El informe Assessing Electricity System Flexibility Needs in the European Union, elaborado por David Pozo Camara y Jelena Landeka para el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea y publicado en 2026, ofrece una guía práctica dirigida a reguladores, operadores de sistema y analistas de política energética que deben implementar la metodología de Evaluación de Necesidades de Flexibilidad (FNA), aprobada por la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de Energía (ACER) como Anexo I de su Decisión N.º 05/2025, del 25 de julio de ese año. Esta metodología nace del artículo 19e del Reglamento (UE) 2019/943, incorporado por la reforma del diseño del mercado eléctrico (Reglamento UE 2024/1747), que exige a cada Estado miembro fijar objetivos nacionales indicativos de flexibilidad no fósil cada dos años, con un horizonte de al menos cinco a diez años, como base técnica para eventuales esquemas de apoyo bajo el artículo 19f.
El documento se concentra en los indicadores de necesidades a nivel de sistema -dejando de lado, aunque los menciona, los indicadros de red de los artículos 11 a 14- y organiza su explicación en dos partes. La primera describe la lógica metodológica: el artículo 7 establece la ruta de datos común, ya sea reutilizando los resultados de despacho económico de las evaluaciones europeas de adecuación de recursos (ERAA) o de sus versiones nacionales (NRAA), ya sea mediante una simulación de despacho dedicada; el artículo 9 mide de forma determinística si el sistema puede seguir las rampas esperadas de carga residual; el artículo 10 evalúa, de forma probabilística, si existe suficiente margen para absorber errores de pronóstico entre el día previo y el tiempo real; y el artículo 8 determina si el vertimiento de energía renovable resultante es compatible con la meta nacional de integración renovable, incorporando sin doble conteo las necesidades descendentes no cubiertas identificadas en los artículos 9 y 10.
La segunda parte desarrolla un caso práctico completo para una zona de oferta ficticia denominada Zonia, con una semana de datos horarios, un escenario climático y un despacho simplificado. El ejercicio muestra que, aunque el potencial renovable semanal de Zonia (566,2 GWh) supera la meta del 65% de la demanda, un vertimiento base de 36,47 GWh sumado a un vertimiento adicional de 7,37 GWh derivado de brechas de rampa y de respuesta a corto plazo deja la participación renovable efectiva en 61,45%, muy por debajo del objetivo. A partir de esa brecha de 30,14 GWh semanales, el informe realiza un análisis de sensibilidad de almacenamiento por duración -de 2 a 200 horas- que calcula la capacidad mínima de potencia y energía necesaria para cerrar la brecha, mostrando por ejemplo que una batería de 2 horas requeriría 3,1 GW y 6,3 GWh, mientras que una de 20 horas necesitaría solo 0,96 GW y 19,2 GWh. El valor de este informe para el sector de redes inteligentes radica en que traduce un marco regulatorio europeo de alta complejidad técnica en una secuencia de cálculo replicable, con fórmulas explícitas, figuras y tablas que permiten a cualquier operador o regulador reproducir la lógica sin necesidad de interpretar directamente el texto normativo de ACER.
Para reguladores latinoamericanos y colombianos que enfrentan procesos similares de integración creciente de renovables variables, el documento entrega una metodología técnicamente neutral -sin favorecer una tecnología de flexibilidad en particular- para cuantificar necesidades de rampa, de reserva de corto plazo y de almacenamiento, y para dimensionar esquemas de apoyo o mecanismos de mercado que remuneren específicamente la flexibilidad no fósil. Su enfoque pedagógico, centrado en un caso simplificado pero completo, lo convierte en un material de referencia útil para programas de capacitación técnica y para el diseño de estudios propios de necesidades de flexibilidad en sistemas eléctricos con alta penetración renovable.
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