La transición energética mundial ha alcanzado una coyuntura crítica, en la que el despliegue de tecnologías como el hidrógeno verde, el almacenamiento de energía y la energía eólica marina debe ampliarse rápidamente; sin embargo, el aumento de los tipos de interés está incrementando el costo del capital para la financiación de proyectos, lo que pone de relieve la profunda importancia de la financiación de bajo costo para el éxito de la transición. En la última década, el mundo ha sido testigo de la aceleración del desarrollo y el despliegue de las tecnologías solar fotovoltaica (FV) y eólica terrestre, cuyos costos asociados han disminuido drásticamente (un 88% en el caso de la FV solar a escala comercial y un 68% en el de la eólica terrestre). Si bien el apoyo político sostenido, la continua maduración e innovación tecnológica, los nuevos modelos de negocio y la capacidad de fabricación a lo largo de las cadenas de suministro han contribuido a este logro, el costo del capital ha desempeñado un papel integral en la creciente competitividad de la energía solar fotovoltaica y la eólica terrestre. Según las Perspectivas de la Transición Energética Mundial de IRENA, en 2050 se necesitarán 150 billones de dólares en inversiones acumuladas para ampliar la generación de energía renovable, electrificar los sectores de uso final y desplegar las tecnologías necesarias para cumplir el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París. Los recursos financieros asignados por el sector público para apoyar la transición son intrínsecamente limitados, y gran parte de la inversión global necesaria tendrá que ser movilizada desde el sector privado, incluidas las instituciones financieras nacionales e internacionales. La participación activa del sector privado en el camino hacia la energía neta cero es, por tanto, vital, sobre todo a la hora de proporcionar capital a bajo costo para financiar proyectos de transición energética en un momento de endurecimiento de la política monetaria.
El mundo se ha enfrentado a múltiples retos en los últimos años, como las consecuencias económicas de la pandemia del COVID-19, los problemas de la cadena de suministro mundial, la actual crisis energética, la ralentización del crecimiento económico y la elevada inflación. Al mismo tiempo, el alcance del cambio climático global se ha hecho cada vez más evidente y las pruebas científicas abrumadoras. Olas de calor sin precedentes en Europa, inundaciones generalizadas en Asia, incendios forestales en Norteamérica y la peor sequía registrada en el Cuerno de África son sólo algunos de los recientes fenómenos meteorológicos extremos que se han relacionado con el cambio climático. También ha habido avances, concretamente en la transición energética. Tal y como se destaca en el informe, los compromisos financieros mundiales para la inversión en la transición energética alcanzaron los 1,3 billones de dólares en 2022, una cifra récord. Aun así, el ritmo actual de inversión sigue siendo insuficiente para que el mundo esté en condiciones de cumplir los objetivos climáticos y de desarrollo socioeconómico de la mayoría de los países, o los compromisos contraídos en virtud del Acuerdo de París. Por lo tanto, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos reconocen cada vez más la necesidad de adoptar medidas urgentes para acelerar la transición energética hacia un futuro neto cero. También son conscientes de que hacerlo proporcionaría oportunidades económicas en términos de empleo, desarrollo local e innovación tecnológica, con beneficios para las sociedades, la humanidad y la naturaleza.
Este informe, ofrece valiosos datos sobre el acceso a financiación de bajo costo para la transición energética y el despliegue de tecnologías críticas en particular. Las recomendaciones de este informe sientan las bases de una caja de herramientas para mejorar la colaboración entre las partes interesadas, con el objetivo de financiar proyectos de transición energética con capital de bajo costo en los países del G20 y más allá. La financiación de la lucha contra el cambio climático, el desarrollo ecológico y un estilo de vida respetuoso con el medio ambiente (LiFE) son algunas de las prioridades clave del Grupo de los Veinte (G20). Un componente central de estas prioridades es el objetivo de avanzar en el progreso de una transición energética justa facilitando el acceso a la financiación y las tecnologías climáticas en los países en desarrollo. El informe destaca la importancia de la colaboración entre los sectores público y privado, así como la necesidad de fortalecer las capacidades institucionales y mejorar la transparencia en el sector financiero para fomentar la inversión en energía renovable. En general, el informe enfatiza la importancia del financiamiento de bajo costo y las estrategias financieras innovadoras como elementos clave para acelerar la transición hacia un sistema energético más sostenible y resiliente. Proporciona recomendaciones y orientación para los responsables de la formulación de políticas, los inversores y otros actores relevantes para promover un mayor flujo de capital hacia la energía renovable.
Para leer más ingrese a:
https://www.irena.org/Publications/2023/May/Low-cost-finance-for-the-energy-transition









