Understanding Transport Resilience: Assessment Approaches and Tools

El transporte terrestre constituye una base esencial para el desarrollo económico y social, pues conecta comunidades con mercados, servicios de salud, educación y oportunidades laborales. Sin embargo, las redes viales enfrentan crecientes presiones derivadas del envejecimiento de la infraestructura, el mantenimiento insuficiente y la intensificación de fenómenos climáticos extremos. Frente a este panorama, se vuelve indispensable orientar los recursos hacia los tramos más vulnerables y garantizar que las inversiones respondan a criterios de resiliencia. En las últimas décadas, los enfoques de análisis de riesgos en carreteras han evolucionado. Inicialmente se limitaban a identificar la exposición física y los daños directos, lo que ofrecía una visión parcial. Posteriormente, se ha reconocido que la resiliencia es multidimensional y debe abarcar tres niveles: El activo, el sistema y el usuario. En el primero se evalúa la vulnerabilidad de segmentos específicos; en el segundo se consideran las interrupciones de la red y la pérdida de conectividad; en el tercero se analizan los impactos sobre las personas y los servicios esenciales. Esta ampliación de la mirada permite comprender mejor las consecuencias de los desastres y planificar medidas más efectivas.

El análisis de más de cincuenta estudios de transporte muestra que existe una secuencia común de pasos: mapear la exposición, evaluar la vulnerabilidad de los activos, analizar la criticidad del sistema, identificar medidas de resiliencia y priorizar intervenciones mediante análisis económico. No todos los estudios aplican la secuencia completa, pero la práctica ha demostrado que puede adaptarse a distintos contextos según la disponibilidad de datos y capacidades institucionales. En este marco, han surgido herramientas que facilitan evaluaciones más rápidas y económicas. El Índice Global de Resiliencia (GRI), desarrollado con datos abiertos, permite realizar diagnósticos de vulnerabilidad en países con recursos limitados. Su aplicación en lugares como la República Kirguisa y Nigeria ha demostrado que es posible identificar segmentos prioritarios y apoyar diálogos de política pública sin necesidad de grandes inversiones en información. Por otro lado, el modelo HARMA (Hazard & Risk Multi-Regional Assessment), diseñado por equipos técnicos, ofrece un análisis más profundo al integrar datos de tráfico, matrices origen-destino y estimaciones económicas de pérdidas. Este enfoque resulta útil cuando se requiere justificar inversiones y comparar opciones de adaptación mediante métricas de costo-beneficio.

La elección entre ambos modelos depende de los objetivos de decisión, la disponibilidad de datos y el nivel de detalle requerido. Mientras el GRI se adapta a diagnósticos rápidos y transparentes, el HARMA se orienta a evaluaciones de proyectos con resultados listos para procesos de inversión. Además, se recomienda un enfoque escalonado: comenzar con diagnósticos amplios y luego profundizar con herramientas más complejas a medida que se disponga de información adicional. Los estudios de caso ilustran cómo estas metodologías se aplican en la práctica. En Brasil, la resiliencia se incorpora directamente en la implementación mediante planes de gestión de riesgos climáticos que influyen en contratos de mantenimiento y procesos de licitación. En Malawi, se realizaron diagnósticos detallados en sitios específicos para diseñar intervenciones de ingeniería adaptadas a las condiciones locales, lo que demuestra el valor de combinar análisis de red con estudios de campo.

La evidencia acumulada indica que el análisis de resiliencia en transporte ha dejado de ser un ejercicio experimental y se ha convertido en una base viable para orientar inversiones y fortalecer la gestión de activos. Para consolidar este avance, es necesario promover la consistencia metodológica, ampliar el uso de herramientas abiertas y reforzar los sistemas nacionales de datos. Asimismo, resulta fundamental integrar la resiliencia en estándares de diseño, procesos de contratación y sistemas de mantenimiento, de modo que los resultados analíticos se traduzcan en acciones concretas. La planificación vial bajo criterios de riesgo y resiliencia no solo protege la infraestructura frente a fenómenos climáticos, sino que también asegura la continuidad de servicios esenciales y la estabilidad económica. La combinación de metodologías flexibles, herramientas accesibles y experiencias prácticas demuestra que es posible avanzar hacia redes de transporte más seguras y sostenibles, incluso en contextos con recursos limitados.

Para leer más ingrese a:

https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/b5fa3caa-9e53-416e-bf88-e082e8927dec

https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/5cac6e0a-b870-4901-9370-b3e0026f0293/content

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