El sector de edificaciones en China representa aproximadamente el 20% del consumo final total de energía del país, con una demanda que creció a una tasa promedio de casi el 3% anual entre 2010 y 2023. Este crecimiento ha estado impulsado por transformaciones demográficas profundas: la tasa de urbanización pasó del 37,7% en 2001 al 66,2% en 2023, lo que desencadenó una expansión masiva del parque edificado urbano y, con ello, una mayor demanda de servicios energéticos como calefacción, refrigeración y electrodomésticos. A pesar de que China logró una reducción promedio anual de la intensidad energética primaria de casi el 4% entre 2010 y 2019, el sector edificios ha avanzado más lentamente que la industria. No obstante, el país ha consolidado avances notables en electrificación: en 2024, la electricidad representó el 47% del consumo energético en edificaciones, frente al 22% registrado en 2010, una tasa de electrificación aproximadamente cinco veces superior al promedio global. Paralelamente, el uso de combustibles sólidos, principalmente carbón, cayó del 52% al 13% en el mismo período, lo que tiene implicaciones directas para la reducción de emisiones y la calidad del aire.
La base regulatoria sobre la que China ha construido sus avances en eficiencia energética en edificios es extensa y ha evolucionado durante décadas. Los primeros códigos residenciales datan de 1986, y desde 2005 los códigos de construcción son de cumplimiento obligatorio para todos los tipos de edificios. El código más reciente, GB 55015-2021, incorpora no solo requisitos de materiales y proceso constructivo, sino también gestión operacional postconstrucción y divulgación de consumos energéticos y emisiones de carbono. A estos códigos se suman los estándares mínimos de desempeño energético (MEPS, por sus siglas en inglés), que cubren más de 40 electrodomésticos y componentes industriales, así como la Etiqueta de Energía de China, con la que el país fue pionero en integrar un código QR para informar a los consumidores sobre consumo, reparación y reciclaje de productos. Programas de modernización también han tenido alcance considerable: al cierre de 2015, más de 990 millones de metros cuadrados de edificios residenciales en zonas de calefacción del norte habían sido objeto de reformas de eficiencia energética, con ahorros estimados en aproximadamente 0,2 exajulios anuales. Sin embargo, el andamiaje regulatorio existente todavía presenta vacíos, entre ellos la ausencia de estándares mínimos de desempeño de alcance nacional para edificios existentes que no realicen reformas mayores, lo que limita el alcance de las mejoras sobre el parque edificado más antiguo.
Frente a ese vacío, existe un potencial técnico considerable para avanzar. Estimaciones basadas en la herramienta de análisis de la Agencia Internacional de Energía (AIE) indican que si se implementaran simultáneamente todas las medidas de retrofitting de mayor rendimiento disponibles en el mercado, el consumo energético del parque urbano residencial, público y comercial construido entre 1995 y 2010 podría reducirse hasta en un 65%, equivalente a aproximadamente 8.000 petajulios, cifra que supera en un 50% el consumo final total de Francia en 2023. Las mejoras en sistemas de calefacción y en sistemas HVAC (calefacción, ventilación y aire acondicionado) concentran el mayor potencial de ahorro, con reducciones del 39% y el 53% respectivamente. Aprovechar este potencial requiere, sin embargo, ir más allá de los incentivos existentes y articular un conjunto de políticas que combine regulación, información e incentivos financieros. Entre las oportunidades más concretas se encuentran la ampliación obligatoria de los certificados de desempeño energético a todos los tipos de edificios, el desarrollo de planes maestros de modernización a escala provincial y municipal, la introducción de financiamiento vinculado al desempeño energético verificado, la expansión de los sistemas de gestión energética en edificios (BEMS), y la integración de proyectos de modernización en el mercado nacional de carbono (ETS) para que los propietarios puedan monetizar las reducciones de emisiones certificadas.
Todo lo anterior converge hacia un escenario en el que la eficiencia energética en edificaciones deja de ser un objetivo sectorial aislado para convertirse en un eje articulador de las metas climáticas más amplias de China: alcanzar el pico de emisiones de carbono antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060. Dados el peso del sector en el consumo total de energía del país y la desaceleración prevista en la construcción de nuevos edificios, las próximas décadas estarán marcadas por la necesidad de transformar el parque existente. El desafío no es solo técnico o financiero, sino también de gobernanza: coordinar a propietarios, comités de vecinos, empresas administradoras, gobiernos locales y entidades financieras en torno a objetivos comunes de largo plazo será tan determinante como el propio desarrollo tecnológico.
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