La transformación urbana en ciudades intermedias de Kenia y Mozambique se produce en un escenario de crecimiento demográfico acelerado, expansión territorial intensa y sistemas institucionales aún en formación. En este contexto, las decisiones actuales sobre transporte, uso del suelo y gobernanza configuran trayectorias de largo plazo que influyen directamente en las emisiones, la equidad social y la calidad de vida. Aunque ambos países presentan niveles reducidos de emisiones globales, los costos locales de los sistemas intensivos en carbono (congestión, contaminación atmosférica, ineficiencia energética y desigualdad espacial), condicionan de manera profunda el bienestar urbano y la resiliencia futura.
El aumento sostenido de la movilidad motorizada acompaña el crecimiento económico y urbano. En Kenia, las emisiones del sector transporte se triplicaron en dos décadas, mientras que en Mozambique se cuadruplicaron. A la vez, la motorización privada y el auge de motocicletas se consolidan incluso en escenarios de inestabilidad económica, reforzando patrones de desplazamiento dependientes del automóvil y de servicios informales. Esta dinámica se ve amplificada por la expansión física de las ciudades: hacia 2050, el área urbanizada de Kenia casi se duplicará y la de Mozambique se triplicará, lo que incrementa distancias, costos de provisión de servicios y presiones ambientales. Sin embargo, la urbanización no representa por sí misma una amenaza. Cuando se gestiona de manera planificada, con densidades adecuadas, movilidad sostenible y espacios públicos seguros, genera beneficios ambientales y sociales. El problema surge cuando el crecimiento se produce sin coordinación institucional ni visión territorial, situación frecuente en las ciudades intermedias analizadas. De allí emerge un círculo de dependencia motorizada, congestión creciente y emisiones en ascenso, acompañado de fragmentación espacial y acceso desigual a oportunidades.
Frente a estas tendencias, el enfoque de pensamiento sistémico permite comprender las raíces estructurales de los problemas urbanos. En lugar de reaccionar ante síntomas visibles, esta perspectiva examina las interacciones entre infraestructuras, normas, comportamientos y decisiones de inversión. Mediante ejercicios participativos y herramientas de análisis sistémico, las ciudades de Nakuru, Kiambu, Beira y Quelimane construyeron visiones de futuro hacia 2050 centradas en accesibilidad, transporte público eficiente, movilidad activa, espacios públicos inclusivos y entornos urbanos saludables. Estas visiones, sorprendentemente similares entre contextos distintos, revelan aspiraciones compartidas de bienestar y sostenibilidad. El contraste entre esas aspiraciones y las trayectorias actuales expone dinámicas preocupantes. En Kenia, la expansión vial destinada a aliviar la congestión genera un efecto de demanda inducida que termina incrementando el tráfico. Esta situación se agrava por la proliferación de servicios de transporte informal —matatus y boda bodas— que, aunque indispensables para la movilidad cotidiana, intensifican la congestión y las emisiones. La expansión urbana dispersa, con desarrollos de baja densidad en la periferia, multiplica este efecto al aumentar las distancias entre vivienda, empleo y servicios.
En Mozambique, el legado de una planificación colonial con avenidas sobredimensionadas en Beira ha creado una ilusión temporal de fluidez vehicular. No obstante, esta condición oculta una trayectoria hacia una dependencia creciente del automóvil y de motocicletas, mientras los asentamientos informales alrededor del centro urbano restringen futuras opciones de expansión ordenada. Quelimane, por su parte, ofrece una experiencia singular: su fuerte cultura ciclista y la amplia presencia de taxi bikes han limitado el crecimiento del transporte motorizado y las emisiones. Aun así, el aumento poblacional, la expansión territorial y los riesgos climáticos amenazan este equilibrio frágil. Ante este panorama, se identifican puntos de alto impacto capaces de reorientar los sistemas urbanos. Estas áreas de transformación incluyen la redistribución del espacio vial hacia peatones, ciclistas y transporte público; el tránsito desde ciudades diseñadas para desplazamientos largos hacia ciudades organizadas en torno a la accesibilidad; la construcción de sistemas integrados de movilidad pública; y la modificación de aspiraciones sociales que hoy asocian progreso con el automóvil privado. Estas transiciones no solo reducen emisiones, sino que fortalecen cohesión social, salud urbana y resiliencia económica.
Las ciudades intermedias de Kenia y Mozambique se encuentran en una coyuntura decisiva. Las estructuras urbanas del futuro no dependerán exclusivamente del crecimiento poblacional o económico, sino del rumbo que adopten hoy las políticas públicas, las inversiones y las formas de gobernanza. La adopción de una visión sistémica ofrece una vía para construir ciudades más accesibles, equitativas y ambientalmente sostenibles, capaces de ofrecer bienestar duradero a sus habitantes.
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