Work-Study Programs Improve Young Women’s Long-Term Labor Market Outcomes

La transición de la escuela al trabajo constituye un período determinante para las trayectorias laborales de largo plazo, y en América Latina y el Caribe esa transición resulta especialmente accidentada: cerca de una de cada cinco personas jóvenes se encuentra fuera del sistema educativo, del empleo y de la formación. Dentro de ese panorama, las mujeres jóvenes enfrentan barreras adicionales a las de los hombres, con mayor probabilidad de permanecer fuera tanto de la escuela como del trabajo y, cuando logran emplearse, de hacerlo en condiciones de menor calidad, menor salario y mayor informalidad. Este policy brief del Banco Mundial, elaborado por el Gender Innovation Lab para América Latina y el Caribe, examina si los programas de trabajo y estudio combinados pueden revertir esa desventaja, apoyándose en evidencia experimental novedosa sobre el programa uruguayo Yo Estudio y Trabajo (YET).

 

El programa YET ofrece a jóvenes de entre 16 y 20 años su primera experiencia laboral formal, mediante empleos de medio tiempo en empresas estatales compatibles con la jornada escolar, con la condición de permanecer matriculados en una institución educativa durante su participación. La asignación de cupos se realiza mediante un sorteo, lo que permite a los investigadores construir una evaluación de impacto rigurosa comparando a quienes resultaron beneficiados con quienes no fueron seleccionados, usando registros administrativos de seguridad social de más de 90.000 postulantes de las primeras tres ediciones del programa, seguidos durante hasta siete años después de su participación.

 

Los resultados muestran que los efectos positivos del programa no solo persisten sino que se amplían con el tiempo: en los años tres a siete posteriores a la participación, los beneficiarios ganan entre 10% y 13% más que personas comparables que no participaron. Sin embargo, esa ganancia promedio esconde una divergencia importante entre géneros: los hombres experimentan un incremento de ingresos cercano al 17%, frente a un 8% para las mujeres, una brecha que no resultaba estadísticamente significativa a los dos años de finalizado el programa y que solo se hace visible con un seguimiento de mayor plazo. El análisis descarta que esa diferencia se explique por el empleo o las horas trabajadas, que resultan muy similares entre hombres y mujeres; el origen de la brecha está más bien en los salarios formales, que crecen 11% para los hombres frente a 4% para las mujeres.

El hallazgo más revelador surge al examinar el papel de los sectores económicos. La brecha se concentra específicamente en el sector de manufactura y energía, donde los hombres obtienen ganancias salariales significativas y las mujeres no, pese a que el programa incrementa la entrada de ambos géneros a ese sector prácticamente en la misma proporción. Es decir, la diferencia no proviene de que el programa canalice a hombres y mujeres hacia sectores distintos, sino de una dinámica dentro del propio sector manufacturero (probablemente vinculada a la progresión de carrera, el acceso a empresas mejor pagadoras o la promoción interna) que favorece de manera desproporcionada a los hombres una vez colocados en esos empleos. El estudio también descarta que la brecha derive de diferencias en los años de escolaridad alcanzados, que resultan similares entre hombres y mujeres tras el programa.

 

A partir de estos hallazgos, el documento plantea que los programas de trabajo y estudio son una herramienta efectiva y replicable para mejorar los resultados laborales de la juventud, pero insuficiente por sí sola para cerrar las brechas de género persistentes. Entre las recomendaciones complementarias propuestas destacan el acompañamiento y la orientación de carrera enfocados en el período posterior a la finalización del programa, cuando surge la brecha; políticas que respalden la intensidad laboral remunerada de las mujeres, como el acceso a servicios de cuidado infantil asequibles y de calidad y licencias parentales que involucren de forma más equitativa a los padres; medidas de transparencia salarial y cumplimiento de la igualdad de remuneración, como la ley brasileña de transparencia salarial de 2023; y sistemas de monitoreo de largo plazo que desagreguen los resultados por género, dado que la brecha detectada en este estudio solo se hizo visible después de varios años de seguimiento. 

Para leer más ingrese a:

https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/44f45ab7-9021-4bdd-9c2d-1f99cd81f409/content

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