de riesgos para identificar amenazas en IA, herramientas de política y posibles represalias; y una colaboración más estrecha entre sector público y privado para que las decisiones respondan mejor a capacidades y riesgos reales. También se subraya que conviene avanzar en áreas donde los intereses europeos y estadounidenses estén más alineados. El ejemplo principal son los chips legacy, donde ambas partes tienen fabricantes y consumidores relevantes y podrían coordinarse para evitar que China inunde el mercado global, desplace proveedores no chinos y cree nuevas dependencias. Incluso se propone como paso práctico la creación de un pequeño grupo informal de coordinación UE-Estados Unidos sobre controles de exportación de IA, centrado en intercambio de información, monitoreo de riesgos como desvío de chips y alineación de enfoques de enforcement en sectores específicos.

Para leer más ingrese a:

https://cerre.eu/publications/transatlantic-cooperation-on-ai-and-national-security/

https://cerre.eu/wp-content/uploads/2026/04/CERRE_Transatlantic-cooperation-on-AI-and-national-security.pdf

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